Como era de esperar, uno de los títulos más esperados de esta Mostra, ‘Voyage of Time: Life’s Journey’, el ambicioso proyecto de Terrence Malick sobre la historia del universo ha provocado división de opiniones. El chileno Pablo Larraín debuta con éxito en el cine USA con ‘Jackie’. El francés Stéphane Brizé sorprende con la excelente ‘Une vie’.

Y llegó el día de la presentación de la esperada película sobre la historia del universo de Terrence Malick. Desde que hace años se conoció la existencia de este proyecto, no ha habido edición del festival de Cannes, Venecia o Berlín en la que no se haya rumoreado que por fin se podría ver Voyage of Time: Life’s Journey; una historia del universo desde el Big Bang hasta lo que sea que le depare el futuro, contada en 90 minutos y narrada por Cate Blanchett. Ésa es su ambición. Y en gran parte, está a la altura de lo que se propone.

Voyage of Time: Life’s Journey

Voyage of Time: Life’s Journey’ es una absorbente sucesión de imágenes, sonidos y música, sin diálogos y con la voz en off de Cate Blanchett que interpela a la madre naturaleza, con unas intenciones más poéticas que explicativas o didácticas. Algo así como una versión más larga y ambiciosa de la primera parte de ‘El árbol de la vida’, dinosaurios incluidos.

En ‘Voyage of Time: Life’s Journey’, Malick opone la capacidad del universo, de la naturaleza, para la creación, la destrucción y la regeneración de forma armónica y equilibrada frente a lo que el ser humano es capaz de hacer al prójimo y a su entorno. Para ello busca el contraste entre las bellas y ultraperfectas imágenes con las que refleja la evolución natural, fruto de la combinación de imágenes reales grabadas por todo el mundo y los efectos especiales supervisados por Dan Glass y las imágenes de formato casero de los rituales budistas en Indochina, primaveras árabes o un grupo de sintecho. El resultado es visualmente deslumbrante.

Voyage of Time: Life’s Journey

Además de esta versión de 90 minutos que se ha podido ver en Venecia, existe otra versión de la película de 45 minutos, más didáctica y narrada por Brad Pitt, creada para ser mostrada en cines IMAX.

Una de las sorpresas agradables de la competición de esta edición de la Mostra de Venecia ha sido la gala ‘Une vie’ dirigida por Stéphane Brizé (‘La ley del mercado’), adaptación de la novela de Guy de Maupassant, protagonizada por Judith Chemla, Jean-Pierre Darroussin y Yolande Moreau.

La vida que da título a la película es la de Jeanne le Perthuis des Vauds, al principio una aristócrata inocente y llena de sueños recién salida del convento, que 27 años más tarde y a pesar de los momentos amargos y trágicos que le toca vivir no pierde su fe en la humanidad. Jeanne es en cierta forma, la última representante de un tipo de aristocracia representada por unos valores y unas formas de vida condenadas a desaparecer.

Judith Chemla

Brizé cuenta la vida de Jeanne única y exclusivamente desde el punto de vista de su protagonista. Un planteamiento riguroso que le obliga a cambiar algún hecho de la novela, pero sin traicionar su espíritu. Y atrapa al espectador con ella y con su vida. Brizé rueda ‘Une vie’ con un formato de imagen casi cuadrado 1,33 y cámara en mano, casi exclusivamente a base de planos medios o primeros planos que pegan al espectador a los rostros de los actores y los encierran con ellos.

Une vie’ es una película de época, está ambientada a principios del siglo XIX, pero evita cualquier tipo de academicismo o clasicismo en su planteamiento.

Une vie

Brizé estructura ‘Une vie’ a base de continuos saltos temporales: flashbacks, flash-forwards, flashbacks dentro de otro flashback… Una estructura compleja, pero fácil de seguir para el espectador, que unida al continuo y brusco uso de elipsis y la ausencia de planos de contexto o el juego plano/contraplano en las conversaciones le aportan un pulso narrativo firme y contundente.

Tras haber presentado en mayo de este mismo año ‘Neruda’ dentro de la programación de la Quincena de Realizadores de Cannes, Pablo Larraín ha presentado Jackie, su primer proyecto estadounidense, en torno a la figura de Jackie Kennedy, interpretada de forma brillante por Natalie Portman, que aprovecha al 100% la oportunidad que se le brinda.

Jackie Natalie Portman

Más estudio de personaje que biopic al uso, el guión de Noah Oppenheim se centra en el relato subjetivo de las horas y días posteriores al asesinato de JFK, partiendo de las conversaciones que la joven viuda mantiene con un periodista, interpretado por Billy Crudup, y un sacerdote, John Hurt, y su lucha para dar un fin a la altura de las expectativas a su reinado en Camelot.

