Todos los cinéfilos de pro tenemos nuestra lista perfectamente interiorizada de grandes clásicos del cine bien a punto parar responder cuando nos preguntan cuáles son nuestras películas favoritas. Pero después están esas otras, menores si uno quiere, que son las que guardamos para foros menos académicos y que son las que en realidad hemos devorado incansablemente un montón de veces. Bien, una de las mías es “Casi Famosos”, de Cameron Crowe. Por eso cuando supe que el director californiano había creado una serie sobre una banda de rock y el grupo de personal que les sigue en su gira, me lancé a por ella de cabeza. “Roadies” es el nombre de esta apuesta de Showtime que hemos podido ver este verano.

Vaya por delante, pero, que este es uno de esos casos en los que las expectativas (totalmente subjetivas, seguro) se han visto estrelladas contra la realidad. Y es que “Roadies” no llega a cumplir con lo que a priori parecía prometer. Al menos por su tono errático, frustrará a quien hubiera podido esperar con interés una serie sobre el mundo tras el escenario del rock.

¿De qué va?

Staton-House Band es uno de los grupos de rock del momento, liderado por Christopher House (Tanc Sade) y Rick Bayless (Christopher Backus). Embarcados en una exitosa gira que les lleva por todo Estado Unidos, a la banda la siguen por carretera todo el personal que hace posible sus directos. Entre ellos están Bill (Luke Wilson) y Shelli (Carla Gugino), los managers de la banda y la gira, Donna (Keisha Castle-Hughes), la técnico de sonido, Milo (Peter Cambor), probador de guitarras y músico frustrado que no consigue despuntar con su propio grupo, los hermanos Kelly Ann (Imogen Poots) y Wesley (Machine Gun Kelly), dos roadies encargados de montar, desmontar y hacer malabares para que todo esté siempre a punto, Puna (Branscombe Richmond), responsable de la seguridad, y también Reg (Rafe Spall), un consultor obsesionado con que los números cuadren.

Mientras saltan de ciudad en ciudad preparando los conciertos, presenciaremos sus vidas y conflictos personales, cómo llevan la rutina en la carretera, y los mil imprevistos a los que deben enfrentarse para conseguir que todo funcione: desde groupies locas, a las excéntricas personalidades de los miembros de la banda, los esfuerzos contrarreloj para conseguir teloneros o la amenaza de perder el trabajo en la próxima parada.

 

Roadies Showtime

¿Quién hay detrás?

Cameron Crowe, el director de ‘Casi famosos’, ‘Jerry Maguire’ o ‘Solteros’ es el creador, productor y guionista de los 10 capítulos de “Roadies”. El californiano siempre ha estado muy ligado al mundo de la música. De joven trabajó como periodista y crítico musical en diversas publicaciones, incluida Rolling Stone, ha dirigido videoclips, escrito notas para los contenidos de discos de gente como Bob Dylan, Tom Petty o  Lynyrd Skynyrd, y realizado documentales sobre Pearl Jam o Elton John, entre otros.

Por toda esta trayectoria, la música siempre juega un papel especial en sus creaciones y se le supone conocimiento y especial amor por todo lo que envuelve el universo del rock y las bandas. Con todo, esta es su primera aventura televisiva pero la ha querido dedicar al mundo que le apasiona.

También han apostado por la serie Bryan Burk y el omnipresente J.J. Abrams a través de la su compañía  Bad Robot, como productores.

En el cast encontramos caras conocidas como las de Luke Wilson, Carla Gugino, los británicos Imogen PootsRafe Spall o la nominada al Oscar Keisha Castle-Hughes que ahora también vemos en Juego de Tronos.

Roadies Showtime

Principales problemas

Buena idea, mala puesta en práctica podría ser el resumen de lo que es “Roadies”. El mundo en el que se centra puede dar para muchas historias y personajes interesantes que a los melómanos nos hubieran enganchado sin remedio. El principal problema de la serie es que al ponerse a escribir, Crowe se ha perdido en un mar de historias desenfocadas, tramas esperpénticas y personajes mal dibujados.

Con todo ello echa por tierra los pocos momentos entrañables y didácticos en los que uno sí se encuentra con el cúmulo de cosas que pueden pasar tras el telón del escenario y que podría cautivar a cualquier fan de la música. Porque sí, hay anécdotas sobre bandas legendarias, un esbozo de todo el esfuerzo técnico y humano que requiere poner en marcha una gira de conciertos, los mil conflictos que debe resolver un tour manager, las personas y momentos que inspiran grandes canciones,… diversas referencias y una banda sonora estimable que aparte de varias canciones escoge para cada capítulo una “canción del día”.

Así, cuando la serie se centra en la música, tanto en la vertiente más pragmática como en la relativa a los sentimientos, gana enteros. Pero estas virtudes se ven ahogadas por las tramas de unos guiones estirados (inicialmente la idea era que los capítulos durasen 30 minutos pero finalmente son de casi 1 hora 1 hora), que abordan desde extraños rituales para vencer supersticiones, el viaje alucinógeno de un crítico de la banda o conflictos personales muy sobrantes de los miembros del equipo.

Un equipo que está integrado por personajes mal descritos, con motivaciones estrafalarias y que actúan e interactúan de forma contradictoria, plana o incluso esperpéntica. Por no mencionar casos directamente vergonzantes como los que protagoniza una groupie obsesiva que se dedica a colarse en el backstage siempre que puede para protagonizar toda clase de escenas ridículas.

Personajes y situaciones pues, fallan estrepitosamente a la hora de generar ninguna empatía que haga que te importe lo que les pase a cada uno de ellos. Y el conjunto de la serie acaba resultando más un max-mix, un compendio de anécdotas, que una composición con una trama bien trabajada.

¿Os la recomendamos?

Muy a mi pesar, os diré que no demasiado. Personalmente me ha dejado una sensación bastante decepcionante. Aquella que te queda cuando esperabas una serie con ganas, expectativas y el conocimiento de estar ante un tema con gran potencial, pero en el resultado final los defectos pesan más que las virtudes. En todo caso, para los más atrevidos y amantes de la música con curiosidad por mirar tras la cortina, podéis echar un vistazo a un par de capítulos para comprobar si en vuestro caso lo positivo compensa a lo negativo.

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