Animal de compañía
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Dominic Monaghan (Charlie en “Lost” o Merry en “El señor de los anillos”) vive una historia de amor destructiva y psicópata a las órdenes del barcelonés, Carles Torrens  en “Animal de compañía”

En 2011, Carles Torrens (Barcelona, ​​1984) estrenó en Sitges su ópera prima, “Emergo”, una aproximación al género del falso documental de terror que no tuvo el éxito que quizá merecía. Gracias a la película, sin embargo, consiguió un agente en Estados Unidos, le enviara decenas de guiones para su segundo trabajo. No le convenció ninguno hasta que no encontró el de “Animal de compañía” o “Pet”, su título en inglés, poco adecuado en catalán. Ganar, en 2014, de nuevo en Sitges, el premio Cine365 Film, destinado a financiar una película, gracias a su corto “Sequence”, le permitió invertir en ese guión.

Con Dominic Monaghan (que ya se había interesado en ese guión antes de que Torrens lo adquiriera) y Ksenia Solo como protagonistas, Torrens pudo volver al Festival que le dio la primera oportunidad para presentar un thriller psicológico, algo gamberro y que busca sorprender con sus giros de guión. La historia es sencilla. Seth es un chico raro, un friki vaya, que se enamora de Holly. Él intenta acercarse a ella, quedar. Le regala flores, mira de conocerla (y en el tiempo de las redes sociales se puede saber demasiadas cosa), pero ella está instalada en el “no”. Hasta que Seth toma una decisión que cambiará sus vidas. Tratará de conseguir que ella ceda a sus peticiones de una manera bastante peculiar y no os voy demasiado más, pero sí, el tema del animal de compañía explica algo.

Animal de compañía

“Animal de compañía” trata de la identidad y la soledad con dos protagonistas que tienen más en común de lo que, en principio, uno podría pensar. Dos personas aisladas, especiales, que acaban atrapados en una relación enfermiza y que muestran cuánto estamos dispuestos a hacer en nombre del amor.

El nuevo filme del catalán Torrens es un thriller de suspense con unos giros muy pronunciados, que juega con la estética del terror y que comienza con unos arquetipos, pero poco a poco los dos personajes principales se sacan las máscaras hasta que no se sabe quién es la víctima y quién el verdugo. Es también una historia de amor destroyer. Una clásica “chico conoce chica” pero llevada al extremo.

Su trabajo es distraído y correcto, sin embargo, no acaba de ser redondo -hecho quizás más culpa de Jeremy Slater. Quiere ser gamberro, pero no se acaba de soltar y algunas incongruencias de guión, tal vez fueron las causas por la que “Mascota” no terminó de convencer en Sitges, allí donde hay un público acostumbrado a que los filmes desbarrar hasta la carcajada colectiva.

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