Train to Busan
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En los últimos años se han multiplicado exponencialmente el número de películas sobre los “infectados”, obras de calidad desigual que se han balanceado entre el género de terror y el apocalíptico. En todas ellas, la estructura es similar: una epidemia empieza a azotar a una localidad determinada y unos protagonistas corren y hacen lo necesario para sobrevivir, sucediéndose trepidantes escenas de acción. Train to Busan, escrita y dirigida por el coreano Sang-ho Yeon, se inserta perfectamente en este patrón y algunos podrán criticarle esta falta de originalidad. Pero no estamos ante una película más de zombis: el film juega con los clichés del género para forzarlos y salpicar la narración de comentarios sociales muy pertinentes.

Efectivamente, ésta es una película que ya hemos visto otras veces y cuyo desarrollo y desenlace no causará sorpresa. Y sin embargo, Train to Busan entrega algo particular, diferente. A nivel argumental, en esta ocasión la acción se centra en un tren en movimiento, el tren KTX que cubre el trayecto entre Seúl y Busan. La velocidad añade altas dosis de emoción a las escenas climáticas del film. A nivel discursivo, Sang-ho Yeon aporta su particular mirada sobre el mundo. El cineasta, en su primera película con personajes de carne y hueso tras una importante trayectoria en el cine de animación, mantiene su análisis de la actual sociedad del miedo en la que estamos inmersos, presente ya  en The King of Pigs (2011) o en su obra más destacada hasta la fecha, The Fake (2013).

Tren a Busan

De esta manera, el director utiliza la típica relación complicada paterno-filial, compuesta por un alto ejecutivo obsesionado con su trabajo y su pequeña y tierna hija, y una galería de personajes arquetípicos en este tipo de films, para hablar de nuestra sociedad y sus miedos, del individualismo que predomina en nuestras vidas y, sobretodo, de la necesidad de establecer lazos de solidaridad con los demás para (sobre)vivir. Es interesante comparar su alcance conceptual con el de su anterior película, Seoul Station (2016), con la que conforma un estimulante díptico.

Esta divertida y entretenidísima montaña rusa de acción nos muestra, con una cuidada puesta en escena y un gran sentido del ritmo, que el peor monstruo al que nos enfrentamos no está fuera sino dentro de nosotros mismos. Premiada en Cannes y en Sitges, es una buena opción para disfrutar de un atractivo entretenimiento.

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