Marea negra
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El inestable Peter Berg al timón (Hancock, El último superviviente) y su nuevo inseparable actor solar, Mark Wahlberg, como remo protagonista. Así se presenta un film que recupera el desastre ecológico más grande de la historia norteamericana para introducirnos en un thriller con aires de apocalipsis y un toque de drama personal mustio. Contundente tensión constante. Híper-constante. Y, por supuesto, el mismo aceite para cocinar todas las historias trascendentes americanas: el heroísmo popular patriótico y familiar.

Todo emana de la realidad que sacudió las costas del Golfo de México el 22 de abril del 2010. Se destrozó el ecosistema existente. Se violó y secuestró la economía costera. Causó la muerte de miles de delfines y tortugas marinas. Y todo por obra y gracia de una extracción de petróleo bien permitida por Obama, ejecutada por una coordinación de British Petroleum y Halliburton, que acabó con cerca de 5 millones de barriles de petróleo flotando por el mar, como el Jack Sparrow más beodo. Seis años después, el relato ya está filmado y preparado para emitir. Un par de capas de éxito comercial, como los papeles principales para Whalberg (The fighter, Infiltrados) y Kurt Russell (Los odiosos ocho, Bone Tomahawk) como expertos en vaciado de plataformas marítimas petrolíferas. Y ya lo tenemos.

Así como con Interestellar nos tocaba bajar la cabeza y disfrutar ante la lluvia de teorías astrofísicas, con Marea Negra viajamos al mundo de la ingeniería. Desde los alaridos por los funcionamientos técnicos hasta los viajes visuales a través de cada conducto presente en la plataforma megalítica. Improbable de comprender pero agradable al consumir. Con ironía e ingenio inicial, la película circula del día a día costumbrista a una catástrofe híper-tensa. De los partidillos con pelotas hechas de papel entre operarios gordos y acomodados a la luz, el fuego y la destrucción. Incluso la encarnizada crítica a BP, con la descarada posición de antagonista, parece una apuesta interesante. Pero con el peso de lo innecesario se reduce su pertenencia. Por ejemplo, con el toque humanista de la familia de Mike Williams o los heroísmos exagerados finales.

Marea negra

Tarantino del petróleo

Con un Steve Jablonsky, el encargado musical, como especializado en épica (Transformers), la música te golpea sin guante y hace contigo lo que quiere. Es la encargada de poner artificio en una narración a golpe de grito. También es el exaltadora de esta ópera prima del crudo de petróleo brotando de aquí y allá, el sueño húmedo de un Tarantino enfangado. Y, por supuesto, la que mantiene la confusión permanente y eterna a las preguntas ‘¿hasta cuando durará el horror petrolífero?’ y ‘¿aún pasará algo peor?’.

Por lo tanto, el regusto final es el equivocado, que es el de un film visto mucho antes. Como una mezcla tecnificada de Armageddon y Titanic. Cuando en realidad es sorpresiva la buena mano a la hora de montar el 90% de la historia, de describir el proletario petrolífero (‘no sé si son tontos, pero no son inteligentes’ dice alguien) y de revalidar la figura de los hechos reales bien explicados. También nos quedamos con ganas de probar más Dylan O’Brien, que hace de Caleb y podría hacer de mucho más.

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