Comenzamos un festival en eso que se conoce como “nueva normalidad” lo que implica que no haya tantos trenes para subir como en otras ocasiones y lo hayamos tenido que hacer en coche, que se haya tenido que reservar los pases de las películas con antelación, que todo el mundo tenga entradas numeradas y se siente con un asiento vacío en cada lado y que la mascarilla sea tu compañera durante toda la proyección. Lo que no cambia la “nueva normalidad” es las ganas de cine, de reencontrar los compañeros de cada año y conseguir ver de cerca alguno de los rostros que sólo habíamos visto en una pantalla. Comienza el Festival de Donostia y aquí estamos de nuevo.

Akelarre

La primera película en competición de hoy mira a casa, aunque lo hace con una historia tristemente universal. ” Akelarre ” es uno de los dos filmes nacionales que participan en la pugna por la Concha de Oro en esta edición, y viene firmada por el director argentino Pablo Agüero . El filme nos traslada al 1609 – aunque el realizador hace manifiesta la voluntad de dotar a los hechos de cierta atemporalidad – en un pueblo de la costa vasca donde las mujeres cocinan, tejen y siembran, esperando que los hombres vuelvan del mar donde han ido a pescar.

Allí viven un grupo de jóvenes que compaginan sus obligaciones con los entretenimientos en el bosque o los acantilados que rodean el pueblo. Y allí llegarán un día los inquisidores liderados por el juez católico Rostegui (Alex Brendemühl) que recorren la zona buscando culpables de adorar al diablo y celebrar el sabbat. Ana (Amaia Aberasturi) y sus amigas no tardarán en ser detenidas en un proceso que todos saben cómo funciona: detención, interrogatorio, condena y ejecución en la hoguera. Encerradas en una celda mientras las van sometiendo una a una a las preguntas de los hombres que pretenden sentenciarlas sin pruebas, las jóvenes idean un plan para alargar el juicio con la esperanza de que los marineros del pueblo puedan volver a casa y salvarlas.

Akelarre

Agüero se ha documentado con el libro ” Tratado de la inconstancia de los malos ángeles y demonios ” del juez francés Pierre de Lancre para abordar esta historia que puede sonar a muchas otras ya rodadas sobre los implacables procesos que durante años llevaron cientos de mujeres a la hoguera acusadas falsamente de brujería por toda Europa. Pero aquí Agüero sabe conectarlo con la idiosincrasia vasca, sus paisajes, leyendas, canciones, idioma y forma de hacer, que a ojos de los inquisidores son motivos para sospechar de prácticas oscuras. Y también dota la historia de un atemporal feminismo al reivindicar la fortaleza de las víctimas ante unos hombres incapaces de ver como algo natural su belleza, espíritu libre y capacidad para combatir las estructuras del poder patriarcal.

Con todo, “Akelarre” rezuma buenas intenciones y cuidado para conectar la historia en el escenario y los personajes. Pero adolece de una puesta en escena que transita a trompicones entre el teatral y un acelerado montaje cinematográfico y deja con la duda de si se le hubiera podido dar una vuelta más a cómo aborda los diferentes hechos para conseguir un acabado más rico y redondo.

Verano del 85

Alexis (Félix Lefebvre), a punto de cumplir 16 años, casi se ahoga cuando vuelca su barco en la costa de Normandía. Por suerte, David (Benjamin Voisin), de 18 años, lo salva heroicamente. Alexis acaba de conocer al amigo de sus sueños. Pero, ¿durará este sueño más de un verano? El verano del 85.

Verano del 85

La de “Verano del 85 ” no es una historia de amor donde la problemática del tema sea la homosexualidad, en cambio sí lo es la diferente concepción del amor y de la muerte, esta también es muy importante, que tienen los dos protagonistas. David, un chico que no se quiere comprometer con nadie y que quiere desafiar no sólo la vida sino también la muerte y Alexis, un joven que vive su primer amor y que cree en él como un valor para toda la vida.

Proyectada en la Sección Oficial de Zinemaldia, dirigida por un viejo y querido conocido del Festival como es François Ozon y basada en la novela “Dance on my grave“, “Verano del 85 ” recuerda inevitablemente otra película vista aquí, en Donostia, y que también se basa en un libro, como es “Call me by your name“, pero con mucha más narrativa dentro de la narrativa y con un toque mucho más negro, que ya lo hemos dicho la muerte es casi más vital en esta historia que el amor.

Verano del 85

El resultado es una historia atemporal y universal que no hubiera cambiado si hubiera sido entre un chico y una chica o entre dos chicas. Rodada en 16 mm, con una banda sonora que te transporta a los años 80 al instante, con unas maravillosas interpretaciones en general y en especial de Félix Lefebvre y Benjamin Voisin que saben transmitir perfectamente el descalabro de emociones intensas que viven en cada momento

Pasion simple

La libanesa  Danielle Arbid  presentaba su candidatura a la Concha de Oro con la adaptación de la novela de Annie Ernaux “Passion Simple“. Y completa el triplete femenino al cargo de la historia su protagonista, Hélène (Laetitia Dosch), una mujer separada y con un hijo preadolescente que mantiene un romance con un misterioso chico ruso, Alexandre (Sergei Polunin). Ella sabe que él está casado y que su relación tiene pocas opciones de evolucionar hacia nada más sólido que los ocasionales encuentros sexuales. Pero aún así no puede evitar que la pasión la lleve a la obsesión y que el deseo por Alexandre la haga dejar de lado las constantes de su vida, como el trabajo o su propio hijo.

Pasion simple

Passion Simple” contiene una verdad y una mentira a su título. La pasión es el supuesto leitmotiv de la historia del Helène, pero ésta no se traslada a la pantalla. Una masa constante voz en off intenta sin éxito remarcar unos sentimientos que no conseguimos ver en las imágenes, a lo largo de una serie de encuentros sexuales rodadas de manera mecánica, interacciones frías, y el andar erráticos y miradas perdidas de la protagonista.

Pasion simple

Simple sí define una película de guión justo que no plantea demasiados dilemas en Hélène, entregada a una relación que sabe que le está afectando en sus relaciones familiares, laborales, de amistad, … pero que en ningún momento se cuestiona . Simplicidad en los diálogos (con una mezcla inconsistente de francés e inglés en una misma conversación), simpleza en planos repetitivos, simpleza torpe en el uso de una banda sonora que aparece y desaparece sin coherencia, simpleza en el no quererse embarcar tampoco a explorar el papel de los roles masculinos de la película más allá de apuntes obvios.

Habitual en varios festivales como Cannes, Locarno o Toronto desde su debut en 2001 Danielle Arbid no parece tener demasiadas opciones a salir de Donosti con un premio bajo el brazo.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Ús de cookies

Aquest lloc web utilitza cookies per tal d'oferir la millor experiència d'usuari. Si continues navegant estàs donant el teu consentiment a l'acceptació de les mencionades cookies i de la nostra política política de cookies, fes click a l'enllaç per més informació.

ACEPTAR
Aviso de cookies
X