Éternité
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Una eternidad. Ese es el tiempo que pasa al ver esta película. El nuevo film del director y guionista de origen vietnamita Tran Anh Hung adapta la novela de la escritora francesa Alice Ferney, L’élégance des Veuves [La elegancia de las viudas]. Fencey, escritora poco conocida en nuestro país, es autora de diversas obras que tratan sobre la feminidad, el amor o la maternidad. En esta novela, Ferney narra un sencillo relato sobre diversas generaciones de mujeres acomodadas, su felicidad en el matrimonio y la entrega hacia sus hijos. Su traslación a la pantalla grande es fiel a la obra original, tan fiel como simple, vacía y tremendamente aburrida.

El primer film en francés de la filmografía de Anh Hung, realizador de interesantes aunque irregulares propuestas como El olor de la papaya verde (1993), Pleno verano (2000) o Tokio Blues (2010), cuenta con tres de las actrices francesas más destacadas de la actualidad: Audrey Tautou (Amelie, Largo domingo de noviazgo), Mélanie Laurent (Beginners, Malditos bastardos), Bérénice Bejo (Destino de caballero, The Artist). Sin embargo, todas ellas están muy desaprovechadas, interpretando unos personajes planos cuyos diálogos suenan artificiales, carentes de naturalidad. El film comienza a finales del siglo XIX cuando Valentine (Tautou), aristócrata francesa se casa con Jules, la esquemática representación del concepto “el hombre de tus sueños”. Juntos tendrán muchos niños, no sé cuántos porque perdí la cuenta y el interés al cabo de media hora.  Todos ellos son preciosos, felices y no tienen problemas, salvo el inevitable de la muerte. Laurent y Bejo interpretan, respectivamente, a Mathilde y Gabrielle, dos mujeres más jóvenes,  que se dedican igualmente a tener hijos y a cuidar de ellos y de sus nobles maridos.

Efectivamente, en esta oda a la familia tradicional las protagonistas son mujeres abnegadas, orgullosas y felices de vivir para dedicarse únicamente a su familia. No hay narración, simplemente abrazos, besos y felicidad artificial. Eso es todo. Más que una película parece un anuncio de colonia o una campaña para incentivar la natalidad.

Sí, la fotografía de Ping Bin Lee es exquisita. Sí, algunos movimientos de cámara son muy estilizados. La dirección artística, el vestuario y el maquillaje son otros aspectos destacados. Pero no hay nada detrás de todo esto. Solamente están al servicio de una película trasnochada, vacía de contenido, sin emoción ni alma.

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