Hoy ha sido un día intenso en el Festival de Sitges. Aparte de las propuestas más de género que os repasábamos en la anterior crónica del día, también hemos podido ver una buena muestra de la diversidad que nos ofrece el festival: la inclasificable nueva película del director de “It follows”, un mágico cuento animado firmado por Mari Okada y una íntima historia de samuráis escrita, dirigida y protagonizada por Shin’ya Tsukamoto.

Under the silver lake

En 2014, David Robert Mitchell fue uno de los triunfadores en Sitges con “It follows” una original película de terror que con su manera de llevar la tensión atrapó a los espectadores. Ahora vuelve a la Sección Oficial con una nueva película que de nuevo somete a su protagonista en un viaje por una pesadilla, pero el tono de la historia es totalmente diferente.

Sam (Andrew Garfield) es un joven que vive en Los Ángeles sin demasiado oficio ni ocupaciones en la vida que está a punto de ser desahuciado de su apartamento por los retrasos en el alquiler. Un día queda fascinado por una chica (Riley Keough) que encuentra en la piscina de su complejo. Pero al día siguiente ella desaparece y Sam comenzará un periplo por diferentes rincones de la ciudad para encontrarla.

Under the Silver Lake Andrew Garfield

En “Under the Silver Lake” David Robert Mitchell convierte Los Angeles en el tablero de un juego de pistas por donde Sam irá pasando de un indicio al otro en busca de Sarah. Y por el camino se topará con un asesino en serie de perros, gurús, aspirantes a actriz, una madre obsesionada por una actriz de cine mudo y un loro que no para de gritar una palabra ininteligible, entre otras marcianadas.

Todo ello, acompañado por una banda sonora llena de clásicos del rock y referencias cinéfilas y a la cultura popular, se convierte en un viaje psicodélico, sorprendente y con una narrativa magnética, que juega desde el absurdo a denunciar el absurdo y que atrapa al espectador en la telaraña de la peculiar aventura del Sam.

Maquia: When the promised flower blooms

Dentro del apartado Discovery se presentaba el salto a la dirección de la prolífica guionista Mari Okada. “Maquia” es una de los Iorph, un pueblo ancestral que vive eternamente, tejiendo las telas del destino, alejadas del mundo de los hombres. Contraviniendo las estrictas reglas de su pueblo, decidirá adoptar un bebé huérfano y alejarse de los suyos. Mientras tanto, los Iorph se ven atacados e inmersos en una guerra de poder, y la que era la amiga de Maquia, Leilia es obligada a casarse y engendrar una hija.

Maquia Mari Okada

En forma de cuento mágico Okada teje una historia que de hecho es una reflexión sobre la maternidad, los lazos del amor, el enfrentamiento de la pérdida y la autodefinición contra los designios del destino o las normas. “Maquia” es a la vez una historia de corte fantástico-medieval con soldados, dragones y estos seres etéreos y mitológicos que son los Iorph. Pero también es un melodrama en clave femenina. Y la lástima es que sobre todo en la segunda mitad una cosa se come a la otra, con excesivos subrayados de su mensaje y momentos sobradamente ramplones.

Killing (Zan)

La jornada de hoy la acabamos con “Killing“, que tras su paso por la Mostra de Venecia aterriza en la Sección Oficial de Sitges. Escrita, dirigida y también coprotagonizada por Shin’ya Tsukamoto, la cinta nos transporta a mediados del siglo XIX en plena época Edo en Japón.

El protagonista es un joven samurai, Mokunoshin Tsuzuki (Sôsuke Ikematsu), que vive alejado de conflictos en un pueblecito de cultivadores de arroz, donde entrena con Ichisuke (Ryûsei Maeda), otro chico del pueblo, por la hermana del cual (Yû Aoi) siente una cierta atracción. Su tranquila vida se ve alterada cuando un día llegan a sus puertas un veterano samurai (Shin’ya Tsukamoto) que pretende reclutarlos para ir a luchar para el Emperador, y también un grupo de bandidos.

Killing (Zan)

En sólo 80 minutos, Tsukamoto despliega su historia que convierte el mundo de los samurais en un retrato íntimo, alejado de las grandes batallas, que se remueve en torno a los conceptos de la valentía/cobardía, el honor y el amor. Con un reparto y presupuesto reducidos, es esta vertiente personal lo más interesante de “Killing” que, por el contrario, sacrifica el aspecto visual de las luchas por un exceso del uso de la cámara en mano, los planos desencuadrados y el montaje frenético.

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