‘La La Land’, la nueva película del director de ‘Whiplash’, ha sido la encargada de inaugurar la 73 Mostra Internacional del Arte Cinematográfico de Venecia. Una puesta al día de los grandes musicales del Hollywood clásico, protagonizada por Emma Stone y Ryan Gosling, llena de romanticismo, de nostalgia, de magia, de jazz y de melancolía. Tal y como ocurrió en 2013 con ‘Gravity’ y en 2014 con ‘Birdman’, la inauguración del Festival de Venecia vuelve a poner a una película entre las favoritas para la carrera de los premios y claro, los Oscar.

No lo tenía fácil Damien Chazelle tras el éxito de ‘Whiplash’: multipremiada en el festival de Sundance de 2014, presentada con éxito en la Quincena de Realizadores de Cannes y merecedora de 5 nominaciones a los Oscar, incluida la de mejor película, y 3 galardones, entre ellos el de mejor actor secundario para J. K. Simmons, que hace poco más que un cameo en ‘La La Land’.

En ‘La La Land’, el director norteamericano sigue en terreno familiar. Sigue en el género musical y alrededores. Como en ‘Guy and Madeline on a Park Bench’ y en ‘Whiplash’. Pero sin repetirse. Cada vez buscando nueva variantes y nuevas posibilidades al género. Su ópera prima, su trabajo de graduación por la universidad de Harvard, ‘Guy and Madeline on a Park Bench’, es un musical con aires de la Nouvelle Vague o del indie USA previo a la fórmula de Sundance. ‘Whiplash’, algo parecido a un thriller en torno al mundo de la música. Y ‘La La Land’ es una puesta al día de los grandes musicales de la época dorada del género en Hollywood (‘Cantando bajo la lluvia’, ‘Un americano en Paris’) o de Jacques Demy y ‘Los paraguas de Cherburgo’ o ‘Las señoritas de Rochefort’.

La La Land’ cuenta la historia de amor de Mia (estupenda Emma Stone), una aspirante a actriz que trabaja como camarera, y de Sebastian (impecable Ryan Gosling), un músico de jazz que no está dispuesto a vender su talento, en el Los Ángeles actual (habrá que atribuir uno de los LA del título a la ciudad californiana), la ciudad de los sueños y las estrellas.

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La película tiene un inicio fulgurante, tras un plano inicial en formato 4/3 y blanco y negro que se transforma en un scope a todo color (toda una declaración de intenciones), arranca una comedia romántica llena de chispa e ingenio y con unos magníficos números musicales rodados en plano secuencia o casi. Nada que ver con el musical moderno de Hollywood que cubre las carencias de algunos de sus intérpretes a base de montaje.

A medida que avanza la película, esta comedia descaradamente romántica llena de divertidos encuentros y desencuentros (homenaje a los 80 incluido), de quimeras e ilusiones, se acaba transformando en casi un drama. Cuando algunos sueños se convierten en compromisos y entran en conflicto la integridad artística con el proyecto de vida personal. La necesidad de cumplir los sueños frente a una realidad que parece tener otros planes. O no. Y de repente los números musicales desaparecen, los conflictos, las dudas y las angustias no se cantan, se cuentan y la película pierda su chispa y su originalidad, para recuperarlas, afortunadamente, en su melancólica parte final en la que vuelve a surgir la música.

La la land Damien Chazelle Emma Stone

Porque la música es clave en ‘La La Land’ y la banda sonora llena de aires de jazz compuesta por Justin Hurwitz, que ya colaboró con Chazelle en sus dos películas anteriores, las letras de Benji Pasek y Justin Paul y las coreografías de Mandy Moore funcionan a la perfección. Poco importa la voz ronca de Emma Stone o que Ryan Gosling ande escaso de voz y no sea el mejor bailarín del mundo. Su carisma y su química lo suplen más que de sobra.

Chazelle logra dotar a ‘La La Land’ de una atmósfera mágica, un mundo en el que cualquier cosa es posible, en parte por la forma en la que utiliza los escenarios en los que rueda: exteriores fotografiados como si fueran decorados, decorados que son parte de la vida habitual de su protagonista (Mia es camarera en una cafetería de los estudios Warner). Nada parece 100% verdad, pero todo parece posible. Como que una conversación se convierta en una canción o un paseo en un baile.

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