Terminator: Destino oscuro
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Cada autor comercial del Hollywood de los 80 tiene su saga de ciencia ficción / fantasía que creó en un momento inspirado de su carrera y de la que a medida que han ido pasando los años se ha ido distanciando hasta tal punto que la única participación que tiene en las nuevas entregas es la de dar un poco fiable sello de calidad.

Spielberg tiene Jurassic Park, Lucas, Star Wars, McTiernan, Depredador … Otros, pero han decidido en una etapa ya más madura de su vida volver a los mundos a los que habían dado vida salvándolos de las garras de ejecutivos de Hollywood codiciosos dispuestos a exprimir-los al máximo. Es el caso de Ridley Scott, George Miller y James Cameron. Este último, como bien sabéis, dirigió, brillantemente, las dos primeras entregas de la saga Terminator pero se desentendió a partir de la tercera. Ahora vuelve, no como director, pero sí como productor y guionista, para cerrar su trilogía que inició en 1984, ignorando las aportaciones de los otros directores (Jonathan Mostow, McG y Alan Taylor).

“Terminator: Destino oscuro” no es, ni pretende ser, una radiografía de la era digital en la que vivimos como intentó ser, de manera fallida, “Terminator: Génesis” si no que es una respuesta a las políticas de Trump. Si bien James Cameron nunca ha sido un guionista sutil, y este film lo evidencia, también es cierto que la escala épica en la que presenta sus historias convierte este defecto en una virtud. La esencia del filme sigue siendo la de una terrorífica persecución de una máquina indestructible a una joven, una fórmula con la que cualquier persona de la audiencia puede sentir un vínculo sensorial. Esto facilita el diseño de personajes, ya que se aprende mucho más de una persona viendo cómo reacciona a un momento de vida o muerte que en varias escenas cotidianas.

Terminator: Destino oscuro

Otro aspecto que eleva esta película, es el trabajo interpretativo. Sorprendentemente en una producción de este tamaño no hay ningún actor que no esté perfectamente sincronizado con el tono de la obra. Las estrellas de la función son el trío formado por Natalia Reyes, Mackenzie Davis y Linda Hamilton. La elaborada relación entre las tres es lo que da entidad al film. Todas las grandes heroínas tienen que enfrentarse a un gran villano y Rev-9 lo es. Todos recordamos la mítica gélida actuación de Robert Patrick en “Terminator 2: El juicio final” pero Gabriel Luna nos la hace olvidar durante 2 horas haciéndose dueño de la pantalla en cada aparición.

Antes de concluir, sólo añadir que agradecemos que la cinta evite, en gran medida, los guiños obvios y sin ninguna función narrativa. Tampoco se recrea demasiado en la nostalgia tratando a Sarah Connor y al T-800 como personajes con conflictos emocionales a explorar y no como iconos del cine.

“Terminator: Destino oscuro” es una coherente continuación de “Terminator 2: El juicio final” que consigue atar los hilos temáticos que dan personalidad a este universo cinematográfico. Un reparto muy sólido ayuda a hacer más leves alguno de los diálogos más pesados ​​de Cameron. En general, es una película que atraerá cualquier persona que en algún punto haya sentido una conexión con esta mítica saga o, incluso, alguien que quiera sentir que por muy desesperanzadora que sea la situación siempre hay una escapatoria posible.

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