Con la jornada de este viernes llegábamos a un nuevo punto y final de esta edición del Festival de San Sebastián, un certamen que de nuevo ha sabido organizarse ejemplarmente en medio de una situación todavía pandémica y conseguir que el cine y la cultura no paren ni cuando las circunstancias se les pongan en contra. Y así este último día venía también cargado de elementos disonantes: los de cowboys en el árido y salvaje Oeste que no quieren serlo, princesas que no se sienten cómodas en la asfixiante vida de lujos que las ha atrapado y músicos dispuestos a nadar contracorriente para explotar sus ideas y contradicciones a través del arte.

“El poder del perro” de Jane Campion

La primera película que nos esperaba de hoy era la interpretación del western a través de la mirada de la directora neozelandesa Jane Campion. En esta adaptación de la obra homónima de Thomas Savage “The power of the dog“, Campion nos traslada a los años 20 del siglo pasado, a Montana, donde dos hermanos de caracteres diametralmente opuestos gestionan un rancho de ganado.

El poder del perro Benedict Cumberbatch Jane Campion

Phil Burbank (Benedict Cumberbatch) es terco, aparentemente más rudo, carismático y con ideas claras sobre cómo llevar el negocio familiar. George Burbank (Jesse Plemons) es más pragmático, abierto a nuevas ideas, de carácter amable y discreto. Entre los dos habían encontrado el equilibrio pero las disputas entre ellos toman una nueva dimensión cuando George se casa con Rose (Kirsten Dunst), la viuda y madre de un joven (Kodi Smit-McPhee) sensible y nada acostumbrado a la dureza de la vida de cowboy. Pero la nueva situación familiar despertará en Phil la contradicción entre la nostalgia por todo lo que le enseñó su mentor y la sorprendente conexión que desarrolla con alguien tan diferente a él como el joven Peter.

El poder del perro Jane Campion

Con esta premisa, Jane Campion lleva las claves y escenarios del western a su terreno, a un juego de emociones humanas que partiendo de las situaciones más cotidianas pueden llevar a consecuencias imprevistas. Unas contradicciones, un querer aferrarse a formas pasadas por miedo a desaparecer con ellas, que viven tanto los personajes como el entorno que les rodea y que ya está transitando de las viejas formas de hacer y comportarse a la modernidad.

Y así, para hablar de lo que se ve y sobre todo de lo más enterrado en el alma de un lugar y unas personas, Campion despliega una habilidad intacta a pesar de los 12 años transcurridos desde su último filme (Bright Star, 2009) para conjugar lo obvio con la sutileza. Lo hace moviendo hábilmente su cámara de los espacios abiertos a significativos detalles de la vida cotidiana, de las montañas y los desiertos de Montana a los objetos del hogar de los Burbank, de las promesas de lo nuevo que quiere abrirse camino a la árida resistencia de lo que rechaza agresivamente desaparecer. Una aventura en la que no le faltan aliados, empezando por el magnífico cuarteto protagonista y siguiendo por la sugerente banda sonora de Jonny Greenwood y la fotografía de Ari Wegner.

Entre todos demuestran que no necesitan grandes estridencias para construir un relato inquietante y cargado de matices en la superficie y en el fondo.

The Velvet Underground” de Todd Haynes

En el cierre de la Sección Perlas hemos podido disfrutar hoy en mayúsculas de un nuevo documental musical de Todd Haynes, en esta ocasión centrado en la banda The Velvet Underground y sus componentes.

A través del recorrido por las figuras que conformaron el grupo y entrevistas con nombres clave, pero también el retrato del entorno físico y cultural que les vio convertirse en uno de los grupos más rompedores y con identidad propia del panorama musical, Haynes logra construir una experiencia inmersiva en el cómo sonaban, cómo eran y qué significaron The Velvet Underground.

The Velvet Underground Todd Haynes

Acercar a la platea la figura de Lou Reed no es un reto fácil de abordar, cargada de talento y polémica, luces y sombras, genialidad y carácter controvertido. Pero Haynes, que ya se ha curtido en su filmografía previa en el retrato de las aristas del mundo de la música (“Velvet Goldmine” 1998, “I’m Not There” 2007) sabe pasarse a la opción del documental construyendo una rica amalgama de piezas que dotan a su película de todo el contexto, perspectivas y detalles que necesita.

Y en “Velvet Underground” no sólo vemos a Reed, también a John Cale, Maureen Tucker y Nico. Y cultura, y Andy Warhol, e ilusiones, y decisiones vitales personales que les acercaron y alejaron del grupo, y drogas y disputas y letras y música para hablar de todo y la Nueva York de los años 70. Haynes lo conjuga todo en un discurso lleno de ritmo y contrapesos que nos transporta a los qués y porqués de aquellos nombres clave de la vanguardia musical no sólo con vocación de hacernos recordar cómo sonaba sino aportarnos nuevas miradas para entenderlo mejor y al mismo tiempo rendirle homenaje casi reverencial con una apuesta estética experimental acorde a lo que nos quiere narrar.

Spencer” de Pablo Larraín

La sesión sorpresa que cerraría esta edición ya hacía tiempo que había dejado de serlo. Tras su paso por el Festival de Venecia, Zinemaldi recuperaba la cinta de Pablo Larraín para poner punto y final a la 69ª edición del certamen.

En “Spencer” Larraín reinsiste en el retrato de una mujer en un momento concreto y crucial de su existencia, tal y como hizo con Jackie en 2016 poniendo a Natalie Portman en la piel de Jackie Kennedy para exponer sus sentimientos en las horas posteriores al asesinato del su marido. Aquí la elegida es la princesa Diana de Gales (Kristen Stewart) y el momento una celebración de la Navidad con la familia real cuando Diana ya conocía la relación de su marido con Camilla Parker y se sentía atrapada en una vida de lujos que no la satisfacía y que la alejaba cada vez más de sus raíces.

Spencer Pablo Larrain

Pero en un cambio de tono, o queriendo dar un paso más no del todo exitoso, el director chileno renuncia al enfoque más sutil de Jackie para adentrarse más en el estado mental de su protagonista y evidenciarlo en pantalla a través de unas imágenes fruto de sus proyecciones mentales o con una serie de reiterativos subrayados.

La Diana de Larraín es una mujer que intenta reconectar desesperadamente con su pasado y encontrar su individualidad en un mundo frío, lleno de rígidas tradiciones absurdas, comportamientos esperados prestablecidos y un entorno donde, familia incluida, cuenta con muy pocos apoyos donde agarrarse. Un entorno en el que el director pierde poco tiempo ya que no dedica muchos planos y menos diálogos a la familia Windsor. Por el contrario, escoge unos determinados elementos (unas perlas, la cacería de faisanes, la figura de Ana Bolena o un espantapájaros) y se dedica a utilizarlos una y otra vez para ilustrar la asfixia de Diana a lo largo de dos horas de metraje en las que poco evoluciona la premisa inicial.

La estimable interpretación de Kirsten Stewart (aunque fía demasiado su rol a la acentuación de gestos del personaje que interpreta), el apoyo de los siempre solventes Timothy Spall y Sally Hawkins como figuras clave del servicio de palacio, el diseño de espacios y vestuario o la música de Jonny Greenwood son los elementos que ayudan a que la decisión discursiva y las reiteraciones de Larraín no acaben sumiendo la película en el sopor.

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