Blade Runner 2049
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Vaya por delante al comenzar esta reseña que Blade Runner es la película que encabeza la lista de mi cinefilia. Hasta su estreno, asistía a las salas de cine a ver un entretenimiento, pero con esa película empecé a coger conciencia de la potencia del arte cinematográfico en sí, conformado por un conjunto de elementos que van de la trama a la música, el vestuario o el diseño de escenarios; y también de las posibilidades de un género de ciencia ficción humanista capaz de imaginar mundos enteros para hablarnos de las esencias más profundas del ser humano.

Así que dicho esto, me pareció un sacrilegio el anuncio de que se rueda una secuela del film y asistía a sus avances con curiosidad pero también con el miedo de quien ve como se quiere tocar un clásico intocable. La noticia de que el director sería Denis Villeneuve (el de “Prisoners“, “Sicario” o la magnífica “Arrival“) daba un poco de tranquilidad, pero persistía el temor de que el resultado acabara siendo una filosafada impostada envuelta en un film bien dirigido y poco más dedicado a sacar rédito del clásico.

Ahora ya os puedo decir que Villeneuve y su equipo han roto estruendosament todos mis miedos, con toda la contundencia de una película de 2h 40 minutos a la que poco le sobra ni le falta. Permaneced tranquilos, quienes como yo adoráis la Blade Runner original, porque Blade Runner 2049 es una joya cinematográfica.

30 años después, un nuevo agente de la policía de Los Ángeles llamado K (Ryan Gosling) se gana el sueldo retirando los modelos antiguos de replicantes bajo las órdenes de la implacable Teniente Joshi (Robin Wright). En su última misión deberá eliminar uno (Dave Bautista) que intenta llevar una vida discreta como granjero. Pero allí K encontrará una pista que podría conducir hasta otro blade runner que lleva décadas desaparecido, Rick Deckard (Harrison Ford). Poco más queréis saber del argumento.

Bladerunner 2049

A partir de esta premisa se inicia el festín. Lo que comienzan a desplegar desde el primer minuto Dennis Villeneuve y el cinematógrafo Roger Deakins es una maravilla visual de la fotografía, el diseño de producción, la luz, el color, las texturas y los escenarios que consigue la que parecía imposible proeza de mantener gran parte del espíritu del film original pero fue incluso más allá y dotar a esta de personalidad propia. Cada plano de “Blade Runner 2049” parece tener detrás una planificación tan cuidada que los querrías ralentizar para saborear todos los detalles y puestos uno tras otro componen una sinfonía para los sentidos.

La historia y los nexos de unión entre lo que ocurrió 30 años atrás y lo que pasa ahora serán probablemente el punto más debatido. Personalmente, creo que Hampton Fancher y Michael Green han sido suficientemente hábiles con un planteamiento que, partiendo también de la base original, permite plantear nuevos temas. Centrada en “Blade Runner” la disquisición sobre la propia conciencia humana o la asunción de la mortalidad, “Blade Runner 2049” se adentra en la exploración del alma, de la importancia de vivencias y recuerdos en la construcción de la identidad, la deshumanización del ser social convertido en sombra solitaria o la magia de la creación de vida. El mundo que recrean es desolador, pero ay, encontramos demasiados elementos reconocibles (niños esclavizados, creadores de experiencias virtuales, marginados viviendo de basuras o drones que todo lo vigilan) como para que se nos haga lejano. Y así consiguen que conectemos y hagamos nuestras sus reflexiones y su frustración por una decadencia que parece inevitable.

Blade Runner 2049

El casting escogido amolda como un guante en el fondo y forma de la película. Desde el Harrison Ford que recupera el personaje que ya le era propio a un Ryan Gosling capaz de cogerle el relevo pasando por un Jared Leto a quien le toca asumir la cuota más mística, afortunadamente con bastante contención. Pero la mayor sorpresa de la película lo aportan ellas, una cuota femenina ampliada y magnificada que equilibra la balanza, suma y matiza el conjunto: Joi (Ana de Armas) y su rompedora ilusión de un amor irreal, Mackenzie Davis, y las poderosas Teniente Joshi (Robin Wright) y Luv (Sylvia Hoek).

Y podría seguir aún con la atmósfera sonora que crean las partituras de  Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch y el trabajo de los editores de sonido. Con el brillo con la que Renée April (colaboradora habitual de Villeneuve) consigue trasladar a su diseño de vestuario la sutileza emocional de la película. Y sí, también con que en esta nueva Blade Runner le falta algo, le falta un Roy Batty y un discurso bajo la lluvia con la fuerza de aquel “He visto cosas que no creeríais … “. Pero le falta eso y poco más.

Sólo queda pues recomendaros que vayáis al cine y disfrutéis de una de esas obras a degustar en pantalla grande y probablemente más de una vez. Se comenta que ahora Denis Vileneuve podría atreverse con otro universo intocable, el de Dune. Para mí ya se ha ganado el voto de confianza por lo que pueda concebir su habilidad como director y creador, por haber hecho realidad el milagro de coger con respeto y reverencia una joya del cine y generar otra que va más allá.

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