El orden divino
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El pasado 8 de marzo vivimos una manifestación feminista contra la desigualdad de género que se entendió como una movilización histórica sin precedentes. También un 8 de marzo se estrenaba “El orden divino”, una película que recuerda la lucha de las feministas suizas por el derecho al voto de las mujeres. Si hace solo unos meses me emocionaba al percibir que por fin se comenzaba a tomar conciencia de que formamos parte de una sociedad desigual, hoy salgo de ver “El orden divino”, ambientada en los años 70, con la sensación de que las mujeres llevamos décadas repitiendo las mismas consignas.

La película arranca con una comparativa histórica que rápidamente contextualiza: mientras que en otras partes del mundo se vivía una auténtica revolución cultural, Suiza permanecía ajena a las demandas de derechos y libertades que se estaban reclamando en otros lugares. A partir de esa premisa, la directora Petra Volpe va trazando con detalle la evolución que experimenta Nora, una madre tradicional que terminará luchando para conseguir que las mujeres tengan derecho a votar en su país. Y lo hace con una cuidada fotografía y una ambientación bien conseguida. Sin distorsiones tramposas.

El orden divino

Pero a pesar del buen comienzo, la trama es algo previsible y con cierta carencia narrativa que llega en ocasiones a parecer aleccionadora. Una lectura doméstica en la que sin embargo, se acierta con el enfoque argumental: Petra Volpe, podría haber elegido a la adolescente rebelde de la historia, pero decide explicar el mensaje reivindicativo desde un personaje que forma parte del sistema tradicional y que va cambiando su forma de pensar ante un escenario de discriminación. Evidencia además la necesidad de involucrar al hombre en la demanda de igualdad, ya que el peculiar sistema democrático de participación directa que existe en el país helvético hizo que tuvieran que ser los hombres los que decidieran mediante referéndum si permitían el sufragio femenino. Había que convencer a los hombres y no a los políticos.

“El orden divino” se recordará probablemente por atacar a la memoria histórica de un país que pese a brillar por su larga tradición democrática, fue el último de Europa en reconocer el derecho al voto de las mujeres. Que la mitad de la población no haya podido votar hasta 1971 es una cuestión poco compatible con la imagen que proyecta Suiza de democracia veterana a la vanguardia de la modernidad. Y quién sabe si por eso, o porque la batalla contra la desigualdad sigue siendo un tema de actualidad, los suizos han aplaudido el mensaje y han decidido convertirla en la película más taquillera del año.

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