Infierno azul
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Tras perder a su madre enferma de cáncer, Nancy Adams (Blake Lively) decide apartarse del mundo en una playa que descubrió su madre. Lo que tendría que haber sido un plácido día de playa para pensar, se convierte en un reto mental y de supervivencia cuando Nancy es atacada  por un gran tiburón blanco.

¿Se acuerdan del póster de Tiburón? Pues por fin llega la película sobre la chica que aparece en él dirigida por Jaume Collet-Serra. La chica se llama Nancy Adams y está interpretada por Blake Lively en un papel parecido al de su actual marido, Ryan Reynolds, en Buried.

Películas como Cast Away con Tom Hanks o All is lost con Robert Redford nos han demostrado que con muy poco diálogo o directamente nulo, respectivamente, se puede contar una historia de supervivencia relacionada con el mar. Pero aquí el guionista Anthony Jaswinski decide llenar literalmente cada escena con palabras, palabras y más palabras. No nos permite, pues, ningún momento de suspense por saber qué hará la protagonista, esos momentos imprescindibles en el cine en que el personaje está haciendo algo que no entendemos claramente hasta el final de la secuencia, pues el personaje de Lively ya se explica a ella misma de manera muy poco convincente todo lo que va a hacer.

Infierno azul

Esto afecta sobremanera a la actuación de la actriz, quien, aun con sus mejores intenciones interpretativas, no es capaz de aguantar un guión tan explotado y rebosante de palabras. Así, aun siendo convincente en varias escenas iniciales, finales y de silencio, todo ese extenso diálogo innecesario le hace perder credibilidad y fuerza. El público disfruta de grandes escenas de acción, pero pierde el tiempo en otras deseando que la protagonista deje de hablar. Lo peor es que, cuando el guionista hace que la actriz hable con el tiburón e incluso con un pájaro, da la impresión de que él cree que lo está haciendo bien y haciéndonos un favor, sin darse cuenta del daño que hace al film.

Por supuesto, esto es algo que también tendría que haber tenido en cuenta el director, Jaume Collet-Serra, pero se le disculpa gracias a su magnífico uso de la cinematografía y la realización de escenas francamente memorables. Nos sorprendió ya con Sin identidad y Sin escalas, películas con una gran idea y desarrollo pero que hubieran sido un fiasco sin su magnífica dirección. Aquí hace lo mismo, pero con más mérito, puesto que es capaz de hacer (con la ayuda de Blake Lively) que un guión tan malo se convierta en una historia de superación personal con la excusa de un tiburón.

No hace falta decir que, por supuesto, nunca se llega a entender qué tiene el animal en contra de la protagonista y por qué tiene esa hambre feroz de carne humana, pero la agilidad y el ritmo de Collet-Serra permite olvidarnos de todo lo malo y disfrutar de Infierno Azul como el producto de puro entretenimiento que es.

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