Urban Hymn
6.5Nota Final
Puntuación de los lectores: (0 Votos)
0.0

Urban Hymn es un film británico. Director, guionista, actrices, actores. Todo británico. Y también se ve en el producto. Una historia de superación adolescente a través de la música. Muy británico. Sabemos que no es americano, ya que en vez de un coro musical habría un equipo de alguna disciplina deportiva universitaria. Y en vez de buenas formas e ironía, habría padres gritando y música épica. En fin, a pesar de salvar la americanada, se deja arrastrar por la fórmula y no acaba de pinchar sobre un espectador que se ve demasiado obviamente interpelado sobre lo que tiene que sentir en cada momento. Aún así, explica con belleza un conflicto extensísimo. Empezamos.

Owen Jones es un periodista crítico, también británico. Salió a la palestra con su libro, ya internacionalmente reconocido, ‘Chavs: la demonización de la clase obrera’. ¿Y qué significa chavs? Hace referencia al término con el que se denomina en la Gran Bretaña a los individuos de la clase obrera, humildes y jóvenes. O dicho de otro modo, Jamie (Letitia Wright) y la Leanne (Isabella Laughland) en Urban hymn. Estas chavs fueron parte benefactora del movimiento de protesta del verano de 2011 en las calles de los cascos urbanos ingleses. ¿Cómo? Volvemos a Owen Jones y a la introducción de su libro: “- Qué lástima que cierre Woolworth’s. ¿Dónde comprarán ahora todos los chavs sus regalos de Navidad?” oyó el autor en una conversación. Bien, la película responde: No los comprarán. Los robarán de los comercios maltrechos por las protestas. Y, más tarde, intentarán evitar las consecuencias de la carencia de recursos, la carencia de motivación y la carencia de aprecio. Seguimos.

Urban Hymm

Y es que entre los pasillos difusos que supone explicar una historia dentro de esta ensambladura social, se puede divisar en cada rincón del film, el dolor como razón de ser. Y como redentoras, dos caras de una misma moneda: una Shirley Henderson maravillosa a punto de quebrarse, quizás reconocida por pequeños papeles en Bridget Jones o Harry Potter; y la música, el canto, un vehículo más que un garaje que, en realidad, se mantiene en un segundísimo segundo plano. Una dualidad que refleja la voluntad del guion de Nick Moorcroft (Oh Marbella!) de ligar la evolución personal con la social. Quizás también el entretenimiento y la trascendencia. Pero que queda en una lección clara y contundente, precaria de un empujón de gracia inteligente.

Y cómo todo es tan británico. Y repleto de tópicos del género. Con unos movimientos de cámara y unos planos de corte clásico, sin un mínimo desacierto ni riesgo. Con una música correcta, sin opción a ser memorable ni criticada. Con una ironía fina, sin acercarse a la comedia. Con todo esto, tan planito, tan raído, tan corto, el quiebro es refrescante. Y es así que Isabella Laughland, abrupta y incorruptible, desafina con genialidad en este film tan homogéneo. Aporta sol, tormenta y trozos de techo dando vueltas en el huracán.

Con una visceralidad evidente en todo momento, el nuevo film de Michael Caton-Jones (director nada ajeno al fracaso – Instinto básico 2 -) coge pero no atrapa. Es decir, es carne de noble película didáctica, pero lejos de memoria cinéfila. Actores por encima del guion, y guion por encima de la música.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Ús de cookies

Aquest lloc web utilitza cookies per tal d'oferir la millor experiència d'usuari. Si continues navegant estàs donant el teu consentiment a l'acceptació de les mencionades cookies i de la nostra política política de cookies, fes click a l'enllaç per més informació.

ACEPTAR
Aviso de cookies