Maggie's Plan
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Del papel a la pantalla y del bolígrafo a la claqueta, la escritora y directora Rebecca Miller nos trae su obra más cómica, y es que no era muy difícil. Después de dramas más introspectivos como La balada de Jack y Rose e Intimidades, salta de su cómodo sofá para vestir un triángulo amoroso isósceles. Hipster y humildemente divertida. Los tres vértices, tres seguros: Greta Gerwig, Ethan Hawke y Julianne Moore. Película cargada e ingeniosa en el contenido, y no en el continente, visto y revisto millones de billones de veces. 

Por el indeciso mundo interno de la protagonista, Maggie (Gerwig), es por donde transita plácidamente este film 100% neoyorquino, de km0. Ella es una mujer ansiada de maternidad y arrinconada por una soltería muy bien llevada. Y, decidida a practicarse la fecundación in vitro, se ve atropellada por un amor del trabajo, de aquellos que en su cotidianidad se hacen irreductibles. Y a partir del complicado papel con ese hombre casado, el pretendido John (Hawke), tiene lugar el frenético y estrambótico baile de diálogos pedantes, filosofía de revista y ternura calentita.

Y como un metro que sólo puede transitar por la vía, la película sólo se mueve por Greta Gerwig, por ella y por su fisionomía, su habla y su atractivo emocional. – Cuántas líneas se escribirán a su mirada en obituarios cinéfilos? -. Ella, habituada al papel de rara avis conspiradora, puede ver truncada su naturalidad nada maquiavélica en esta historia. A pesar de ser el plan de Maggie, no es un plan, es una respuesta instintiva y, en realidad, la más benévola de todas. De la bondad y la preocupación bebe constantemente una historia que, como subtrama, se convierte en un canto a la amistad. Una amistad capaz de vestir con naturalidad dos individuos oliéndose el aliento en un street market de Nueva York.

Maggie's plan

“Get back JoJo”, The Beatles

Nada se calla y todo se dice. Obviedades sepultadas ni una, todas muy luminosas y altas. Puñales verbales y verdades secas acompañan este relato de intelectuales uppers con tormentos tan banales como los que aparecen a cualquier personaje de la serie Aïda. Personas capaces. Capacísimas. Rompiéndose en depresión por su propia invalidez grandilocuente. Suplicando amor. Un canto al “All you need is love” de The Beatles. O, en cierto momento de la historia, una aproximación al “Get back to where you once belonged/ Get back JoJo/ Go home” de Get back.

Con luz cálida en los interiores y refrescada en los exteriores, del amarillento al azuloso, el color va alternando. Fácil de reconocer para los instagramers, la calidez se menea con significados explícitos. Ternura y humanidad en casa, complicación y sociedad afuera. Gracias al buen trazo de la directora, la comedia seca, con aires de Baumbach y el maestro Allen, no se hace tan pesada como podría hacerse el tedio pretencioso de la conversación altiva de los protagonistas. Sobre todo del insoportable ingenio de John y Georgiette (Julianne Moore).

Pirotecnia y finura en la música, nos dejará, incluso, alguna canción candidata a la ducha (Bruce Springsteen – Dancing in the dark). Todo reunido y conducido al compás correcto. La película de Miller es tan sarcástica como un candidato a inseminador trayendo un ramo de flores maltrecho en el bolsillo. Así como los vestidos incesantes de Maggie, la narración está bien bordada en algodón, abriga y representa el imperante capitolio del modernismo. Respetable pasatiempo que, si bien muere en la sorpresa, te retoma en la empatía humana.

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