Hace calor. Estoy en la terraza de un bar. Levanto la mirada y sonrío. Llegan los protagonistas. Un hombre muy alto de mirada tierna. Una chica con el encanto de una belleza italiana. Dos profesionales que acaban de estrenar una obra fantástica. Dos amigos que han accedido a que los entreviste con una ilusión casi infantil. Enciendo la grabadora.

¿Cómo surgió la idea de Joana 2015: BATALLA CAMPAL?

Pablo: En honor a la verdad, este espectáculo debería llamarse Joana 2014. Es un espectáculo que tenía ganas de hacer desde hace bastante tiempo. De hecho, todo empezó con Raquel Ferri. La había tenido como alumna en 1º de l’Institut del Teatre, y volví a tenerla en 3º y fue ella la que vino a buscarme. Había visto una obra mía que tuvo bastante éxito, “Paisaje sin casas”. Un día, al salir de clase me dijo que quería hacer un espectáculo conmigo. Le dije que me parecía perfecto y que haríamos una Juana.. La idea la atrajo y yo sólo le puse dos condiciones: La susodicha temática y, segunda, que trabajase mucho.. Automáticamente me puse en contacto con Ester Villamor y Javier Gamazo y la primera reunión ya la hicimos conjuntamente. Desde entonces, hemos recorrido un camino largo, intenso y muy gratificante pero quien inició este proceso, la primera en llamar a la puerta y quien ha sostenido este proyecto con esfuerzo, trabajo, trabajo y más trabajo y con su ilusión inquebrantable fue Raquel Ferri, la actriz.

¿Cuánto tardaste en escribir el texto?

Pablo: El texto primordial no existía. De hecho, el último trozo no lo escribí hasta una semana antes de la parada de vacaciones. Nos fuimos todo agosto y, poco después de la vuelta, estrenamos. Estoy en un momento en el que mi proceso de escritura podría llamarse de “dramaturgia total”.

¿Dramaturgia total?

Pablo: Sí. Quiero decir que la dramaturgia implica una totalidad. Implica el trabajo del actor, del director, del espacio, de la música… Siendo la dramaturgia, básicamente, el proceso de construcción de las ideas, el texto puede llegar en un estado muy avanzado de los ensayos, muy a última hora. Lo que hicimos es, principalmente, un trabajo de exploración. Una amiga, que también es escritora, me comentaba, refiriéndose al espectáculo: “¡Qué transiciones de texto tan complejas!”. No lo fueron en absoluto. No tuve que inventar nada. Todo el mundo iba proponiendo cosas, ejercicios, ideas y todo fluía de manera natural. Yo proponía textos sobre la temática, biografías sobre Juana de Arco, los juicios de Juana de Arco, novelas sobre el tema… También “el cántico de las criaturas” de San Francisco de Asís (un poema que me fascina últimamente) y el “Somnium Scipionis” de Cicerón. Los leíamos e improvisábamos sobre esto. Se proponían acciones, músicas… Fue un tipo de creación conjunta, un proceso nada violento en el que el texto sólo era un apartado más. Necesario, sí, pero no imprescindible para trabajar.

Ester, como directora del espectáculo. ¿Qué piensas cuando se te propone la idea? ¿Cómo afrontas el proceso de dirección?

Ester: Yo estaba ensayando como actriz “la gent molesta” y Pablo, tal y como lo ha contado, vino a verme. “¿Querrías dirigir una Juana de Arco? Conozco una actriz. Creo que podríais quedar y podríamos hablar del tema.” En el primer momento, no reaccioné con la sorpresa que la propuesta me causó. Después, en privado, sí. Que mi maestro, el que me ha introducido dentro del mundo de la dramaturgia, venga a buscarme para dirigir un espectáculo suyo…

Emocionante. ¿Verdad?

Ester: Te lo puedes imaginar. Ya de por sí, la idea me entusiasmaba. Y el personaje, por supuesto. Aún así, tuve que aprender a trabajar de manera diferente, a huir de la dirección preconcebida, del papel rígido del director de escena. Tuve que observar, escuchar, encontrar mi sitio, mi encaje en un proceso de creación que, como explica el autor, huye de la convencionalidad lineal a la cual estamos acostumbrados. No se trataba de la típica jerarquía académica. Aquí, no sabes dónde termina la dramaturgia y empieza la dirección. Todo se difumina. Todo el mundo participa del proceso, cada uno desde su propio campo, evidentemente, pero es un cúmulo de visiones que se van fusionando. No tengo la sensación de ser la directora. De ninguna manera. Creo que esto es el proceso creativo de cuatro individuos que se han juntado para crear algo.

