Yo, Tonya
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Dice la protagonista del último filme de Craig Gillespie que el público necesita constantemente alguien a quien adorar y alguien a quien odiar. Así a lo largo de la historia y ante sonados enfrentamientos, la gente ha tenido que ir posicionándose: eres de Bette Davis o de Joan Crawford? De Katy Perry o de Taylor Swift? De Angelina Jolie o de Jennifer Aniston? En el mundo del deporte uno de los más sonados tuvo lugar en 1994 cuando el mundo tuvo que decidir entre las patinadoras Tonya Harding y Nancy Kerrigan.

Desde la agresión que tuvo lugar unas semanas antes de los Juegos de Invierno de Lillehammer, Gillespie se remonta a años atrás, cuando la pequeña Tonya (Mckenna Grace) comienza a demostrar dotes para el patinaje sobre hielo. Bajo la férrea presión de su madre LaVona (Allison Janney), Tonya comienza a entrenarse a las órdenes de Diane Rawlinson (Julianne Nicholson). Ya de adulta (Margot Robbie), la chica comienza a brillar en el deporte, convirtiéndose en la segunda patinadora, la primera de su país, capaz de ejecutar el triple axel. Pero en el nivel personal las cosas no eran de color de rosa. A la siempre difícil relación con su madre, se sumó la tormentosa relación con su marido Jeff Gillooly (Sebastian Stan) y finalmente el juicio de la prensa y la opinión pública cuando su rival Nancy Kerrigan fue agredida para intentar evitar que participara en la competición, y muchos sospecharon que Harding había orquestado el ataque.

Haciendo uso del estilo del falso documental, Craig Gillespie y el guión escrito por Steven Rogers nos lleva a descubrir la persona detrás de la deportista y figura pública. Harding no casaba con la imagen de dulce princesa que parecía que tenía que tener una patinadora sobre hielo y precisamente su carácter rudo y su rabia es lo que muchos situaban como el pilar de su manera rápida y atrevida de patinar.

I, Tonya

Y es así como “I, Tonya” tirando del humor negro, la desacomplejada interpelación al espectador y un montaje trepidante nos presenta a Harding y de rebote la manera de funcionar de una sociedad cargada de complejos, conservadurismo y prejuicios. La película trasciende la persona para hablar de pobreza, de desigualdad de oportunidades, de violencia de género, de juicios mediáticos y sobre todo de la relación de una madre y una hija.

Son precisamente las dos actrices protagonistas lo que más brilla en el filme. Margot Robbie se presta con atrevimiento a componer una Tonya políticamente incorrecta, con tanta fuerza física como capacidad de aguantar la mirada a la cámara mientras explica su versión de todo. Su interpretación, merecidamente nominada al Oscar, la transforma tanto en los exabruptos más evidentes como en los detalles de los gestos y miradas de una mujer construida a lo largo de años de abusos. También una espléndida Allison Janney como su implacable madre y determinante de su manera de ser, un personaje desagradable que no despierta ninguna empatía, que también la puede llevarla hasta la estatuilla dorada.

I, Tonya” tiene momentos que recuerdan a una película de los Coen, un tono de tragicomedia plagada de sueños rotos, delincuentes de segunda y rednecks que no encajan en una sociedad hipócrita. Pero como su protagonista, deja la sensación de que consigue convertir las adversidades en triunfo, escogiendo una manera inteligente de hilar su discurso a partir de un hecho real que ocupó portadas hasta ser eclipsada por el siguiente escándalo.

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