Blair Witch
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En 1999 Daniel Myrick y Eduardo Sanchez presentaban su Proyecto de la Bruja de Blair. Seamos sinceros, la película no era nada del otro mundo ni inventaba la rueda -eso del found footage ya lo habíamos visto antes- pero la épica de haber conseguido convertir en éxito comercial un film modesto hecho con cuatro duros, la elevó al podio de film imprescindible del género. Y ahora la ávida maquinaria generadora de secuelas y reboots de éxitos pasados ha sentido la necesidad de acercar a la Blair Witch a una nueva generación en un nuevo film que dirige Adam Wingard y que opta por repetirse y no esforzarse demasiado en innovar.

El hermano de una de las víctimas de la primera entrega (James Allen McCune) contacta con un chico (Wes Robinson) que asegura poder llevarle hasta el sitio donde encontró una de las cintas de vídeo grabada por el grupo de chicos desaparecudos años atrás.  Decidido a descubrir qué pasó y si hay alguna posibilidad de que su hermana siga viva, James convence a un grupo de amigos, Lisa (Callie Hernandez), Peter (Brandon Scott) y su novia Ashley (Corbin Reid), para adentrarse en los bosques de la bruja de Blair. Leyenda o realidad? Como el grupo anterior, se disponen a grabarlo todo y documentar su expedición. Pero a medida que avanzan por el bisque y cae la noche, empezarán a vivir sucesos extraños y sustos que les acabarán llevando por el mismo terrorífico camino que sus predecesores.

Blair Witch

Nuevos personajes, misma premisa, unos cuantos años más de avances tecnológicos y, sobretodo, la pérdida del factor sorpresa.

Sería fácil decir que “Blair Witch” es el resultado de poco más que coger una cámara en mano y echar a correr como un loco poseido de alucinógenos por el medio del bosque filmando un continuo de imágenes borrosas y movidas de ramas, hojas y suelo. Pero el despropósito de esta especie de secuela/reboot va más allá: añadamos un grupo de personajes repelentes y molestos que francamente deseas que la bruja se lleve bien lejos; unos toques modernillos metidos con calzador como la aparición de móbiles, GoPro y un dron que no tienen otra gracia ni sentido que añadir aún más perspectivas al conjunto de imágenes pseudocumentales; o una música estridente y altisonante de esas que parece que quieran agarrarte por el cogote y oblogarte a asustarte porque la trama por si sola no lo consigue.

Desposeida de la crudeza del realismo obligado por un presupuesto muy justo que tenía la primera película, esta nueva entrega de la bruja de Blair, intenta emular la estructura de la predecesora, pero solo consigue que se le vean las costuras de los retales y que resulte increible y absurda en buena parte del metraje..

Muy hacia el final consigue algun sobresalto y situación angustiosa para hacer gozar a los fans incondicionales del género, pero el camino hasta allí es tan tedioso que  probablemente ya habréis desconectado antes.

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