Uno de los aspectos que más sorprende de este espectáculo es el trabajo del espacio. ¿Cómo se consigue que, con un presupuesto mínimo, se construya un espacio que trasciende la sala?

Ester: Primero de todo, hay un gran trabajo con los objetos, Todo el material con el que fuimos investigando pertenece al pasado de la propia actriz. No sabes, entre Raquel y Joana, dónde empieza una y termina la otra. Investigábamos el objeto, despertábamos la memoria, la emoción que esto suscitaba en la actriz. Investigamos sobre materiales, cómo enfocarlos… Siempre desde la óptica del juego.

Pablo: Además, yo, actualmente, me encuentro inmerso en una batalla personal para recuperar la palabra en el teatro. Por diferentes motivos, sobretodo por culpa del cine, al teatro se le ha extirpado uno de los recursos más importantes de todas la épocas. Shakespeare es palabra. Los griegos son palabra. Con la palabra se genera todo, la acción, la sangre, la violencia, el amor… Cosas consideradas obscenas, que no podían ocurrir sobre el escenario (tenían que suceder ob skene). Este tipo de trabajo hay que construirlo desde la consciencia absoluta del actor dentro del espacio que ocupa. Su capacidad de construir el espacio con el cuerpo, con los ojos, con el olfato, con todo su ser, es la que conseguirá mostrar, transmitir este mismo espacio a los espectadores. Es el efecto de las “células espejo” que hacen que cuando ves un actor viviendo un espacio muy definido, la imagen de ese espacio te llega nítida y clara.

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Imagino un trabajo de perfeccionamiento muy intenso.

Ester: ¡Y tanto! Algo que nos ha permitido trabajar de esta manera es no tener que preocuparnos de la fecha de estrena, no tener prisa y centrarnos sólo en el trabajo y en conseguir el resultado que deseábamos.

Pablo: En efecto, una de las primeras cosas que le comenté al principio es que empezaríamos a trabajar y que terminaríamos cuando terminásemos, no cuando nos lo impusiera un calendario. Si nos hubiésemos centrado sólo en un resultado público, en cumplir con una agenda…

Ester: No hubiéramos llegado dónde hemos llegado.

¿Por qué creéis que ésta es una obra necesaria? ¿Qué creéis que extrae la gente que viene a verla?

Pablo: Aporta dos cosas especialmente importantes. La primera es que es un espectáculo que nos habla de la pureza, y todos sentimos necesidad de ella. La segunda es que no hace ningún tipo de concesión a la simplicidad. Es una obra transparente, pero que es poesía pura. Y esto la gente los disfruta y lo pide. La pureza es poesía. Y la poesía es cultura. La cultura es un espacio infinito en el que caben todo tipo de aventuras. Y esto es Joana.

Ester: Tengo la sensación que, en el mundo en el que vivimos, nos falta ilusión por la vida. Joana es recuperar la ilusión por la infancia, la pureza inocente de la que hablaba Pablo. Cuando se produce la comunión entre espectador y obra, podemos hablar de catarsis. Ver esta obra es entender la necesidad de algo puro y hermoso que nos haga recuperar al niño que todos llevamos dentro.

¿Todos llevamos una Joana dentro?

Pablo: Yo la llevo. Y creo que el resto del equipo también. Es cierto que somos cuatro personas especialmente sensibles, pero estoy convencido que hasta la bestia más bestia puede ser apaciguada con la fuerza del pensamiento. Un pensamiento que es amor, amor panteísta y transparente, amor a todas las cosas.

Ester: Esto resume muy bien la experiencia de esta obra. Es una obra que hemos hecho con entrega, con amor. Le hemos dado amor a este proyecto y el proyecto nos lo ha devuelto de mil modos distintos.

Ésta es una obra imaginativa, arriesgada. Se ven pocas propuestas teatrales de este tipo, que busquen esta seriedad en la realización. ¿Creéis que el Teatro está en crisis? Nos hemos aburguesado? ¿Hace falta un revulsivo para buscar cotas más altas?

Ester: Creo que es necesario un cambio en el modelo de producción. Tenemos que abrir los ojos hacia otras cosas, hacia otras fronteras y no mirarnos tanto el ombligo.

