The Laundromat: Dinero sucio
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Nada más difícil que dar forma narrativa a lo que es en sí mismo opaco, expresamente inventado para, dentro de estructuras más o menos conocidas –y, por lo demás, también complejas–, subvertir los propósitos que las hacen socialmente admisibles, para provocar un resultado absolutamente opuesto.

No es fácil explicar la alquimia, pero aún menos mostrar la magia negra económica y financiera que es capaz de proporcionar honorabilidad, estatus social y poder político sobre una base de engaño, sufrimiento e incluso crímenes de lo más abominable. Soderbergh –irregular, inquieto, infatigable– lo consigue aceptablemente en este film que pone cara y concretos casos al intrincado escándalo conocido con el nombre de Papeles de Panamá, que estalló en abril de 2016 cuando el bufete panameño Mossack Fonseca, especializado en creación de empresas en paraísos fiscales, denunció el robo de su base de datos de clientes, esto es, la monstruosa cifra de 11 millones y medio de correos electrónicos, fotos y otra documentación que probaba cómo muchos miembros de la élite mundial evadían impunemente impuesto y de qué manera se blanquea dinero sin preguntar por su procedencia.

En la realización de esta obra de pedagogía fílmica –condimentada sabiamente, con el fin de no caer en el moralismo más banal y conseguir movilizar conciencias mediante una abundante dosis de ácido cinismo–, Soderbergh, a partir de las investigaciones periodísticas de Jake Bernstein –doblemente premiado con el Pulitzer y coautor, con Lou Dubose, de Vice, no hace mucho llevado a la pantalla grande–, ha contado con Scott Z. Burns, quien no solo ha sido, últimamente, el guionista habitual del director, sino que –dato significativo– empezó a ser conocido en el ámbito cinematográfico nada menos que como productor de Una verdad incómoda (2006), la película del demócrata Al Gore sobre el cambio climático. No encontramos ante, claro está, un film político.

The Laundromat: Dinero sucio

La erràtica, dispersa y dilatada carrera de Soderbergh se asemeja a una montaña rusa, desde un inicial reconocimiento en Cannes por Sexo, mentiras y cintas de video (1989) hasta la consagración hollywoodiense con la oscarizada y narrativamente compleja Traffic (2000), pasando por Eric Brockovich o Ocean’s eleven y compañía, además de muchos otros títulos de lo más variado, a menudo irrelevantes y prescindibles. Soderbergh parece, a pesar de todo, un hombre arriesgado. Basta recordar que en 2002 tuvo el atrevimiento de readaptar para el cine la novela Solaris, sin miedo a comparaciones con la obra maestra que 30 años antes había filmado sobre el mismo tema Tarkovski. En 2008, por lo demás, no tuvo el menor problema (¿sería esto ahora posible, en los actuales tiempos de moralismo y metoo?) en fantasear con la pornostar Sasha Grey en The Girlfriend Experience.

Tanto por el tema como, sobre todo, por el tono satírico de la cinta, The Laundromat presenta un vínculo evidente con la espléndida ¡El soplón! (2009) –mi película favorita de Soderbergh–, donde –se recordará– un obeso Matt Damon, mentiroso patológico –gran construcción de personaje–, nos introduce en el mundo de la corrupción corporativa. Parecidamente aquí, sorpresa incluida –ganas de spoiler, oh Dustin Hoffman–, tenemos una Meryl Streep que no es que interprete a una anodina jubilada norteamericana, sino que posee su cuerpo y lo dota, por arte de birlibirloque, de gestualidad, voz y manera de andar (¿a quién debe de haber estudiado?): su esfuerzo actoral seguramente merecería recompensa, si no fuera porque el personaje mismo es de tan bien hecho más bien poco interesante.

El Virgilio de este viaje cínico a las entrañas del capitalismo menos ejemplar es doble: el tándem fundador del bufete panameño, encarnado con nota por Gary Oldman y Antonio Banderas, quienes (se trata de una especie de Powerpoint animado) les presentarán –espectadores, posibles clientes– el tinglado financiero que, si ustedes tienen dinero –independientemente de su origen, sea legal o ilegal– les permitirá hipotéticamente esconderlos de las autoridades. No se preocupen, nos dicen –¡en el filme!– tales prestigiosos abogados: esto es lo más normal del mundo; incluso el director y su guionista –nos explican Oldman-Banderas– tienen cuentas en un paraíso fiscal.

Sin embargo –es cosa sabida– la perfección no existe y siempre hay algo que falla. No obstante, no se preocupen: al final, todo quedará como estaba.

Película de Netflix, The Laundromat: Dinero sucio, estrenada ya en cines, se podrá ver en la plataforma a partir del 18 de octubre.

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