Hoy la debutante Belén Funes ha presentado su primera película en la Sección Oficial, codeándoze sin complejos con los más veteranos en el festival. El francés Guillaume Nicloux presentaba su reencuentro con Michel Houellebecq. Y fuera de concurso se proyectaba el último film de uno de los premios Donostia de esta edición, Donald Sutherland.

LA HIJA DE UN LADRON

La ópera prima de Belén Funes -realitzadora formada en el ESCAC- retoma la línea argumental de su cortometraje de 2015 “Sara a la fuga“, premiado en el Festival de Málaga, sobre una adolescente que vive en un centro de acogida y que hace años que no ve a su padre. Ahora en “La hija de un ladrón“, Sara (Greta Fernández) es una joven madre soltera carente de figura paterna, apoyos económicos y familiares, que debe salir adelante a base de coraje y navegando por la inestabilidad laboral. A Sara le faltan tanto el dinero como los afectos en un mundo que a la mínima amenaza con dejarla atrás. A la presencia / ausencia del padre de su criatura (Àlex Monner) se sumará el retorno de un padre (Eduard Fernández) recién salido de la cárcel, que ya la decepcionó demasiadas veces en el pasado y que podría volver a hacerlo.

La hija de un ladrón Greta Fernández

La apuesta de Funes es la de insertarnos en la realidad de Sara, seguirla en el día a día en el que tiene que sobrevivir sin grandes planes de futuro. Una puesta en escena que confía más en el lenguaje corporal y las miradas que en ampulosos diálogos ni artificios emocionales. La suya es una propuesta de realismo que se apoya en la natural y veraz interpretación de Greta Fernández para abrirnos los ojos a la vida de las muchas Saras que tenemos alrededor cada día. Y en la mezcla de sencillez y determinación de que dota a su personaje, asistimos con ella al camino de auto descubrimiento de una chica que mientras va recibiendo los golpes de la vida irá encontrando en sí misma la fuerza para salir adelante a pesar de todo y todo el mundo que la rodea.

Una muestra de cine social, sencillo y potente, que ha sacudido en positivo la criticada Sección Oficial de este año y que posiciona sobre todo a directora y protagonista para la próxima temporada de premios del cine español.

THALASSO

La otra cinta a competición del día nos traía a Michel Houellebecq interpretándose a sí mismo, entrando en un balneario para someterse a una serie de sesiones de masajes, crioterapia, talasoterapia y dieta baja en calorías. El director Guillaume Nicloux se reencuentra con el intelectual cinco años después de “El secuestro de Michel Houellebecq“ y durante hora y media le sigue por los pasillos de un templo del bienestar en que el escritor explota su vis cómica. Para complementarle, le coloca como compañero de balneario a Gérard Depardieu, con quien compartirá algunas curiosas conversaciones.

Thalasso

Esta mezcla de documental y ficción que plantea Nicloux, reincide en la línea antinormativa, rompedora de esquemas, de filmes anteriores, pero en este caso no le aguanta más que los escasos primeros minutos del metraje. Después, el propio realizador parece perder el interés en el potencial de sus reconocidos personajes y se limita a embarcarlos en situaciones y conversaciones facilonamente trasgresoras. Una supuesta metáfora sobre la decadencia de la alta cultura que no ha conseguido calar ni hacer especial gracia.

THE BURNT ORANGE HERESY

Ya fuera del concurso oficial, la jornada de hoy dedicaba una proyección especial al último film de Donald Sutherland, homenajeado en esta edición con el Premio Donosti a toda su trayectoria.

En “The Burnt Orange Heresy“, James Figueras (Claes Bang) es un crítico de arte que precisamente pone en duda el papel de los críticos en el mundo del arte en sus charlas. Con su nueva amante, una turista norteamericana (Elizabeth Debicki), decide pasar unos días en el Lago Como donde conocen al coleccionista Joseph Cassidy (Mick Jagger). Este les revelará que es el mecenas de Jerome Debney (Donald Sutherland), un famoso pintor que vive retirado del mundo y recluido con sus obras, que juró no volver a compartir jamás su arte con la sociedad, lo que convierte sus cuadros en un preciado objetivo. Entre todos ellos se establecerá un juego de mentiras y traiciones cuando todos pretenden apoderarse de la nueva creación de Debney a cualquier precio.

The Burnt Orange Heresy

El film de Giuseppe Capotondi, basado en la novel.la homónima de Charles Willeford, arranca como un interesante thriller negro con un magnético cuarteto protagonista. Sus relaciones y engaños, apoyados en una interesante propuesta estética van tejiendo una telaraña que desgraciadamente se deshace a medida que avanza la película para acabar desembocando en un enlace poco sorprendente y por debajo de las expectativas creadas en la primera parte.

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