Èdip
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Oriol Broggi dirige Èdip, de Sófocles, en el teatro Romea de Barcelona, un texto que pone énfasis en la búsqueda de uno mismo y en la imposibilidad de huir de lo que nos depara el destino.

La propuesta parte del texto versión de Jeroni Rubió i Rodon, con dramaturgia de Marc Artigau y el mismo Broggi, y está protagonizada por Julio Manrique. Es la tercera tragedia griega que dirige Broggi, tras Antígona y Electra, y el cuarto proyecto en el que coincide con Manrique.

Para quien no sepa de qué va Edipo, aquí va un pequeño resumen (que nadie me acuse de espoiler, que la obra es del 429 antes de Cristo…): Edipo reina en Tebas junto a su esposa Yocasta, viuda del anterior rey de la ciudad, Layo. Penas y desgracias empiezan a tener lugar en Tebes, y según el oráculo y los adivinos, la causa es que el asesino del rey Layo vive entre los tebanos, y solo si recibe su castigo, la normalidad volverá a la ciudad.

Poco antes de casarse, a Layo y Yocasta el oráculo les advirtió de que tendrían un hijo que mataría al padre. Así, una vez que su primer hijo nació, ordenaron a un súbdito que se hiciera cargo y lo matara. Pero el súbdito, movido por la compasión, no lo mató, sino que lo dejó colgando de un árbol por los pies (extraño sentido de la compasión…). Un pastor de los rebaños del rey de Corinto que pasaba por allí lo recogió y lo entregó a Pólibo y Mérope (los reyes) que le hicieron de padres y lo llamaron Edipo, que significa “el de los pies hinchados”, en referencia a las heridas que le habían quedado en los tobillos tras estar colgado del árbol.

Edipo creció bajo el cuidado de los reyes de Corinto, pero un día, un borracho le espetó que éstos no eran sus verdaderos padres. Edipo acudió al oráculo de Delfos para buscar confirmación de estas sospechas, y el oráculo le pronosticó que mataría a su padre y que se casaría con su madre. Horrorizado por estas previsiones, Edipo huye de casa. Durante la huída se encuentra con un carruaje que impide su paso, y tras una discusión y posterior pelea, acaba matando a toda la comitiva menos a uno. Mira por dónde, la comitiva era la de Layo, aunque Edipo no era consciente de este hecho.

Edipo acaba parando en Tebas, asediada por la Esfinge, un terrible monstruo que paraba a todo aquel que quisiera entrar en la ciudad y le formulaba una pregunta, matando a aquellos que no fueran capaces de responderla (a todos, básicamente). Edipo consigue pasar la prueba y libera la ciudad, que agradecimiento lo nombra Rey de Tebas y lo desposa con la viuda del anterior rey, Yocasta.

Èdip Teatre Romea

En la actualidad de la obra es cuando Edipo tiene la misión de encontrar al asesino del rey Layo, y gracias al adivino ciego Tiresias, acaba descubriendo que él mismo es el asesino, que su mujer es su madre y que son propios hijos son a la vez sus hermanos. La tragedia está servida. Yocasta se suicida y Edipo acaba arrancándose los ojos cegado por el dolor y abandonando la ciudad.

Sí, señoras y señores, esto es una tragedia y lo demás tonterías. Los griegos sí que sabían hacer un buen culebrón.

La propuesta de Broggi centra toda la importancia en el texto, que en la versión de Rubió está adaptado a los tiempos actuales para poder llegar a todo el mundo. La importancia la toma la palabra, se pretende hacer llegar el mensaje de manera limpia y clara al espectador. Con este objetivo el escenario tiene una cierta inclinación que nos permite abarcarlo completamente, y por lo demás, está básicamente desnudo. Recuerda a un teatro abandonado, poseído por la decadencia, y con excepción de un muro, un olivo y cuatro escalones, está vacío de objetos.

El vestuario es bastante neutro, sin ser antiguo ni actual de manera buscada, con predominio de grises y marrones; una neutralidad más que está al servicio de los actores y de lo que nos tienen que explicar.

Los actores, y Julio Manrique especialmente como Edipo, son, pues, los protagonistas. Yocasta és Mercè Pons, Carles Martínez el sacerdote, Marc Rius y Clara de Ramon (mención especial a su monólogo final y a su preciosa canción y voz) serán Creonte y Antígona, Miquel Gelabert hará doblete como Tiresias y pastor y Ramon Vila será el mensajero del rey de Tebas.

Es una obra cocinada a fuego lento, muy lento, dónde a pesar que pasan muchas cosas en la historia, la acción es mínima y todo gira en torno a la palabra. Tan mínima es la acción que los actores, a veces parecen pasmarotes, mudos testimonios del discurso del otro, sin participar, y bien podrían estar fuera de escena y ni lo notaríamos. A veces, esta inmovilidad molesta, incluso. Le falta algo de ritmo para acompañar a tan magnífico texto.

Los actores están correcto, pero incluso Manrique, que tiene el papel sin duda más complicado y con más juego, no consigue emocionar en ningún momento. La búsqueda de su identidad le hace pasar por diferentes estados de ánimo en muy poco tiempo, y quizá este cambio constante le resta credibilidad a su actuación. A pesar de la fuerza inmensa del texto, la obra se hace larga, densa, y resulta tan minimalista como aburrida.

Casi a la mitad de las dos horas de duración ya sabemos (si es que no lo sabíamos antes) la conclusión de la búsqueda de la identidad de Edipo, y el resto se deleita en esta miseria. Hay un gran trabajo actoral que se debe reconocer por el texto tan largo y denso, pero la resolución, a mi parecer, no es efectiva.

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