Cartas mojadas
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El pasado viernes llegó a la cartelera el documental “Cartas mojadas”, dirigido por Paula Palacios y producido por Isabel Coixet, un crudo acercamiento a una de las vergüenzas más recientes de Europa: la realidad de los migrantes que arriesgan su vida por llegar a un continente que les da la espalda.  

Narrado a través de una voz en off que representa a todos aquellos que mueren en el camino hacia la supervivencia, “Cartas mojadas” se acerca sin límites a una situación a la que tristemente nos hemos acostumbrado. Y para ello, la directora pone su cámara al servicio de la realidad, sin tapujos y sin recrear ninguna de las situaciones que vemos. En ochenta minutos, Palacios intenta hacernos entender un proceso migratorio que la mayoría de veces termina en tragedia. Porque, aunque miremos a otro lado, eso sigue sucediendo. Nos lo remarca su directora una y otra vez. Aunque no lo veamos, sucede. Y le damos la espalda, de forma individual, pero en especial las instituciones que podrían hacer algo para solucionarlo.

Cartas mojadas

Palacios ha estado cinco años trabajando en este proyecto, de los cuáles tres fueron de rodaje. Logró rodar en Libia, el foco del problema y uno de los países más peligrosos del mundo, al que accedió sola tras meses gestionando un visado y sin dejarse convencer por un cónsul español que le pidió que no viajara allí. Remarca la directora que no entiende por qué a ella le pidieron que no entrara en un país al que se devuelve a miles de personas, dejándolas en manos de la tortura. “¿Acaso hay dos clases de personas?” se pregunta, ahondando esta contradicción. Pues parece ser que sí.

Cartas mojadas

También se embarcó la directora en una de las misiones del Open Arms, en la que fueron rescatadas quinientas cincuenta y una personas, en unas condiciones meteorológicas extremas y en la que murieron dos bebés. Lo particular es que Palacios huye de homenajear a ninguna ONG. El foco no está en ellos, ni siquiera nos da a conocer el nombre de sus tripulantes ni se dedica a testimoniar su experiencia con declaraciones, son ejecutores de un rescate. No son héroes. En este caso, el foco está en las víctimas, a las que ni siquiera conocemos y que no tienen otras opciones para intentar vivir ni derechos. En una situación de pandemia en la que nos quejamos por algunas limitaciones, no está nada mal que nos replanteemos lo que realmente significan los derechos humanos y dejemos de mirar hacia otro lado.  

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