A Ghost Story
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Los fantasmas también pueden ser hipsters. David Lowery nos lo demuestra con “A ghost story”, una propuesta intimista, poética y definitivamente, indie. Una reflexión de cómo los humanos nos aferramos a los recuerdos y los lugares y cosas donde se han generado.

David Lowery demostró con creces sus dotes como cineasta con la poética y épica “En un lugar sin ley”, una historia de amor protagonizada por Casey Affleck  y  Rooney Mara. Los tres vuelven a adentrarse en el lirismo con “A Ghost Story”, un singular relato de fantasmas, en el que Affleck se transforma en un espectro vestido con un clásico sábana blanca, bajo la que deambula por la que había sido su casa, mientras su amada lucha contra las heridas de la pérdida.

“A ghost story” es la típica historia de fantasmas pero desde el lado del espíritu que ha abandonado el mundo de los vivos. Un espíritu que se aferra a los espacios y personas de sus recuerdos vividos. Es también el paradigma de película indie: grabada en tres cuartos, casi sin diálogos y con un tío caminando bajo una sábana que tiene dos agujeros para los ojos. En cambio, con estos pocos elementos, es capaz de tocar la fibra por todo lo que implica su propuesta.

A ghost story

“A ghost story” es de aquellos productos cinematográficos que atrapan y envuelven paulatinamente. Aunque se pudo ver en la última edición del Festival de Sitges no es típica historia de casas encantadas. Lleva asociads una historia triste, melancólica, que puede tocar a cualquiera de nosotros ya que no hace pensar en aquellos que nos han dejado. Nos habla de cómo nos mantenemos aferrados recuerdos de personas, cosas y lugares, pero lo que nos hace preguntar “A ghost story” es: y si los que han marchado sienten lo mismo? Y si se quedan a nuestro alrededor tratando de digerir como continuamos con nuestras vidas sin ellos? La premisa en sí provoca escalofríos, no las típicos que generan las películas con fantasma. Es más todo lo que te hace pensar y el desasosiego que puede llegar a dejarte ya vista.

“A ghost story” es bonita, poética, íntima, frágil pero también cruel y triste. Se puede considerar una broma hispter o una maldita obra maestra, todo dependerá de cómo te toque el alma. No es la típica película de sustos, es lenta, pausada para dar tiempo a pensar. De trepidante nada y de efectos especiales pocos. Es simplemente la película de fantasmas indie que, tarde o temprano, tenía que existir.

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