Jackie
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Cuando se quiere retratar a una persona en el cine, siempre se puede empezar a lo David Copperfield, con aquello de “Nací un viernes a las doce…” e ir recorriendo la vida, crecimiento y hasta la muerte de la figura en cuestión. Pero a veces es suficiente con poner el foco en unos pocos momentos relevantes para transmitir el fondo de alguien, exponer su alma a través de reacciones y actuaciones ante hechos puntuales. Esta segunda es la línea por la que apuesta el director chileno Pablo Larraín en su primera película americana para acercarse a todo un icono: Jaqueline Kennedy.

En “Jackie”, la viuda de John F. Kennedy (Natalie Portman) se sienta a hablar con un periodista (Billy Crudup), que la interroga sobre diferentes momentos de su vida. Su conversación pronto termina centrándose en el gran momento que cambió su existencia y la de todo un país, el asesinato de su marido en la ciudad de Dallas en noviembre de 1963. La imagen de Jackie vestida de rosa, aupándose a la parte de atrás del descapotable después de que su marido recibiera un disparo en la cabeza es de aquellas que han pasado para siempre a la historia.

Aquella bala se llevó por delante a un Presidente de los Estados Unidos, pero también derrumbó la existencia de la mujer que le había acompañado en el camino hacia la Casa Blanca, cuando ella tenía sólo 34 años. Con el pie de las preguntas del periodista y las respuestas de Jackie, la película la sigue en los pocos días posteriores y el torbellino de hechos que tuvo que asumir, desde comunicar la muerte a sus dos hijos pequeños, imponer su criterio a la hora de organizar el funeral y entierro, presenciar el rápido juramento del cargo del nuevo presidente o tener que abandonar la Casa Blanca y el cargo de Primera Dama. Hechos a los que tuvo que sobrevivir sintiendo una gran soledad, sólo paliada por la compañía de su cuñado (Peter Sarsgaard) o un cura (John Hurt).

Jackie Natalie Portman Pablo Larraín

Decidiendo centrarse en esos pocos momentos, el guión de Noah Oppenheim y la dirección de Pablo Larraín hacen de “Jackie” un retrato personal que se aleja del biopic al uso, alcanzando una densidad y una relevancia concentrada muy elevada. En poco más de hora y media de metraje, y gracias a un hábil montaje que encadena la entrevista presente, con los momentos recordados, asistimos a un completísimo retrato de una mujer. El film nos muestra sin concesiones el dolor de la pérdida de un marido, el torbellino de sentimientos hacia una persona que no siempre había sido fiel pero que ahora toca llorar, la dificultad de encontrar el equilibrio entre la significación íntima y la que tenía para todo un país, la necesidad de redefinirse de golpe y por fuerza cuando todo lo que había construido durante años se derrumba o el valor de una madre que debe proteger dos niños pequeños en una situación terrible.

Y en todo este mosaico, sobresale una Natalie Portman espléndida que se enfrenta a todas estas emociones en una grandísima interpretación que le ha supuesto su tercera nominación al Oscar. Portman aguanta planos cerradísimos mientras la cámara se acerca a ella y se recrea para verla derrumbarse y proyectar entereza, reír y llorar, amar y odiar, perderse y encontrarse. Como “Jackie” es un filme de detalles, su interpretación está cargada de matices, pequeños gestos y un gran trabajo vocal que hacen que en todo momento veamos y entendamos a Jaqueline Kennedy.

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