Entre supuestos ataques de bots rusos que sabotean el sistema de entradas por el momento aparentemente resueltos (toquemos madera) y con el mercado y el número de acreditados en cifras cercanas a las de la época prepandemia, el Festival de Cannes vuelve a sus fechas habituales en mayo (la edición de 2020 se suspendió y la de 2021 tuvo lugar en julio), para celebrar su 75 aniversario. Una edición en la que solo en las primeras horas confluyen el cine del presente y del pasado, el cine de Hollywood y el de autor. Por un lado, se renombra una de las salas de proyección a Agnès Varda como homenaje a la directora gala, por otro se entrega la Palma honorífica a toda su carrera a Forest Whitaker, se estrena la versión restaurada en 4K del soberbio clásico La mamá y la puta de Jean Eustache o se reconoce a Tom Cruise como gran estrella de Hollywood y defensor declarado del cine en salas a la vez que se proyecta su Top Gun: Maverick.

Pero la película encargada de inaugurar oficialmente esta edición es el nuevo film del galo Michel Hazanavicius, Final Cut, remake del film japonés One Cut of The Dead de Shin’ichiro Ueda, una comedia que triunfó en festivales de cine fantástico y de terror de medio mundo hace menos de cuatro años.

Michel Hazanavicius Final Cut

Desde su éxito en la edición de 2011 con The Artist, en la que el premio al mejor actor para Jean Dujardin se convirtió en la plataforma de lanzamiento perfecta para una película que se llevaría más de 100 premios internacionales, incluidos 5 Oscar, el director francés Michel Hazanavicius se ha convertido en un habitual del Festival de Cannes. Y aunque ni The Search, el fallido drama bélico ambientado en la guerra de Chechenia, ni Mal genio, el superficial, multicolorido y resultón retrato de Jean-Luc Godard en el París de los años 60, consiguieron repetir el éxito, el director galo vuelve a la Costa Azul para abrir el festival fuera de concurso con Final Cut.

El camino del film hasta la Croisette ha estado lleno de incidentes. Su estreno mundial estaba previsto para la última edición del Festival de Sundance. Pero cuando sus organizadores decidieron celebrar una edición únicamente virtual por culpa del brote de la variante ómicron a principios de año en los Estados Unidos, sus productores decidieron retirarla. En aquella época su título era Z (comme Zombie), pero desde entonces la adopción de las tropas rusas de la última letra del alfabeto como forma de marcar sus tanques en la guerra de Ucrania, llevó a decidir un cambio de título de última de hora. De hecho, cuando Thierry Frémaux, anunció los títulos participantes en el festival hace menos de 5 semanas, lo hizo con el título original. Pero los productores del film hicieron caso a la petición de los directores de cine ucranianos y decidieron cambiar el título por Coupez! en francés o Final Cut como título internacional.

Michel Hazanavicius Final Cut

Lo peor de Final Cut es que resulta una película completamente innecesaria. Irrelevante y con muy poco que aportar. Hazanavicius traslada la acción de la planta de tratamiento de aguas abandonada de Japón a otro edificio perdido en mitad de la nada en Francia. Cine sobre cine en su subgénero ‘este rodaje es una ruina’ protagonizado por estrellas del cine galo como Romain Duris, Bérénice Bejo y Finnegan Oldfield. Y con Alexandre Desplat encargado de la banda sonora original. Pero todo lo que en la original nipona era original, fresco y en algún caso hasta ingenioso, en este remake se convierte en algo previsible, sabido y ya visto. Al menos para el espectador que ya conozca One Cut of the Dead.

La película arranca con un plano secuencia de alrededor de treinta minutos que es un despliegue de cine buscadamente cutre, chapucero y mal concebido. En este caso el remake de un exitoso programa de televisión sobre el ataque de unos zombies a un rodaje de una película de zombies. El principal atractivo del film es precisamente la forma en la que se utiliza el juego de puntos de vista y el fuera de campo para a posteriori justificar el desastre buscado en la primera media hora de película. Cambiando texturas o estilos de puesta en escena o planificación.

Michel Hazanavicius Final Cut

El problema de Final Cut es que para el espectador que conozca el original, ese juego pierde el efecto de revelación y su efectividad cómica. Hazanavicius se muestra demasiado respetuoso, demasiado fiel al original. O demasiado perezoso para buscar nuevas ideas. Y lo que en la película de Ueda funcionaba, pocas veces lo hace en Final Cut. Y tampoco logra arreglar algunos de los problemas de la original. Las situaciones demasiado a menudo resultan forzadas y condicionadas por la búsqueda del efecto cómico que no siempre se encuentran. Están el compañerismo entre los miembros del equipo del film, los egos de sus estrellas, las absurdas reglas del remake, pero el valor añadido de Hazanavicius resulta demasiado escaso. Solamente algunos momentos en los que se juega de forma hábil con la utilización de la banda sonora sirven de demostración de que esta premisa argumental podía dar más juego.

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