En este tercer día, la mañana  tenía un leit-motiv en Competición: la familia, esa gran institución de alegrías y tensiones. Más de tensiones, paterno-filiales y entre hermanas, que de alegrías. Pero ríanse de esas tensiones. Han sido un remanso de paz para lo que venía por la tarde-noche. Porque el alemán Fatih Akin nos ha sumergido en un festín gore gratuito e innecesario.

En su cuarto largometraje para la gran pantalla, la austriaca Marie Kreutzer dirige con destreza “Der Boden unter den Füßen” (The Ground Beneth My Feet), un drama familiar y laboral con toques de thriller psicológico.

Lola (Valerie Pachner) es una consultora de empresa de éxito. Workalcoholic y en una relación clandestina con su jefa. El único vicio que se permite es machacarse en el gimnasio. Aunque como reza el lema del de su hotel para ejecutivos – Más sano, más feliz, más productivo-. A punto de cerrar un gran proyecto, recibe una llamada del hospital. Su hermana Conny ha intentado suicidarse. Lola no sabrá cómo enfrentarlo.

The Ground Beneth My Feet

La factoría nórdica vuelve a la carga con la adaptación de la novela Ut og stjæle hester (‘Out Stealing Horses’) del premiado Per Petterson. El maduro director Hans Petter Moland recluta a su colaborador habitual, Stellan Skarsgård para protagonizar esta fábula sobre el amor y la decepción.

El internacional actor da vida a Trond, un  hombre de 67 años que tras la muerte de su mujer en accidente se esconde en una cabaña para escapar del cambio de milenio. Un encuentro casual con un antiguo conocido le lleva a rememorar el verano de 1948 cuando pasó el verano con su padre en una cabaña. Su último verano juntos.

Out Stealing Horses

Rodada en hermosas montañas y valles en la frontera entre Noruega y Suecia, la cinta está llena de momentos poéticos y bellos. Mollan busca quiere incidir en la pérdida, los traumas para toda la vida, los sentimientos de culpa. No tengo claro si lo consigue. Eso sí puede triunfar en taquilla.

Y si leo la sinopsis de la última del alemán Fatih Akin, yo he visto otra película. Der Goldene Handschuh (“The Golden Glove”) relata las fechorías de un cruento asesino en serie del Hamburgo natal de Akin. Fritz Honka, interpretado por un caracterizado Jonas Dassler, asesinó a varias viejas prostitutas y marginales en la década de los 70. Guardó parte de los restos de sus víctimas en la fresquera de su apartamento en el ático de un barrio lleno de emigrantes griegos. Culpaba del mal olor desprendido a la manera de cocinar de sus vecinos.

The Golden Glove

Según su publicista, el ganador de un Oso de Oro “ha creado un retrato de un individuo socialmente depravado y violento, impulsado por la misoginia”. Hasta aquí, todo OK. Pero cuando dicen que “el film es un estudio social sobre los márgenes de la sociedad dejados atrás por el reciente milagro económico de la posguerra, en una Alemania negra, falta de confianza”. Por ahí no paso. Si buscaba eso, la tesis se queda enterrada en una orgía de violencia desmedida, sangre y vísceras y personajes rozando lo grotesco. Me cuentan que ha habido aplausos en algunas sesiones, en la mía tímidos y risas pero también un sonoro Booo. Al parecer Akin, quería hacer una “horror movie”. Lo habrá conseguido a costa de quitar dignidad a las víctimas y revolver el estómago de sus espectadores.

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