Dante 56. Pell i ciment
5Nota Final
Puntuación de los lectores: (3 Votos)
6.4

Luego de una residencia creativa en el teatro Tantarantana, la Compañía Casa Real estrena Dante 56. Pell i ciment, que  habla sobre un edificio con aluminosis que debe ser demolido. En otras palabras, un edificio que fue maldecido desde su construcción, así como los personajes que se nos presentan. Dirigida por Raquel Loscos y Salvador S. Sánchez, la obra habla sobre cómo los lugares en los que habitamos nos marcan de forma profunda, como si las paredes fueran nuestra propia piel. Sitios que dejan marcas y que, a pesar de sus defectos, logran tener un estrecho vínculo con las personas, al punto de llegar al delirio. ¿Qué significa crecer o pertenecer en un sitio? ¿Podemos culpar a un lugar por el camino que nuestra vida ha tomado?

Es interesante ver que dos personajes se presentan como alternativas distintas para enfrentar el pasado. La Hija (Anna Tamayo) y el Amigo (Albert Riballo), actúan como huérfanos; pero mientras una manifiesta su duelo desde la negación, el otro lo hace desde la conformidad. Por un lado, la Hija es arquitecta, y así como el edificio, tiene una condición en la piel que no la deja vivir tranquila. Pretende demostrar que el edificio puede ser ‘sanado’, y así frenar su demolición. Cree que salvando al edificio, se estará salvando ella. El Amigo, por otro lado, acepta la pérdida, y se dedica a tomar fotos a cada rincón del edificio para reconstruir su propia versión de ese lugar. Por último, la Madre (Sara Sansuan) es un personaje que la mayoría de las veces se aparece entre los ensueños de su hija arquitecta, y que se muestra como una figura caótica que trae malos recuerdos. Ella es el personaje que trae el melodrama – muchas veces excesivo – a la obra.

Dante 56. Pell i ciment

Si bien Dante 56. Pell i ciment es un montaje que habla principalmente de los lugares, la escenografía no logra desarrollarse adecuadamente. La casa con transparencia de tules está trabajado, pero en ella se nos presentan espacios con poco peso simbólico. Por otro lado, la pared en la que trabaja la arquitecta, y cuya importancia es crucial durante toda la obra, no tiene ningún tipo de trabajo escénico. Pareciera que hay un desajuste entre los contenidos del texto y la representación visual de los mismos. Además, la mayoría de las veces las proyecciones pasan a ser un elemento aleatorio y poco relevante en lo que se desarrolla en la escena; por tanto, no logra entregar esa textura al tan mencionado edificio.

Hay una propuesta interesante en cuanto al diálogo y al apego que tenemos las personas con los sitios, sin embargo, el drama de los personajes parece eclipsar esta reflexión. Se insiste repetitivamente en un paralelismo entre piel y cemento, pero el edificio no dialoga lo suficiente. Falta interacción entre actores y espacios para transmitir que la escenografía – y por ende, los lugares que inciden en nuestros recuerdos – está tan viva como nosotros mismos.



Teatro: Tantarantana
Fechas: Hasta el 6 de Mayo
Intérpretes: Albert Riballo, Sara Sansuan, Anna Tamayo
Precios: De 10 a 21€
Web del teatro


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