Un momento en el tiempo (Waves)
7.5Nota Final
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7.5

Si algo nos gusta aún más a la gente cinéfila que mirar hacia atrás y dedicar exhaustivas retrospectivas a cineastas ya difuntos es seguir con una mezcla perversa de entusiasmo y escepticismo los primeros pasos de un director emergente. Nos gusta ver como un artista va evolucionando, aprendiendo de sus errores y depurando su estilo, película a película.

Nacido en Texas (cuna de grandes cineastas) en 1988, Trey Edward Shults debutó en el cine con el cortometraje “Mother and son”. Poco tiempo después, tuvo el privilegio de trabajar (por primera pero no única vez) a las órdenes del maestro Terrence Malick en “El árbol de la vida”. La experiencia adquirida en ese caótico y hermoso rodaje le sirvió para rodar su primer largometraje “Krisha” que pasó por el festival de Cannes en 2015. Dos años más tarde, Shults estrenó “Lega de noche”, una cinta muy angustiosa que estremeció y causó pesadillas a gran parte de la audiencia. Ahora nos presenta “Un momento en el tiempo (Waves)”, un film que combina aspectos de todos sus anteriores trabajos (e incluso de su vida personal) pero que en ningún caso nos parece redundante ni perezoso.

El rasgo principal de “Un momento en el tiempo” es como interactúa con los sentidos de la audiencia. Aunque pueda parecer trivial, es muy difícil transmitir la tactilidad de los objetos en pantalla, pero el film consigue generarnos una sensación epidérmica en numerosas ocasiones como cuando los personajes van a la playa o cuando practican la lucha (que como vimos en “Foxcatcher “es un deporte muy adecuado para hacer estudios cinematográficos de personajes). Otros elementos que lo hacen tan inmersivo son los operísticos movimientos de cámara (claramente herederos del trabajo de Paul Thomas Anderson en “Magnolia”), el uso de colores vibrantes (que va mucho más allá que la ya tópica fotografía con neones) y la banda sonora. Si bien no es musical como se mencionó en las primeras notas de prensa, la música compuesta por Trent Reznor y Atticus Ross (ganadores del Oscar por su innovador trabajo en “La red social”) y fusionada con canciones populares como Backseat Freestyle de Kendrick Lamar es omnipresente durante el metraje para contrastar lo que sienten los personajes (pero nunca de una manera obvia).

"Un momento en el tiempo (Waves)"

Otro acierto de Shults como narrador es como plantea el punto de vista de la historia. Es muy hábil en presentar los hechos de manera que siempre nos mantengamos leales a los protagonistas pase lo que pase. Por suerte, cuenta con dos grandes actores jóvenes que hacen creíble incluso los aspectos más exagerados del guion: Taylor Russell (que salvó una película tan grotesca como “Escape room”) y Kelvin Harrison Jr. (que lleva un par de años sólo realizando actuaciones sensacionales). Los apoyan de forma inestimable Renée Elise Goldsberry y Sterling K. Brown que interpretan la madre y el padre de los protagonistas. Las dinámicas familiares en el guion están tensadas en exceso, pero los cuatro intérpretes les dan autenticidad.

No puedo terminar la crítica sin hacer mención a uno de los temas que ha marcado el debate en torno a la película. Cuando una comunidad ha tenido tan poca representación en la pantalla grande, y a menudo malintencionada, es comprensible que cada nueva película protagonizada por un miembro de la comunidad sea analizada con lupa. Es por ello que “Un momento en el tiempo” ha generado una discusión saludable sobre los estereotipos presentes en la película y el hecho de que los filmes con protagonistas afroamericanos producidos a mediana y gran escala y elogiados por la crítica habitualmente contengan violencia y sufrimiento. Evidentemente, es importante contar historias que evidencien las injusticias raciales sistémicas, pero también lo es que se filmen otros tipos de películas que inspiren a la juventud.

En conclusión, “Un momento en el tiempo” es una clásica producción de A24 en tanto que el autor (director + guionista) tiene un grado de libertad inédito en la industria cinematográfica de Estados Unidos, para bien y para mal. Por un lado, el resultado es extremadamente personal y visceral y por el otro, tal vez requería que alguien le hubiera exigido a Shults algo más de cohesión.

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