Una policía en apuros
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La nueva película de Dany Boon mantiene el nivel decimonónico de su título durante todas y cada una de las partes de la historia. La peste creativa que exuda el nombre del film en España se esparce por la pantalla hasta mancharla toda. Boon ha sobrepasado el humor comercial que tan bien le había funcionado hasta ahora (Bienvenidos al Norte) y acaba convirtiendo esta comedia simplona en un drama para el espectador.

Y miren que acción no le falta. Por un lado, una chica torpe y tozuda, desastre e hija de ministro, quiere entrar a las fuerzas de seguridad de élite francesas: las RAID (Alice Pol). Y por la otra, un veterano de este cuerpo policial, abandonado por su mujer y misógino a la fuerza, pretende deshacerse de su nueva fama de gafe (el mismo Boon). Y alrededor, un desmadre ineficaz de personajes secundarios, de perfil bajo y huella inocua, que bailan rodeando a los protagonistas siempre.

* Excepción atractiva: Yvan Attal y su aprovechado y arquetípicamente maléfico Viktor.

Como un salto al vacío – o como cualquier otro salto – la película no puede parar de caer hasta el final. The end. Suspiro de salvación. Podremos salir del cine y dejar de malversar esperanzas en esta nueva comedia francesa. Donde no se aprovecha ninguno de los momentos en que se podría poner medio interesante, o medio cómica.

Un policia en apuros

El problema no es el planteamiento, que rápidamente nos conduce a un Johny English femenino, que bien podría haber sacado jugo de este cambio de género. El fracaso rae en la incapacidad para conectar en las situaciones salteadas de acción y comicidad con las emociones del público. La torpeza de la Johanna Pasquali (Pol), que es el elemento de conexión humorística más antiguo de la historia del género – bebiendo desde Chaplin a Atkinson -, se anula por la inconsistencia de las escenas, ligadas sin cordel. No hay trama. No la busquéis.

La cámara es distante y aburrida. Grabada como sí de una noticia de informativo comarcal se tratara. Planos planos. En concordancia con la música. Todo parece un paquete de mediocridad extrema distribuido con prisas y celeridad a tantos cines como fuera posible. Y la incomprensión todavía es superior cuando hablamos de una obra producida por Jérome Seidoux, involucrado en otros proyectos como La juventud o La espera. 

Total, nos queda un producto de promoción barata del nuevo cuerpo musculado de Dany Boon, aliñado con una crítica barata a la corrupción y muchísimos mensajes mal caricaturizados hacia la sociedad francesa: Ridiculizar a los medios, estigmatizar el terrorista islámico/este-europeo sin humor, etc. Todo el mundo sale malparado en esta sesión de cine que, Dios lo quiera, podría ser una provocación incomprendida del cineasta francés.

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