Asesinato en el Orient Express
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Los gastos de rodar una película van de la contratación de estudios y localizaciones, sueldo de actores, directores y todo tipo de personal, tareas de montaje y edición de efectos especiales, catering, promoción, diseño de vestuario y un largo etcétera. Y ante tanto dispendio alguna cabeza pensante debería plantearse antes de empezar si todo ello tiene alguna finalidad que valga la pena. Los responsables de la nueva adaptación de “Asesinato en el Orient Express” no hicieron ese ejercicio.

Asesinato en el Orient Express” no es nada más que la innecesaria revisión una vez más de uno de los libros más famosos de Agatha Christie, que ya fue adaptado por Sidney Lumet en 1974 y por Carl Schenkel en 2001. Ahora dirigida y protagonizada por Kenneth Branagh, recorre la misma historia sin añadir ningún elemento original que la haga peculiar o interesante para quien ya conozca la trama.

Corre el año 1935 cuando un tren Orient Express sale de Estambul en dirección a Calais. A bordo viaja un grupo peculiar de personas: una institutriz (Daisy Ridley), una anciana princesa (Judi Dench) y su ayudante (Olivia Colman), una actriz (Michelle Pfeiffer), Edward Ratchett (Johnny Depp) y su secretario (Josh Gad), el Conde Andrenyi (Sergei Polunin) y su joven esposa (Lucy Boynton), una devota creyente (Penélope Cruz), el doctor Artbuthnot (Leslie Odom Jr.) i el detective Hercule Poirot (Kenneth Branagh). Cuando uno de los pasajeros es asesinado, todos se convierten e sospechosos de su muerte y el peculiar investigador se hará cargo del caso hasta conseguir resolverlo mientras el tren sigue su inexorable viaje.

Asesinato en el Orient Express

Con un avance aburrido, poco sentimiento en las interpretaciones y un guión capaz de desperdiciar el talento que consigue reunir en el reparto, el intrigante crimen ideado por Christie se convierte en una desapasionada sucesión de fragmentos donde uno sólo se puede quedar con el brillo visual y algunas gracias entorno al peculiar carácter de Poirot.

A Brannagh, la que posiblemente sea su peor película le queda una historia que parece que se rija por pautas matemáticas: Suma un reparto de grandes nombres, una célebre novela de misterio que marque la trama, divide los tiempos entre los protagonistas en interrogatorios que se sucedan uno tras otro y al final da la solución y ¿público satisfecho? Pues no, porque con tanto cálculo por el camino has anulado cualquier consecución de emoción, intriga, autenticidad o tensión. Así que sí, en “Asesinato en el Orient Express” todo está milimétricamente calculado pero todo resulta tanto falso como el exagerado bigote que luce Kenneth Branagh en el film.

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