La tristeza de los ogros
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En los Teatros del Canal se representa La tristeza de los ogros, estrenada en Bélgica y representada en 2013 en Temporada Alta. Esta pieza de Fabrice Murgia se autodenomina como “un cuento onírico sobre el desarraigo que dibuja la metamorfosis adolescente”.  Una definición que, posiblemente, no refleje la propuesta del autor belga que entendemos que también dirige el espectáculo aunque nadie lo firme.

Desde el horror de los casos reales de Natascha Kampusch (Olivia Delcan) –a la que no entiendo por qué la llaman Leticia- y Bastian Bosse (Nacho Sánchez), Murgia propone crear un cuento conducido por una niña terrorífica (Andrea San Juan) que nos gana desde el inicio de la función.

Examinando la puesta en escena desde el inicio en una atmósfera fantasmagórica con una Andrea San Juan con voz distorsionada y un atuendo de película de terror gore, vemos cómo se nos vende una pieza de terror que acaba desembocando en algo totalmente ñoño y sin profundidad. Por desgracia, todo se centra en la visión estética del mecanismo de proyecciones, de diversas cámaras grabando en directo, de las cajas / peceras donde encierran a dos personajes… Todos estos mecanismos son utilizados como fin en sí mismo y no como medios para tratar de emocionar al público. Porque lo cierto es que en esta función, pese al gran despliegue de medios, no se consigue emocionar ni a la apuntadora. Sorprende apreciar el gran parecido entre las puestas de distintos países y la española teniendo en cuenta que el propio autor (¿y director?) afirmó que no haría el mismo espectáculo tras preguntarle que qué cambiaría del mismo.

La tristeza de los ogros

La dirección de actores brilla por su ausencia. Delcan, Sánchez y San Juan defienden solos a sus personajes y con indicaciones erróneas que suman una tediosa trascendencia a los hechos y que no permite respirar a la espectadora.  Se encuentran momentos en los que se vislumbra un tono sarcástico que acaba hundiéndose en un melodrama por falta de trabajo de dirección. Se echa en falta un juego perspicaz de contrarios en los que poder reír en momentos trágicos o en los que el actor y las actrices puedan olvidar la seriedad. San Juan, por suerte, lo consigue hacer más a menudo y seduce al público durante toda la función. Es aire fresco en medio de esta telenovela belga.

Por otro lado, es una lástima que desaparezca el cuento que pretendía contar el autor. Se encuentra, entonces, un fallo dramatúrgico por no trasladarnos a ese cuento onírico que prometían. Es posible que el término “cuento onírico” pueda querer dar libertad a lxs creadorxs para mostrar lo que les venga en gana, pero es verdad que la función transcurre sin tratar de mantener el tono fantasmagórico del inicio.

La tristeza de los ogros es una apuesta fallida de Los teatros del Canal puesto que decide programar una función que no cuenta nada nuevo y que consigue el mismo efecto que al leer un artículo de prensa sobre Nastascha y Bastian.

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