La luz entre los océanos
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Lo tenía todo a su favor… un buen director (Derek Cianfrance) con demostrada sintonía por lo humano; una novela de éxito como material inspirador (de la australiana M.L. Stedman, con más de dos millones de copias vendidas y traducida a más de 40 idiomas); una banda sonora a cargo de Alexandre Desplat, ganador de un Óscar; y un competente elenco de actores de reconocida trayectoria (Michael Fassbender, Rachel Weisz o la también oscarizada Alicia Vikander).

¿Y qué tenemos como resultado? Una película técnicamente impecable que se queda en un melodrama insulso, recargado y sin garra. Todo un desperdicio de talento y un buen argumento dilapidado por la obstinación en transmitir sensiblería a base de una cuidada fotografía perfectamente sonorizada, un sinfín de planos barridos, caras de sufrimiento edulcoradas con voces quebradas, cartas y cartas leídas en off y docenas de coloridos atardeceres de postal. Todo parece estar pensado para iluminar océanos, sí… pero de lágrimas.

Nos cuenta la historia de un excombatiente de la Primera Guerra Mundial que acepta trabajar de farero en una remota isla australiana, donde compartirá soledad con su esposa. Un día llega a la isla una barca con un hombre muerto a bordo y un bebé al que deciden quedarse y cuidar como propio. En el momento en el que aparece la madre biológica, entran en escena el sentimiento de culpa y el conflicto moral de los personajes y la película nos sepulta en un ritmo que apenas consigue involucrar emocionalmente al espectador.

La luz entre los oceanos

No alcanza. No llega a la vida que late en la demoledora “Blue Valentine”, dirigida en 2010 por el mismo director. Después de aquel relato de amor y desamor que contagiaba, que era pura piel, es un error asumir que uno puede encontrarse en su nuevo trabajo con la misma intensidad o emocionalidad. Ya no arriesga igual que lo hizo entonces contándonos con pasión y con absoluto toque de realidad lo complicado de las relaciones personales y lo impredecible que puede ser su evolución.

Cierto es que Cianfrance ya nos dio un aviso con “Cruce de caminos” pero en esta ocasión, lo más recomendable es dejarse todas las expectativas en la puerta del cine y dejarse llevar por una película que al menos es entretenida y bonita de ver.

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