Los demás días
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Decía Freud que “todos en el inconsciente somos inmortales, que a lo sumo, tan solo mueren los demás”… pero un día te encuentras de frente con el protagonismo existencial de tu propia muerte y te das cuenta de que su aceptación te deja completamente indefenso, sin modelos a imitar, y con la evidencia desnuda de que la ilusión infinita del tiempo era solo eso, una ilusión.

Carlos Agulló escribe y dirige una película documental que se convierte en un contenido despliegue de emociones, consiguiendo materializar esa conexión entre la toma de conciencia y la despedida. “Los demás días” es una avalancha de preguntas que te arrastra, que te inunda de miedo y te hace consciente de lo complejo que es calibrar el inmenso dolor de una pérdida tan cercana como la de uno mismo.

Desde un enfoque cargado de sobriedad, el director acomete la historia sin muchos adornos para intentar no romper el tono, ajustando el desarrollo a la particularidad de cada personaje. Puede que no estemos ante una obra perfectamente hilvanada, con alguna que otra escena luciendo fuera de lugar, pero lo cierto es que se trata de un magnífico retrato del tiempo que se escapa y sobre todo, de un necesario reconocimiento a la labor de todos esos profesionales que diariamente trabajan para humanizar la muerte.

Los demás días

De la mano de algunos pacientes del Dr. Iglesias, médico de cuidados paliativos, Carlos Agulló nos descubre toda una galería de almas enredadas con las que se enfrenta, de forma solvente, al complicado papel de canalizar cada proceso interno a través de los sentidos y plasmarlo a modo de documento. Un auténtico testimonio de vida para hablarnos de muerte, que nos presenta con envoltorio amable lo complicado de ese juicio silencioso y sin ensayos generales para el que estamos huérfanos de conocimiento.

Han transcurrido poco más de 30 años desde que en nuestro país se comenzaran a practicar los cuidados paliativos, llevando más allá de los hospitales el contexto que ampara el proceso de morir. Y es que la aceptación de la muerte no se improvisa. Por eso, disponer de sistemas de apoyo como el que se nos ilustra en “Los demás días”, que nos ayuden a aliviar en ese momento nuestro sufrimiento y el de nuestros allegados, no solo es una reivindicación ética, sino un absoluto privilegio.

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