En la tercera jornada del Festival Internacional de Cine de Barcelona – Sant Jordi nos fijamos en dos películas que no forman parte de la Sección Oficial de la programación. En primer lugar, Testigo, la coproducción franco-belga incluida en Zona Oberta, sección que se abre a propuestas arriesgadas que no encajan con las de la Sección Oficial. Y, posteriormente, una de las comedias de marcado carácter popular que integran la sección Cinema amb Gràcia: la italiana Un italiano en Noruega, un auténtico fenómeno de taquilla en su país.

BCN Film Fest Testigo

Testigo

Testigo, más apropiadamente titulada originalmente La mécanique de l’ombre, es la ópera prima del director francés Thomas Kruithof, conocido por el cortometraje documental Rétention (2013), sobre un centro de retención de inmigrantes ilegales. La historia trata sobre un hombre, Duval, que tras dos años en paro acepta la oferta de trabajo de una misteriosa organización: transcribir llamadas telefónicas interceptadas. Duval, interpretado con la eficacia habitual de François Cluzet (Intocable, Un doctor en la campiña), se sumergirá en el inquietante mundo subterráneo de los servicios secretos y se verá envuelto en una turbia trama política.

El guión, escrito por el director junto a Yann Gozlan, contiene diversas referencias a sucesos políticos franceses, al tiempo que recuerda otros relatos sobre organizaciones secretas. La puesta en escena de Kruithof es muy efectiva, manteniendo la tensión de la trama durante toda su extensión. El film cuenta además con una dirección de fotografía muy destacable, a cargo de Alexandre Lamarque, y una potente banda sonora de Grégoire Auger que acompaña perfectamente las imágenes de este buen thriller de espionaje.

Nota: 7,5

BCN Film Fest Un italiano en Noruega

Un italiano en Noruega

Un italiano en Noruega es la última película del famoso cómico italiano Checco Zalone. En esta ocasión, Checco vive cómodamente instalado en casa de sus padres, tiene novia y es funcionario en una provincia del sur de Italia. Su apacible existencia se ve amenazada cuando el Estado decide aplicar recortes en la administración pública y se ve obligado a elegir entre la indemnización o un traslado forzoso. Para él, un puesto fijo es sagrado y con el objetivo de mantenerlo a toda costa aceptará el traslado al norte de Noruega, en el puesto de guardián de una estación científica italiana.

El film, dirigido por Gennaro Nunziante, explota las diferencias sociológicas, culturales y climáticas entre Italia y Noruega, con algunos buenos gags, especialmente los que cargan contra los empleados públicos, en la primera parte de la película. A pesar que se trata de una comedia ligera en la que, a medida que avanza la trama, la historia se vuelve bastante repetitiva, los chistes pierden fuelle y el happyend es bastante forzado, Un italiano en Noruega sabe reírse sanamente del estereotipo italiano y contiene su dosis de crítica contra su sociedad y la crisis económica.

Un entretenimiento, sin más, extrapolable fácilmente a otros países y culturas, como la nuestra. No me extrañaría que en un par de años se estrenará Un español en…, protagonizada por Dani Rovira, por supuesto.

Nota: 5,5

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