Broken Heart Story
8Nota Final

Una chica aparece sentada en un piso vacío. Su mente está en blanco. Su alma se ha ido y la ha dejado con el imposible encargo de escribir una novela. La chica no escribe a pesar de que hace todo lo posible para situarse en las disposiciones adecuadas. No se permite ninguna muestra de afecto, viste como un hombre y ni siquiera riega las flores para evitar que el más mínimo deje de sensibilidad o de emoción interfieran en la capital tarea que se ha autoimpuesto.

Incluso se ha dejado bigote.

Así empieza Broken Heart Story, una obra realizada bajo un prisma que no puede dejar indiferente.

La vida del artista ha sido a menudo investigada desde diferentes ángulos, bajo perspectivas diversas, todo esto con el objetivo de entender qué conforma esta pasión, esta vocación que lleva a no poder existir sin la realización del arte propio. Esta problemática exhibe esquinas especialmente afiladas en el caso de las mujeres, que, desde siempre, han tenido que sufrir tener que competir en flagrante desventaja en un mundo ya increíblemente duro de por sí.

La diatriba a la que las artistas se ven confrontadas es muy clara: se tiene la sensación que en algún momento de su vida tendrán que elegir entre una vida “femenina”, con amor y un lugar socialmente cómodo, o bien seguir los impulsos de su alma y, tal vez, morir solas sin haber alcanzado el éxito. Es cierto que este tema se ha explorado numerosas veces pero la forma que adopta esta historia resulta muy original.

El gran atractivo de este montaje es, sin duda alguna, el juego escénico. Desde el primer minuto, el espectador se encuentra en un desafío constante. Ninguna escena se asemeja a la anterior, los lenguajes teatrales cambian sin cesar, pasando por el drama, la pantomima, los recursos pirandellianos e, incluso, el musical. Sentimos desconcierto, en primera instancia, un viciosamente agradable síndrome de Stendhal que nos produce vértigo cuando entendemos que, encima de ese escenario, cualquier cosa es posible. Pero el mareo dura poco, se trata sólo del tiempo que tarda nuestro organismo en adaptarse al cambio de percepción. Una vez aclimatados, una vez liberados de la endémica lógica aristotélica, nos sentimos a gusto. Dejamos de plantearnos la coherencia, la linealidad de la acción. Nos zambullimos dentro del non-sense y disfrutamos de un delicioso ejercicio de teatro del absurdo.

Es algo diferente, refrescante, estimulante. Una manera diferente de explicar una historia, o un conjunto de historias, o unas sensaciones, o quizás un sueño. Tanto da. Lo importante es que el concepto llega y las emociones también. Sobre el escenario, vemos profesionales que se lo pasan bien y que se lo hacen pasar bien al público. Vemos tranquilidad y amor por la profesión. Vemos actores y actrices que no han olvidado como ser niños y que, por lo tanto, juegan el juego auténtico del teatro.

La escenografía es correcta, quizás un tanto simplista en su concepción y se echa algo de menos que evolucione más a lo largo de la pieza.

La iluminación es un auténtico esfuerzo de relojería suiza. Todo tiene un tempo muy marcado. Los movimientos son exactos y milimétricos, aunque el desorden parezca imperar a todos los niveles. Es un caos controlado, un desmadre muy planificado. Una locura inteligente.

Aún así, quizás se podría alegar que el texto no acaba de despegar. Falta profundidad conceptual en el discurso de la dramaturgia y se queda, quizá, en una primera capa, muy efectista, eso sí, pero una pizca lejos de la realidad compleja del corazón de la mujer moderna y, sobre todo, del alma del artista.

Aparte de eso, las actrices y actores están muy acertados, con un magnífico nivel de energía y un dominio total de la obra y del espacio.

Se trata, en resumen, de una experiencia teatral muy particular que hay que vivir, ni que sea para rompernos los esquemas demasiado cuadriculados de nuestra cotidianidad. Una propuesta firme e inspiradora que da un giro estético y de escenificación muy necesario, tanto para el teatro barcelonés, como para nuestra propia cultura teatral.



Teatro: La Villarroel
Web teatro
Autor del texto: Saara Turunen
Dirección: Saara Turunen
Intérpretes: Pepo Blasco, Vero Cendoya, Patrícia Mendoza, David Menéndez, Carmela Poch, Carla Torres


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