El debut como director de Raúl Arévalo, ‘Tarde para la ira’, presentado con éxito en la sección Orizzonti, es la única película española presente en esta edición del festival. Tom Ford con ‘Nocturnal Animals’ y la compañía de Amy Adams, Jake Gyllenhaal y Michael Shannon no consigue el éxito de ‘Un hombre soltero’. La chilena ‘El cristo ciego’ es un interesante film a concurso sobre la necesidad de la fe.

La única película española presente en esta edición de la Mostra veneciana es Tarde para la ira, el debut en la dirección del actor Raúl Arévalo, que compite por el premio Orizzonti, segunda sección en importancia del festival, en la que se presenta, al menos en teoría, el cine más innovador y arriesgado.

Protagonizado por Antonio de la Torre, Luis Callejo y Ruth Díaz, ‘Tarde para la ira’ es un thriller violento e intenso, crudo y seco, magníficamente dirigido e interpretado, que llega a recordar en sus formas a la trilogía ‘Pusher’ de Nicolas Winding Refn.

Raúl Arévalo ambienta esta historia en barrios obreros y pequeños pueblos de la meseta castellana. Localizaciones que el cine español ha utilizado sobre todo para el cine social, pero que el director debutante convierte en escenarios perfectos para esta historia de venganza y personajes llevados a situaciones límite. En ‘Tarde para la ira’ los bares son como los de toda la vida. De partida de mus y máquina tragaperras. De palillo y purito. En sus casas hace años que no entra un mueble nuevo. No hay lugar para Ikea. La música que oyen sus protagonistas es española y en español. Faltaría más. No hay espacio para hipsters, hippies, indies y asimilados. Raul Arévalo se mueve como pez en al agua en la España más cañí.

Tarde para la ira Raúl Arévalo

Tarde para la ira’ es directa, concisa, seca. No se pierde por las ramas. Su violencia duele. Sus giros argumentales son consecuentes y honestos. Y cuando busca la comedia, la encuentra. Raúl Arévalo trae a la pantalla la crónica de la España negra y consigue hacerla plenamente actual en un debut muy prometedor.

El chileno Christopher Murray se estrena en la competición principal de este festival, con El Cristo ciego’, su segunda película de ficción como director. Una historia sobre la necesidad de la fe, de un dios sin iglesia, ambientada en el desierto del norte de Chile. En ella, Michael, tras haber tenido lo que según él es una revelación divina, se embarca descalzo en una peregrinación por el desierto en busca de un amigo con la intención de sanarle con una cura milagrosa.

Murray construye la película en base a parábolas, milagros y escenas que remiten a episodios de la vida de Jesucristo. Algo similar a una puesta al día de los evangelios para crear uno nuevo para un nuevo cristo.

El cristo ciego

Con un reparto compuesto íntegramente por actores no profesionales,  Murray acompaña a Michael en su peregrinación de pueblo en pueblo, mostrando una de las zonas más pobres de Chile y en la que a falta de otra cosa, la fe ejerce el papel de consuelo para el que no tiene nada más a que agarrarse.

Una premisa sugerente, apoyada por un planteamiento visual sugerente (un nuevo evangelio y un nuevo cristo necesitan una nueva imaginería), que no logra alcanzar las alturas que apuntaba en su inicio por el tono uniformemente solemne de toda la película. La película se podrá ver en la sección Horizontes Latinos del Festival de San Sebastián.

El estadounidense y antiguo diseñador de moda, Tom Ford, sorprendió en la edición de 2009 del festival veneciano con ‘Un hombre soltero’, un notable drama sobre un profesor universitario homosexual que debe afrontar la pérdida de su pareja en los años 60, por el que Colin Firth ganó la Copa Volpi y una nominación para el Oscar.

En esta edición compite en la Mostra con Nocturnal Animals’, adaptación libre de la novela ‘Tres noches’ de Austin Wright protagonizada por Amy Adams, Jake Gyllenhaal y Michael Shanon.

Nocturnal Animals Amy Adams Jake Gyllenhaal Tom Ford

Nocturnal Animals’ se estructura en 3 subtramas. Por un lado, una rica galerista de arte en crisis (Amy Adams) aislada en su mansión de California. Por otro, la del libro ‘Nocturnal Animals’, escrito por su primer marido y que éste le envía antes de su publicación, una historia violenta y sórdida en el Texas profundo. Y en tercer lugar, el recuerdo de la relación con éste en Nueva York que desembocó en su primer matrimonio.

Tres subtramas que a pesar de los empeños de Ford no encajan. El juego de referencias, relaciones y amenazas se intuye, pero Ford no consigue cohesionar los relatos, no se complementan y no acaban de funcionar en conjunto. Crisis, amenaza e ilusión no acaban de conectar. Ford, a veces de forma obvia y artificiosa, crea puntos de enganche en las transiciones de una a otra subtrama, pero a falta de vínculos a nivel narrativo y dramático, se quedan en meros recursos formales.

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