Hoy la competición recibía con buen puñado de aplausos la gran apuesta del cine español en este certamen, el regreso de Fernando León de Aranoa a su cine de humor mezclado de crítica social. También nos ha roto el corazón con un diálogo a cuatro bandas que supone el debut en la dirección del actor norteamericano Fran Kranz. Y nos devolvía el Paolo Sorrentino más personal con una mirada autobiográfica a su vida en el Nápoles de los 80.

“El buen patrón” de Fernando León de Aranoa

Aquí no somos jefes y trabajadores, somos una familia“, “Esta es una empresa que prioriza a las personas“, “Un buen jefe debe ser un buen líder e inspirar a su equipo“,… Estas y tantas frases similares se han puesto de moda en la cultura empresarial y se pronuncian en un montón de empresas que se suman a la nueva ola de gestión centrada en las personas, vendiendo un discurso de empatía con los empleados y estructuras horizontales que demasiado a menudo no parte del convencimiento real de quienes siguen ocupando la cima del organigrama.

Y algunas de estas manidas frases son las que suelta el protagonista del nuevo filme de Fernando León de Aranoa en la propuesta más destacada del cine español que hoy se sumaba a la competición de Donostia: El buen patrón.

El buen patrón Javier Bardem

Julio Blanco (Javier Bardem) es el dirigente de la empresa Básculas Blanco, una compañía dedicada a la fabricación y venta de balanzas que opta a un premio a la excelencia empresarial. Y con esas frases tópicas intenta convencer a sus empleados de que la unión les llevará a ganar el galardón y que su bienestar es su primera prioridad. Pero el despido de uno de los empleados, las infidelidades del jefe de logística, la llegada de un grupo de becarias o los problemas del hijo del trabajador más veterano pondrán a prueba hasta qué punto el empresario cree sus propias palabras y le someterán a un tour de force para recuperar su preciado equilibrio antes de que la comisión del premio se plante en su puerta.

El buen patrón Javier Bardem

Aunque en la rueda de prensa posterior a la presentación de la película, Aranoa y Bardem decían estar convencidos de que “no hay muchos Julio Blanco” y que creen en la bondad de la gente, “El buen patrón” explora la hipocresía en las relaciones verticales en las empresas. Una realidad que actualmente se tapa con buenas palabras y sonrisas, pero que en el fondo sigue viviendo de viejas prácticas.

Apoyándose en el arsenal interpretativo de Javier Bardem, Fernando León de Aranoa expone su historia combinando sentido del humor y crítica social, en una narrativa en forma de bola de nieve en la que las complicaciones se van haciendo cada vez más grandes y ingobernables hasta el punto de que el espectador no sabe si finalmente se acabarán llevándose al protagonista por delante. Pero el tono y la forma no se le escapan al director, que sabe navegar entre el dedo en la llaga de situaciones ridículas y algunas referencias más sutiles para montar esta historia con la que cualquiera que haya trabajado en una empresa encontrará momentos con los que identificarse.

La lástima es que la película a ratos se pierda entre la fina línea que separa lo que quiere denunciar y la incorporación de lo mismo a su discurso. Y sobre todo en el tratamiento de los personajes femeninos resulta francamente mejorable.

Mass” de Fran Kranz

Y de la comedia al drama descarnado con la presentación hoy de la ópera prima como director y guionista del actor Fran Kranz (Dollhouse, The Cabin in the Woods, Mucho ruido y pocas nueces). En una disposición prácticamente teatral, “Mass” nos muestra la reunión en un centro social de dos matrimonios: el formado por Linda (Ann Dowd) y Richard (Reed Birney) y el formado por Gail (Martha Plimpton) y Jay (Jason Isaacs). El motivo del encuentro es que hablen, tiempo después de que el hijo de los primeros perpetrara una matanza en un instituto donde el hijo de los segundos fue una de las víctimas mortales.

Mass Fran Kranz

Y así transcurre el film, a través de las palabras que se intercambian unos y otros, con momentos de enfrentamiento y breves rendijas de empatía, con un diálogo cargado de dolor y de sinceridad que aporta interesantes puntos de vista por ambos lados.

En que todo fluya de forma desgarradora y delicada a la vez tiene mucho que ver la gran calidad del cuarteto protagonista y un guión que va dejando aflorar de forma muy honesta las palabras dichas y las que no se atreven a pronunciarse, el sufrimiento profundo y la necesidad de encontrar la paz, las ganas de cerrar la herida pero el no poder olvidar ni cuestionarse los por qué de lo ocurrido. Franz necesita poco más que su texto, un espacio cerrado y los cuatro protagonistas, y aunque se toma algo menos de dos horas, consigue emocionar de forma sincera al espectador.

Fue la mano de Dios” de Paolo Sorrentino

En la sección Perlas hoy era el turno de recuperar a Paolo Sorrentino tras su paso por Venecia. Producida por Netflix y partiendo de hechos de su propia vida, Fue la mano de dios es el coming-of-age de Fabietto (Filippo Scotti), un joven de 17 años en el Nápoles de los 80, a quien la vida le cambia de forma radical por un par de eventos significativos: primero la llegada de Diego Armando Maradona al club de fútbol de la ciudad que cambió la percepción de la misma, de sus habitantes, de su equipo y del fútbol italiano en su conjunto hasta entonces siempre dominado por el poder económico de los equipos del norte. Porque efectivamente la mano de dios del título, hace referencia a uno de los goles más famosos de la historia del fútbol, el de Argentina – Inglaterra del Mundial del 86. Más tarde, un hecho familiar trágico de algún modo relacionado con el primero, le obligará a empezar a tomar las riendas de su vida antes de lo previsto.

Pero es más fácil definir “Fue la mano de Dios” por lo que no es que por lo que es. La sinopsis puede hacernos creer que trata sobre el amor al cine, o los inicios en la cinefilia de un joven napolitano o sobre sus primeros pasos como director. Pero no es el caso, el cine aparece, pero no es central. El trailer quizás nos hace imaginar que es una película sobre el duelo y como nunca nos abandona. Tampoco. Ni tampoco es una aventura urbana sobre los impulsos juveniles y las ganas de dejar una impronta en este mundo. El truco de Sorrentino es evitar tomar estos caminos más transcurridos y simplemente mostrar cómo él se sentía en aquella época.

Fue la mano de Dios Sorrentino

La película es esencial e inevitablemente subjetiva. No sólo como es lógico por su punto de vista tratándose de una película autobiográfica. También por el registro que utiliza Sorrentino a lo largo de su metraje. Empieza muy napolitana. Italiana de sur. Tirante del tópico. Sorrentino conoce mejor que nosotros cómo era su ciudad natal y su vida en aquella época. Vitalista, caótica, atropellada, veraniega, excesiva, exuberante, sin reglas y sin ley. Con el retrato divertido de una extensa familia italiana llena de personajes de lo más especial. Pero a media película, a partir de este trágico hecho que marcará las vidas de sus protagonistas, se va volviendo retraída, íntima, reflexiva y también emotiva, como su protagonista, su luminosa paleta de colores se vuelve menos brillante, mientras muestra su descubrimiento del cine y su decisión de convertirse en director de cine en un futuro, gracias a la intervención de una musa y un mentor. El conjunto, la película más personal y emotiva de su realizador.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Ús de cookies

Aquest lloc web utilitza cookies per tal d'oferir la millor experiència d'usuari. Si continues navegant estàs donant el teu consentiment a l'acceptació de les mencionades cookies i de la nostra política política de cookies, fes click a l'enllaç per més informació.

ACEPTAR
Aviso de cookies
X