Celebraré mi muerte
8.5Nota Final
Puntuación de los lectores: (0 Votos)
0.0

Tras meses de gira, llega a Barcelona la obra documental de Marcos Hourmann, el primer médico condenado en España por eutanasia, interpretada por él mismo y dirigida por Alberto San Juan y Víctor Morilla.

La historia empezó en Cataluña y, quince años después, ha vuelto a casa. El 28 de marzo de 2005 ingresaba en el hospital Móra d’Ebre (Tarragona) una anciana, Carmen, en estado crítico. La trató el doctor Hourmann, aunque era prácticamente intratable. La anciana sufría terriblemente, y le dijo a Hourmann que no quería vivir más. De madrugada tuvo un fallo multiorgánico, y la hija de Carmen pidió al doctor que atajara la agonía. Hourmann recordó el doloroso final de su padre años atrás, postrado por un ictus, e inyectó cloruro potásico en las venas de Carmen, que dejó de sufrir. Hasta ahí, nada excepcional. La triste eutanasia clandestina que practican tantos médicos en España. Lo excepcional vino después, cuando Hourmann mencionó el cloruro potásico en el historial de Carmen. Y entonces empezó la historia que, quince años más tarde, ha vuelto al lugar de los hechos.

Celebraré mi muerte Sala Beckett

Marcos Hourmann fue acusado de homicidio, no por la familia, sino por el hospital. En los juzgados de Tarragona pactó una sentencia por homicidio involuntario que le evitó la cárcel y la inhabilitación. Pero Marcos no se sentía culpable de nada. Tras el pacto judicial llegó la condena laboral: nadie en España quería contratarlo. Así que Marcos emigró a Reino Unido, donde ocultó sus antecedentes penales y trabajó en varios hospitales. Hasta 2010, en que el tabloide The Sun aireó su caso con el sensacionalista apodo de ‘doctor asesino’ (Killer Doc). La presión mediática lo abrumó, y Marcos regresó a España, donde encontró empleo en una mutua. Y así estuvo, capeando el temporal, hasta que Jordi Évole lo entrevistó en Salvados para hablar de ‘La buena muerte’ en 2016. Y empezó su redención escénica. Víctor Morilla, realizador de Évole, tuvo la descabellada idea de llevar la historia de Marcos al teatro. Producciones del Barrio (Évole) contactó al Teatro del Barrio (Alberto San Juan), y entre San Juan y Morilla compusieron el guion y la puesta en escena. Estrenaron en Madrid en marzo de 2019 y, desde entonces, no han hecho más que girar y llenar teatros.

Celebraré mi muerte es una obra excepcional por tres razones. Primero, porque cuenta la historia del primer médico condenado en España por eutanasia. Segundo, porque está interpretada por él mismo (sin el menor atisbo de diletantismo). Y tercero, porque, en cada función, Hourmann pide su veredicto a nueve espectadores que, sentados en escena, suplen al jurado popular que nunca lo juzgó. Algo muy parecido al teatro político de Piscator: el actor no profesional haciendo de sí mismo en escena, militando en la realidad que documenta, aunque la militancia de Hourmann no viene del documento puro (verbatim), sino de un hábil cóctel de docuficción, autoficción y metaficción, marca de los dos ‘barrios’.

Celebraré mi muerte Sala Beckett

La docuficción es constante. Mezcla el material de archivo con la fantasía escénica, las fotos de infancia de Hourmann con el metafórico ralentí del estadio abandonado o el melodramático teléfono cayendo tras la imputación. Uno sospecha también algo de autoficción en el estudiado retrato de Hourmann como hombre común, basado sin duda en rasgos reales, pero reminiscente de la campechanía cómplice (sexo, drogas y rock n’ roll) de los galanes populares a los que nos tiene acostumbrados San Juan, desde Airbag (1997) hasta Autorretrato de un joven capitalista español (2013).

Exigencias de un guion contra el que Hourmann se revuelve saludablemente, criticando a los directores como directores (“de mierda”), en unos gruñidos de metaficción que hacen visible la retórica del documento. Todo ello amenizado por el rock porteño de Sui generis y su hermosa ‘Canción para mi muerte’ (“Hubo un tiempo en que fui hermoso / y fui libre de verdad”), la versión musical del alegato de Hourmann, venida de sus años mozos con su mismo acento.

Celebraré mi muerte Sala Beckett

Es cierto que hay flaquezas en Celebraré mi muerte. No deja de sorprender la ingenuidad de Hourmann ante las previsibles consecuencias penales de sus actos. Sorprende al personaje del fiscal durante la función y sorprende al público en la (imprescindible) posfunción. Pero también es cierto que ahí empieza la desobediencia civil que el teatro conoce desde Antígona. La ingenuidad que mueve montañas y que en Hourmann no es Antígona, sino Hipócrates, que juró velar por la salud de sus pacientes, pero también respetar su autonomía y su dignidad. Al menos, desde la Declaración de Ginebra (1948). En nuestras latitudes, todo eso depende, como recuerda Hourmann en la posfunción, de un diminuto artículo 143.4 del Código Penal, cuya reforma ayudaría, quince años después, a cerrar historias como la suya, ahora que vuelve al lugar del (no) crimen.



Donde: Sala Beckett
Fechas: Hasta el 26 de Enero
Autores: Marcos Hourmann, Alberto San Juan y Víctor Morilla
Dirección: Alberto San Juan y Víctor Morilla
Reparto: Marcos Hourmann
Duradación: 1 hora
Compra entradas


Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Ús de cookies

Aquest lloc web utilitza cookies per tal d'oferir la millor experiència d'usuari. Si continues navegant estàs donant el teu consentiment a l'acceptació de les mencionades cookies i de la nostra política política de cookies, fes click a l'enllaç per més informació.

ACEPTAR
Aviso de cookies
X