La vitalidad de una cineasta de 90 años, el acartonamiento de otra de 58 y la vuelta de tuerca algo petulante de un director de 43 años. Así podría resumirse mi séptimo día de Competición en la Berlinale 2019.

Era una de mis favoritas en busca del Oso de Oro. Esperaba con ansía, Elisa y Marcela, la película en blanco y negro que narra la historia del primer matrimonio homosexual en España a principios del siglo XX. Por eso más dura ha sido la caída, mayor la decepción tras ver una obra que está más próxima a un folletín acartonado que a una película con capacidad para competir en Sección Oficial de Berlín. Y más con el riesgo que jugaba el festival al seleccionar una obra producida por Netflix que no tiene garantizada la distribución en salas fuera de España.

Isabel Coixet Elisa y Marcela

Hay que conceder a Isabel Coixet que ha pasado 10 años intentando levantar el proyecto. Cuando se presentaba a los productores diciendo que iba a ser en blanco y negro, obtuvo rechazo tras rechazo. Por eso se felicitaba en la rueda de prensa “del éxito de films como “Cold War” y “Roma” rodados en blanco y negro”. Lo triste es que la Coixet ha estado lejos de hacer esos homenajes personales bellos al color de la películas antiguas y eso que ha querido dar la pátina más próxima a la época que narra. La directora barcelonesa ha contado como directora de fotografía con una joven Jennifer Cox, con la que ha trabajado en publicidad y a quien ha producido un corto, pero que se estrena aquí en el largometraje. La fotografía pasa si no fuera por unos fundidos a lo cine mudo y un difuminar la película para meter metraje original antiguo que chirrían.

Con bajísimo presupuesto (entre los financiadores están tres televisiones autonómicas), la peli se rodó en apenas cuatro semanas y la incorporación al proyecto de una de las actrices protagonistas, Greta Fernández, a una semana del rodaje. Ella como Marcela y Natalia de Molina como Elisa han tenido que hacer creíbles unos personajes reales pero de los que se sabe poco. Como recordaba la historia se inspira en ellas, para convertirse, muy a su pesar, en un folletín acartonado. Y con polémica por medio, porque un acuerdo firmado entre Netflix y Berlinale para distribuir la película en salas solo se refiere a España y los distribuidores alemanes piden que salga de Competición.

Synonymes

La segunda del día en busca del Oso de Oro, era la franco-israelí Synonymes, en la que el director Nadav Lapid vierte su propia experiencia viviendo en Francia e intentado olvidar sus orígenes. Después de la interesante “La profesora de parvulario”, adaptada ya en Estados Unidos, Lapid se había convertido en director a seguir. Su tercer largometraje, primero a competición en la Berlinale, tiene una propuesta y elementos interesantes. Como la propia vuelta de tuerca a la ya género de expatriado en París.

El joven Yoav (Tom Mercier) huye de Israel y se refugia en Francia. Quiere empezar una nueva vida, abrazar la laica sociedad francesa y renegar del estado sionista cada vez más teocrático. Por ello se niega a hablar en hebreo e intenta mejorar su conocimiento del francés con un diccionario – de ahí el título del film. Una pareja de jóvenes ricos, Emile (Quentin Dolmaire) y Caroline (Louise Chevillote) serán sus protectores. Durante su periplo en París, pone el foco en varios problemas de nuestra sociedad actual. Todo regado con momentos musicales y cómicos. La adaptación no resultará tal y como lo esperado. Curiosa propuesta aunque con momentos petulantes.

Agnès Varda. FOTO: AFP

Y la propuesta más refrescante del día me la ha hecho la directora franco-belga, Agnès Varda. La realizadora militante de diferentes causas y trabajadora del cine sin recursos se despide de nosotros espectadores con un repaso a sus films y su manera de trabajar. Cuál lección de cine, reúne a estudiantes y curiosos en un teatro para repasar su carrera.

Pero Varda par Agnèsno solo se queda en el teatro, sale a la calle, nos lleva a los diferentes escenarios que han conformado la carrera de esta realizadora, maestra de cineastas. Como ella recuerda, si no tenía presupuesto y quería contar la penuria de una mujer a la que le diagnostican cáncer, decide contar una hora y media en la vida de Cléo (Cléo de 5 a 7). También nos recuerda sus fracasos más sonoros como cuando hizo volar en Concorde a Robert de Niro para hacerle compartir escena con Catherine Deneuve y caerse en un estanque.

El film en Competición pero fuera de concurso es un divertido, fresco y vitalista retrato de esta cineasta, fotógrafa y artista visual. Sobre una mujer que se define como feminista toda su vida y que ha militado al lado de la gente, del pueblo. Y que dice, a preguntas en la rueda de prensa, estar preparándose para decir adiós.

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