Larraín logra un retrato de un personaje fascinante, combinando hábilmente, como ya hizo en ‘No’, imágenes de archivo con el material rodado para la película. Un personaje que en unos minutos pasa de ser la primera dama a la viuda de América a los 34 años. Una joven obligada a sobrellevar su dolor, a ser madre y lograr que el legado construido a lo largo de varios años de cuidada puesta en escena, el reino de Camelot, y con él, su futuro, no queden en agua de borrajas.

Jackie’ encuentra un equilibrio complicado entre la intimidad del personaje y los aspectos más mundanos de la crónica social, utilizados de forma hábil por la propia Jackie Kennedy para construir su imagen, a pesar de estar salpicada por algunos momentos en los que prima un morbo innecesario (recreación del atentado, discusiones en torno a la autopsia) y una banda sonora de Mica Levi demasiado solemne.

Tras sorprender hace dos años con ‘Una chica vuelve a casa sola de noche’, un spaghetti western de vampiros iraní según la definieron sus creadores, presentado en el Festival de Sundance y premiado en el de Sitges, Ana Lily Amirpour, ha presentado en la competición del festival de Venecia The Bad Batch protagonizada por Suki Waterhouse, Jason Momoa, Keanu Reeves, Giovanni Ribisi y un Jim Carrey, irreconocible y mudo.

Suki Waterhouse The Bad Batch

La película se ambienta en un mundo desértico y distópico, un inmenso campo de reclusión en el que el gobierno de los Estados Unidos encierra a las personas no aceptables por la sociedad, un nuevo salvaje oeste caníbal para las personas del ‘lote malo’ al que hace referencia el título.

A pesar de un planteamiento prometedor y un puñado de muy buenas ideas, Amirpour se ensimisma en su atmósfera, en su mundo turbio y sin reglas, y ‘The Bad Batch’ va perdiendo el pulso a medida que avanza su metraje y a falta de una acción que la reanime, no consigue que su  extraño cuento apocalíptico con toques románticos funcione.

La desolación de Nick Cave

Andrew Dominik, el director neozelandés de ‘El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford’ y ‘Mátalos suavemente’, ha presentado fuera de concurso el documental One More Time with Feeling, rodado en blanco y negro y en 3D, en torno a la grabación del nuevo disco de Nick Cave & The Bad Seeds, ‘Skeleton Tree’.

One more time with feeling Nick Cave

One More Time with Feeling’ es el resultado de un pacto. Cave, que colaboró con Dominik en ‘El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford’ encargó al director neozelandés un documental sobre la grabación de su nuevo disco, como una forma de canalizar su dolor por la muerte de su hijo ocurrida unos meses antes. Como una forma de poder mostrar a sus fans su situación y evitar hacer una entrevista tradicional. Dominik aceptó el reto, pero pidió libertad total para poder grabar lo que quisiera durante 10 días. Cave la posibilidad de vetar el montaje final, si no lo parecía adecuado.

En la primera hora de ‘One More Time with Feeling’ vemos las actuaciones de la banda en el estudio magníficamente rodadas aprovechando los posibilidades de inmersión que brinda el 3D y sin caer en ningún momento en la estética videoclipera, intercaladas con las reflexiones de Cave sobre la creación artística e imágenes de su esposa, Susie, y su hijo Earl.

Pero hay un momento en el que surge de forma explícita la muerte de su hijo. Se menciona su nombre y su muerte. Y a partir de ahí, Nick Cave se desnuda emocionalmente en una catarsis tan sincera y profunda como emocionante.

También se ha presentado fuera de concurso, ‘Austerlitz’, lo más nuevo del director ucraniano Sergei Loznitsa tras sus trabajos sobre la revolución de su país, ‘Maidan’, o el golpe de estado fallido en la URSS de 1991 en ‘The Event’.

Austerlitz

En esta ocasión coloca su cámara fija en varios puntos de un campo de exterminio nazi y graba a los turistas que pasan delante de ellas, algunos solos, otros en familia, muchos en grupo con su guía, mientras casi todos se hacen fotos, con o sin palito de selfie, observan o simplemente siguen hacia delante como si tal cosa.

Las imágenes de Loznitsa son aparentemente tan neutras, como delatoras en el fondo. El turismo de masas que al introducir estos lugares de barbarie en sus circuitos, por un lado consigue que no se olviden, pero por otro banaliza la historia y los crímenes que ocurrieron en ellos. Loznitsa plantea qué es lo que lleva a una persona a querer hacerse fotos en lugares de horror, crímenes y tragedia. Aunque sometidos al test de Loznitsa, ¿quién pasaría el examen? ¿lo pasaría él mismo?

Ahora sólo nos queda esperar a que alguien haga la secuela, ‘Austerlitz 2.0’, con los comentarios de esos turistas y sus amigos y followers cuando comparten esas fotos en las redes sociales.

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