Y hemos llegado al final de la sexta edición del Festival Americana, con gran éxito de público (un crecimiento del 30% de asistencia según la organización) y buenas valoraciones de la programación por parte de los espectadores.

Desde el 5 y hasta el 10 de marzo hemos podido disfrutar en los Cinemes Girona, Zumzeig, Filmoteca de Catalunya y la sala Phenonema de diversas propuestas cinematográficas y actividades paralelas. Acabamos con las tres últimas películas vistas, ejemplos de buenas obras que justifican la presencia en un festival al que le deseamos muchos años más de buena salud.

We Used to Know Each Other

La revelación del festival. En el cartel del Festival Americana también hay letra pequeña. Más allá de las películas que componen la sección principal del festival (TOPS), en la sección NEXT se hallaba We Used to Know Each Other, una de esas pequeñas-grandes películas por las que merece la pena ir cada año al Americana: pequeña en cuanto a medios y presupuesto, grande en cuanto al talento y valores cinematográficos que contiene.

We Used to Know Each Other

We Used to Know Each Other formaría un fantástico doble programa con la española 10.000 km (2014). La película de Carlos Marques-Marcet acababa cuando una pareja se reencuentra en Los Ángeles después de un año de relación a distancia. We Used to Know Each Other comienza en un momento análogo: después de cierto tiempo separados, una pareja (él portugués, ella norteamericana) debe tomar la decisión de seguir y vivir juntos, en la ardiente e inhóspita Las Vegas (como en Las distancias, una ciudad que sirve como metáfora de las dificultades emocionales de los personajes), o romper y separarse definitivamente. El realizador Robert G. Putka, presente en el festival, dirige y coescribe un drama romántico conciso pero muy efectivo, gracias a la naturalidad de las acciones y de los diálogos del dúo protagonista (creíblemente interpretados por Hugo de Sousa y Essa O’Shea) y a una realización que busca y consigue incomodar en todo momento al espectador, acercando la cámara al rostro de los protagonistas y mostrando pequeños pero reveladores gestos.

Además de la trama sentimental, en We Used to Know Each Other subyace un valiente cuestionamiento de las estructuras amorosas que prevalecen en nuestra sociedad y de nuestra tendencia a encajar en ellas, aunque sea a costa de sacrificar a los deseos. Una joya a descubrir.

Nota: 8

We the animals

La gran triunfadora del festival. La ópera prima del director norteamericano Jeremiah Zagar se ha llevado el premio a la Mejor película del Festival Americana, otorgado por el jurado ACCEC de la crítica, por este drama “coming of age” que narra la historia de tres niños, hermanos, hijos de un padre puertorriqueño y una madre blanca que viven con mínimos recursos económicos.

We the animals

Influido por el Terrence Malick de El árbol de la vida (2011), Zagar utiliza una puesta en escena impresionista, con unos líricos y contemplativos movimientos de cámara y una voz en off existencialista para acercarnos con viveza el punto de vista de Jonah, el menor de los tres chicos, el protagonista de la historia. A través de su mirada y de sus dibujos (la película incluye algunos interludios de animación bien integrados en la narración), vemos, no, sentimos como Jonah se va distanciando del autoritario referente paternal y también de sus hermanos, a la vez que elabora un incipiente imaginario propio, a modo de resistencia frente a un entorno familiar y social muy desfavorable.

We the animals nos habla del despertar de una personalidad, el nacimiento de una sensibilidad diferente con infinidad de elementos a descubrir: vitales, artísticos y sexuales. Un film con corazón que explora las posibilidades de una mente en formación.

Nota: 8,5

Leave No Trace

Quien escribe estas líneas tiene cierta debilidad por los personajes que se autoexcluyen, incapaces de integrarse en cualquier tipo de sociedad moderna, como el que interpretaba Viggo Mortensen en la fantástica Captain Fantastic (Matt Ross, 2016). Leave No Trace presenta a Will (contenido Ben Foster) y a su hija (intensa Thomasin McKenzie) que viven aislados en medio de un gran parque público en Portland, proveyéndose únicamente de lo que necesitan para vivir cada día.

Leave no trace

Leave No Trace es la nueva película de Debra Granik, directora y guionista norteamericana reconocida por los films Down to the Bone (2004) y, sobre todo, Winter’s Bone (2010), el duro drama protagonizado por Jennifer Lawrence. Con un estilo pausado, sutil y minimalista que en general encaja bien con lo que cuenta, Leave No Trace desarrolla una historia de traumas y de dificultades de integración. Galardonada en diversos festivales, la película habla sobre una relación afectiva en los límites de la comunidad que pone de relieve la delicada vida que existe fuera de los márgenes de la actual sociedad norteamericana.

Nota: 8

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