Manchester frente al mar
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Cuando hablo de una comedia nadie me pregunta nunca “¿Pero hace reír demasiado?”. Ni cuando hablo de un film de terror me salta nadie “¿Da demasiado miedo?” Pero cada vez más, cuando toca hablar de un drama salta el interrogante en masa: “Sí, ya, pero ¿es un dramón?” Como si el drama fuera el único género en el que el exceso de su propia idiosincrasia se le vuelve en contra o hubiéramos desarrollado todos un sensor por el que debemos huir de cualquier emoción en pantalla que nos parezca excesiva y poco natural. Afortunadamente en el gran drama que se estrena esta semana mi respuesta es clara: No. “Manchester by the sea” no es un dramón.

Manchester by the sea” es la tercera película del director y guionista Kenneth Lonergan que nos traslada a la población costera del título, en Massachusetts. Allí regresa Lee (Casey Affleck) tras la muerte de su hermano Joe (Kyle Chandler) para descubrir que este, en su testamento, le designó para harcerse cargo de su hijo Patrick (Lucas Hedges), un chico de 16 años. Desde ese momento, tío y sobrino deberán aprender a convivir, superar el dolor de la pérdida y seguir adelante con sus vidas. Una tarea nada fácil, sobre todo por los traumas que Lee arrastra, que le hicieron marcharse del pueblo y que iremos descubriendo poco a poco.

Y precisamente lo primero que hay que destacar de “Manchester by the sea” es la buena mano con la que Lonergan ha escrito la historia primero y la ha dirigido después. A través de una estructura narrativa que va alternando tiempo pasado y presente, el guió va descubriendo sus capas de forma gradual, mostrándonos las situaciones y reacciones paso a paso, hasta que no llegamos a saber todo lo que necesitamos saber sobre los personajes. Esto juega a favor de un relato que seguramente no es muy original, pero por cómo se desarrolla, va calando más en nosotros, haciéndonos empatizar con unos caracteres que tampoco son blanco o negro, ni se aman ni se odian simplemente se comprenden.

Manchester by the sea

En su traslación en imágenes todo toma la forma de una delicada serie de contrastes, el ahora y el antes, el chico que empieza a hacerse y el adulto que debe deshacerse, las grandes penas y los lugares íntimos, la tragedia y el humor, los paisajes nevados y el dolor que quema por dentro. Lonergan sabe tomarse su tiempo, dejar que las cosas se expliquen sin buscar grandes efectos dramáticos, colocando la cámara en el lugar adecuado en cada escena para que haga sentir sin forzar.

Y todo ello no resultaría natural y creíble sin un reparto de actores tan medidos como auténticos en sus roles, en los que destacan sobre todo Casey Affleck y Lucas Hedges llevando sobre los hombros la relación más interesante de la historia entre estos dos hombres de edades y recorridos vitales opuestos. También los secundarios clave Michelle Williams (aunque a mi pesar para esta gran actriz debo admitir que en algun momento importante no terminé de creérmela), Gretchen Mol y Kyle Chandler.

Con todos estos elementos “Manchester by the sea” aborda grandes temas a través de lugares y personas pequeñas: los lazos que hacen las familias, la superación del dolor, la pérdida, la culpa y el perdón pueden parecer muy grandilocuentes pero aquí las lágrimas acaban perdiéndose en la inmensidad del mar por el que navegan los Chandler, porque sus vivencias no son nada más extraordinario que la vida misma.

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