Viejo amigo Cicerón
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Podríamos hablar de triunvirato. Ernesto Caballero hará en diciembre ocho años al frente del Centro Dramático Nacional, el templo público del teatro en España. Josep Maria Pou se estrena como director y cabeza de cartel del Romea, después de medio siglo sobre las tablas y de encarnar la corrupción del PP en el cine (El reino). Y Mario Gas, patriarca de uno de los grandes clanes actorales de nuestro país, como los Bardem o los Gutiérrez Caba (o los Romea, hace siglo y pico), dirige a deudos y extraños sin que su apellido parezca ponerse en el horizonte de la cartelera. Los tres han trabajado, además, sobre Grecia y Roma últimamente, y por si fuera poco lo han hecho juntos.

Todavía recordamos a Gas dirigiendo a un Pou togado en Sócrates. Juicio y muerte de un ciudadano, hace apenas dos años. Un Gas que por esas mismas fechas dirigió un Calígula que pasó por el CDN de Caballero. Las credenciales de este biopic de Cicerón, estrenado en julio en el Festival Clásico de Mérida, no podían ser mejores. Y, sin embargo, al triunvirato español le pasa como al romano: tiene el brillo de los nombres imperiales, pero le falta la frescura de las aventuras republicanas.

Viejo amigo Cicerón Teatre Romea

Viejo amigo Cicerón es un psicodrama de ecos brechtianos. Dos estudiantes de universidad, interpretados por Bernat Quintana y Miranda Gas, se pelean con la claroscura biografía de Marco Tulio Cicerón en una añeja biblioteca de maderas nobles, tulipas verdes y venerables tomos empolvados. De entre los libros surge un desconocido también venerable, encarnado por Josep Maria Pou, dispuesto a ayudarles desinteresadamente en su trabajo final de carrera. Pero lo hace de un modo peculiar, mediante una inmersión psico-histórica en su personaje, una especie de constelación con el ancestro romano, que confunde al desconocido de Pou con el propio Cicerón, al estudiante de Quintana con su esclavo Tirón, y a su escéptica condiscípula con Tulia, la alegre y malograda hija del orador.

Y así recorremos la historia detrás de la historia del paso del Rubicón, las atribuladas charlas secretas de Cicerón con César para salvar la República y la propia dignidad, la degradación de los valores republicanos y la justificación maquiavélica del magnicidio, la espiral sangrienta del ojo por ojo, la aciaga apuesta de Cicerón por el solapado Octavio, que pactará con los asesinos de su tío para imponer la tiranía del Imperio, dejando morir a Cicerón con el eterno dilema de sus turbias alianzas.

Viejo amigo Cicerón Teatre Romea

El texto de Ernesto Caballero transcurre en poco más de una hora, en impecable unidad de espacio y tiempo, con una acción que sólo se enreda para bucear en los vericuetos de la vida del senador. Caballero tiene el mérito de leer a Cicerón desde un presente convulso como el nuestro, o de dejar que Cicerón nos lea desde su República venida a menos, con debates sobre justicia y democracia, sobre elocuencia y demagogia, sobre demócratas mediocres y rutilantes tiranos que no nos resultan en absoluto ajenos.

No son obviamente azarosos los paralelismos entre ayer y hoy, pero se quedan en tímidos guiños a la platea, lastrados por un lenguaje a menudo inflamado, cuajado de citas más sabiondas que incisivas, y un final emborronado por su sonrojante moraleja. El guion sufre, además, los énfasis de un Pou de aspecto galileano, enérgico pero impostado, que convierte a su entrañable personaje en un tópico maître à penser. Quintana está más sobrio como Tirón, la eficaz comparsa del senador, su fiel secretario y albacea. Y debemos los mejores momentos de la función a las esporádicas apariciones de Gas como Tulia, cuando discrepa agudamente con su padre y, sobre todo, cuando le canta para ahuyentar los monstruos de sus pesadillas.

Viejo amigo Cicerón tiene el indudable acierto de volverse hacia la Roma republicana ahora que se vuelve a hablar de repúblicas; de recordarnos el necesario compromiso y los frecuentes patinazos de la intelectualidad orgánica; de recuperar los viejos y cruciales debates sobre justicia y democracia, sobre vencer y convencer. Pero las intenciones del proyecto exceden sus resultados, y la obra se queda en una amable reflexión menor sobre las urgencias de nuestro tiempo.



Donde: Teatre Romea
Director: Mario Gas
Autor: Ernesto Caballero
Reparto: Josep Maria Pou, Bernat Quintana, Miranda Gas
Duración: 1h 10m
Fechas: Hasta el 10 de noviembre
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