Alien: Covenant
6.5Nota Final
Puntuación de los lectores: (1 Voto)
2.3

La pregunta quintaesencial de la saga Alien se ha convertido en: “¿el público necesita (y/o quiere) algo más que una tripulación siendo eliminada de manera terrible por unos temibles alienígenas a bordo de una nave perdida en medio del espacio? Cuando Ridley Scott decidió rescatar su universo en 2012 con “Prometheus” decidió dotar al film de todo un discurso filosófico existencialista y reducir las dosis de acción, y consiguió que el resultado dejara bastante frialdad en las salas de cine. Ahora vuelve a la carga con “Alien: Covenant”, la segunda parte de esta precuela que refuerza el discurso de su predecesora pero también intenta aportar un poco más de entretenimiento.

La acción de “Alien: Covenant” nos sitúa 10 años después de los hechos de “Prometheus“. La nave Covenant viaja con la misión de colonizar un planeta con condiciones ideales para la vida. A bordo hay dos mil colonos, un equipo de tripulantes formado por parejas y un sintético, Walter (Michael Fassbender). Pero 7 años antes de llegar al destino, un accidente hace que algunos de los tripulantes despierten de su sueño. Poco después captarán una señal proveniente de otro planeta y decidirán desviarse hacia allí para estudiar su origen. Allí descubrirán que alguien ha estado experimentando con una nueva forma de vida y haciendo cruces con unos incipientes xenomorfos para conseguir unos seres superiores. Pronto los tripulantes de la Covenant comenzarán a vivir un infierno cuando se conviertan en huéspedes y carnaza para que estos aliens puedan evolucionar.

Alien Covenant Michael Fassbender Ridley Scott

En “Alien: Covenant” la acción tarda una hora en llegar. Y en estos primeros 60 minutos, Ridley Scott deja claro que lo que está intentando explicar en esta trilogía-precuela quiere tener más trasfondo que un grupo de tripulantes aguerridos enfrentándose a unos violentos aliens con mucha mala baba. La lástima es que durante tanto tiempo en la película haga que una cosa sea incompatible con la otra y los discursos filosóficos y los planes oníricos frenen las ganas de quienes vayan a buscar entretenimiento.

Afortunadamente, en la segunda mitad sí logra este equilibrio. Por un lado nos devuelve todo lo que hace reconocible la saga: aliens saltando de huevos a la cara de sus víctimas, aliens incubándose dentro del cuerpo de tripulantes y estallando violentamente, aliens persiguiendo humanos en carreras a vida o muerte por pasillos, baba ácida chamuscándolo todo. Y por la otra introduce este elemento biológico-creacionista que aporta elementos interesantes en la narración de los orígenes de estos seres que conocimos ya formados en las películas anteriores de la saga.

Esta sensación dual se traslada también al conjunto de los personajes. Entre la tripulación de la Covenant no hay ningún carácter que resulte interesante (ni soñar ya que haga un mínimo de sombra a la memorable Sigourney Weaver y su Ripley), ni que protagonice momentos relevantes que pasen a formar parte del imaginario Alien. Todo el interés recae en el personaje de Michael Fassbender. Tanto es así que a este se le desdobla en un doble papel, lo que incrementa aún más la apuesta por la disertación subyacente, ya que David / Walter son la encarnación de ese discurso que Scott quiere que nos cale. Y ciertamente, en demasiados ratos, con calzador.

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