Alexandra Jiménez se pone en la piel de Inma, la mujer coraje de Ramón Arroyo. Como Dani Rovira cambia de registro interpretativo a 100 metros, aunque ella no lo piense. “Cada película es un mundo aparte”, nos dice.

Así como con Dani, contigo también estamos acostumbrados a verte asentada en el humor. ¿Sientes que con 100 metros abres una nueva etapa más dramática?

No. El que lo analiza desde fuera puede considerar que hay un cambio de género. Pero a mí cada vez me cuesta más hacer esa diferenciación. Por una razón básica: no la siento. Siento la diferencia entre los personajes y las historias, los tonos, los directores, los estilos… Cada película es un mundo aparte.

Pero precisamente porque cada película es un mundo aparte no considero que todas las anteriores correspondan en un mismo universo, en este caso, el humorístico. Tanto la comedia como el drama nacen de los mismos conflictos y atraviesan situaciones similares. Lo que las diferencia es el aderezo. Pero mi trabajo como actriz es ser el máximo de sincera que pueda con aquellos personajes o historias, independientemente de si se consideran más graciosas o dramáticas.

Alexandra Jiménez

Por lo tanto, ¿este papel no te ha reclamado más retos que los anteriores?

Todas cuestan muchísimo. Lo más difícil es aceptar que todo aquello hecho previamente no te servirá de nada. Tienes que entrar en un mundo desconocido. La historia es nueva, el personaje es nuevo, el director es nuevo.

En este nuevo mundo de 100 metros, has llegado a tal punto de interpretación que el mismo Ramón decía identificar a su mujer en ti. ¿Algún truco?

Sí, tener la inmensa suerte de contar con ella. Para todo. Desde antes de empezar a rodar. Conversaciones que iban desde la explicación del calvario vivido hasta anécdotas que no tenían nada que ver. De conocernos como mujeres. De darnos cuenta que teníamos muchas cosas en común. Y haberme dado cuenta que es una persona que admiro y que, de repente, es mi amiga.

Seguramente se ha dado el fenómeno del cambio de admiración. Ella ha explicado que lo hacía antes de conocerte y ahora tú lo explicas al revés.

Al cien por ciento. Y aquella sensación de la responsabilidad que nos pesa a la hora de interpretar a alguien real es ineludible. Pero nos han llevado de la mano con mucha generosidad y naturalidad. Y el hecho de conectar con todas las emociones conocidas durante el rodaje, lejos de ser una presión añadida, nos ha transmitido mucha seguridad y tranquilidad.

Después de una película y rodaje tan intenso, ¿te queda una huella especial?

Me queda una huella de elefante. Cuando acabé y me adentré en mi próxima película, Toc Toc, rodaje que ya hemos acabado también, fue muy chocante. Pero lo bonito de esta profesión es que este reducto queda para siempre. Y te ayuda a recordar la maravilla que significa trabajar como actriz. Esto ha sido más que rodar una simple película. Lo considero un acontecimiento vital: explicar la historia trepidante de alguien que te coge de la mano y te ayuda a explicarla.

Una vez dijiste que “cada rodaje es un máster”. ¿Qué has aprendido en este máster?

Varias lecciones. La primera, la lección vital de la historia explicada. Pero por otra parte, he aprendido, como actriz, a entender que es posible que un director crea totalmente en ti. Incluso para darte libertad más allá de lo que tú esperas. Marcel confiaba tanto en nosotros que llegábamos a dudar. “¿Cómo es posible que no me digas que esto lo estoy haciendo mal?” pensaba. Había una especie de “déjame a mí, que yo lo veo desde fuera, sé cómo tiene que ser, y es justo como lo estás haciendo” que nos inspiraba. Y desde esa tranquilidad él nos ha llevado hasta dónde ha querido.

Alexandra Jiménez

Además, tengo entendido que es muy cercano más allá de las cámaras.

Ni os lo imagináis. Ha habido un trabajo previo muy profundo, con nuestros ensayos y extensas conversaciones difusas antes de rodar. Y cuando he visto la película me he dado cuenta que él sabía perfectamente lo que hacía cuando nos regalaba aquel extra de libertad. Y nos ha convertido en una parte más creativa de lo que los actores acostumbramos a ser.

¿Qué pensaste cuando te llegó el papel?

Que soy una tía con mucha suerte.

Es cierto que no paras, especialmente en los últimos 3 años. Se puede decir que ‘no’ a algún papel en España?

Si por compromisos laborales te es imposible aceptar, se puede negar un trabajo. Pero si vives con la normal escasez de ofertas en el sector audiovisual, es más complicado. En cualquier caso, cada cual toma sus decisiones y arriesga más o menos en función de lo que le llega. Pero decir ‘no’ es extremadamente difícil en este sector. Ahora bien, en mi caso, aparte de la suerte que estoy teniendo a la hora de recibir llamadas, me han tocado proyectos magníficos. Me veo explicando historias de las que me hace muy feliz formar parte.

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