Scaramouche
8Nota Final

Dagoll Dagom vuelve a la carga con un nuevo musical, esta vez situado en la Francia revolucionaria de 1798, con una historia que mezcla lucha de espadas, injusticias, amor, aventuras y mucha diversión.

Nació con el don de la risa y la intuición de que el mundo estaba loco. Y ése era todo su patrimonio”. Éste es el inicio de la novela Scaramouche, de Gabriel Sabatini, publicada en 1921, y que es una de las mejores frases iniciales de novela que se han escrito, en mi opinión. Dagoll Dagom recoge este espíritu de diversión (y de otras muchas cosas) para hacer una puesta en escena fresca, divertida y dinámica, para explicarnos la vida de dos hermanos gemelos separados poco después de nacer: Louis y René.

Louis se ha convertido en el preceptor de Olympia, prometida del Marqués de Echalonne, y es un intelectual al servicio del poder que se ocupa de la biblioteca de Palacio. Está secretamente enamorado de Olympia, y ella le corresponde, pero ninguno de los dos es consciente de los sentimientos del otro.

René, en cambio es un vividor de talente que vive con una compañía teatral ( la commedia dell’arte entra aquí en juego y nos depara grandes momentos y números musicales dentro de la representación) y que es amante de Camila, joven actriz bella y sensual.

Sus vidas se reencuentran en París, donde Olympia y el Marqués deben casarse, y la compañía ambulante presentará su espectáculo en el teatro de los italianos.

Y todo esto, situado en una Francia convulsa donde la gente pasa hambre y se presiente la Revolución. Mientras tanto, Scaramouche, un héroe del pueblo enmascarado, va haciendo justicia y se erige en defensor del pueblo frente a los abusos de la nobleza y el clero.

Dagoll Dagom, bajo la dirección de Joan Lluís Bozzo y David Pintó, ha creado un gran musical. En todos los sentidos: una escenografía majestuosa y con todo lujo de detalles a cargo de Alfons Flores (Qué viva el poderío!), una música espectacular cargo de Albert Guinovart y con dirección musical de Joan Vives, actores y actrices que canten, bailan, luchan, juegan y se divierten, un vestuario acertadísimo ple de colores, plumas, pelucas, máscaras y floretes a cargo de Montse Amenós. En fin, que Scaramouche es un grandísimo musical en todas y cada una de sus partes. Y sobretodo se agradece que sea divertido, ameno, que no gane el drama, que la dinámica y la diversión para todos los públicos se haya tomado como punto de partida.

Los actores/cantantes/bailarines/espadachines (¡Qué grandes las escenas de lucha a espada en escena! Óle por Francesc Abós, Jesús Esperazan y Kike Inchausti) lo hacen muy muy bien, con mención especial para Iván Labanda, que recrea un marqués histriónico que parece diseñado a medida de sus gestos y caras, que nos repugna y nos divierte por igual, una fantástica Mireia Mambo que está francamente espectacular, que transmite energía y buen rollo cada vez que sale escena, con una voz maravillosa y (ayudada por Montse Amenós de vestuario, que ha cuidado cada detalle) una presencia escénica impactante. Toni Viñals como Scaramouche está más que a la altura, tal y como se merece tremendo personaje.

Yo no dejaría pasar la oportunidad de ver un musical muy bien hecho, muy entretenido, espectacular en su producción y que se nota que está hecho con esfuerzo y cariño en todo momento.

¡Y un gran aplauso para los músicos!



Teatro: Teatre Victòria
Web
Libreto: Joan Lluis Bozzo
Dirección: Nom del director
Intérpretes: Toni Viñals, Ana San Martín, Mireia Mambo, Ivan Labanda, Jordi Coromina, Clara Moraleda, Albert Mora


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