Pablo: Durante las últimas décadas he visto cómo de destruía el teatro en este país con unos sistemas de producción absolutamente delirantes. Yo me he criado bajo la influencia escénica del teatro independiente que suponía una necesidad de abrir los ojos y absorber la cultura de fuera. Eso tampoco era real, era la necesidad fruto de una dictadura, de un aislamiento innegable. Necesitábamos volver a situarnos en el mapa. Vienen los ochenta, años de investigación teatral, de descubrimiento… Y luego llegan los noventa, cuando no s ponemos a producir en serio con unos modelos de producción que son de lo pero que le ha pasado a este país. El desastre empieza directamente después del año 92 y se formaliza con la expulsión de Flotats y la muerte de Montanyès. Se ha impuesto el modelo privado en el que prima el número de espectadores, las entradas y salidas contables, un star system absolutamente equivocado y ridículo que se basa en una mala televisión. Es un error, un modelo de márqueting antiartístico, revuelto por unas manos titánicas y crueles que todos conocemos. No tiene fácil solución. Hasta que no se entienda que la cultura no puede pasar por una política de cinco minutos, a cuatro años vista, hasta que no entendamos que la cultura es diversa e imprescindible en todas sus ramas (texto, musical, infantil…) nada de esto cambiará. Mientras tanto, el Teatro navega entra la imbecilidad y la estupidez.

Ester, has terminado la carrera este año. ¿Por qué una medico se interna en el mundo del teatro? ¡No será por el sueldo!

Ester: No, por el sueldo no. (risas) De Hecho, continuo ejerciendo como médico para sustentarme. Yo me muevo por ilusión. Lo mismo que ocurre con el sistema teatral ocurre con el sistema sanitario. Es un tópico creer que en el mundo de la medicina nos ganamos muy bien la vida. El sistema sanitario se mueve mucho por las cifras. Y, para mí, los pacientes no son números sino personas. Tenía dos opciones: o buscaba manera más altruistas de ejercer como médico, o buscaba otra cosa que me motivara, que me inyectara esa ilusión que necesito más que el aire. Entré en Eòlia, una escuela desde la cual, tengo que decirlo, se nos brinda un apoyo inmenso. Hay un ambiente muy familiar y siempre se han preocupado de darnos acceso a los mejores profesionales y todos los instrumentos y ánimos necesarios para progresar en un mundo tan complicado como éste. Conocí a Pablo Ley, este gran hombre al que siempre consideraré mi maestro…

Pablo: Me llama grande porque mido 1m93 (risas).

Ester: Y me enganché a este mundo de la dirección y la dramaturgia escénicas.

Pablo. Dime un sueño. ¿Qué te gustaría hacer ahora mismo? Un proyecto. Una carta a los reyes.

Pablo: Ahora mismo sería feliz con la posibilidad de tener un espacio dónde trabajar, dónde investigar, pudiendo contratar de verdad a los equipos, con gente de todas las procedencias, con gente que tenga ilusión para generar nuevas ideas. La posibilidad de investigar el Teatro, el teatro sin nada, desnudo, pero mediante un trabajo que haga al actor poderoso, un trabajo exhaustivo sobre la esencia del teatro. Nada experimental, nada raro. Sólo trabajo, pero un trabajo profundo y riguroso. Tenemos que hacer que el público se desarrolle a través de teatro contemporáneo acogedor, catártico. Si me dieran esto, un espacio, la posibilidad de trabajar continuamente con profesionales en esta línea de investigación… Eso sería la máxima felicidad.

Y a ti, Ester. ¿Qué te gustaría dirigir?

Ester: Habiendo descubierto esta manera de trabajar, creo que también iría en ese sentido. Estuve el año pasado en el Odin Teatret y Eugenio Barba y su equipo pueden pasarse dos y tres años trabajando en un espectáculo. Investigando. No es un proyecto en concreto, lo que me interesa, sino poder tener procesos creativos como éste, sin fecha límite, sólo… Descubrir.

¿Un consejo para las nuevas generaciones?

Pablo: Que se preocupen sinceramente de qué es lo que quieren y que luchen con todas sus fuerzas para conseguirlo. Sinceridad hacia uno mismo. No hay ningún camino malo, no hay mal teatro, sólo teatro mal hecho.

Ester: Yo creo en el trabajo. En la gente dispuesta a trabajar y aprender, con la mente abierta. Hay que trabajar mucho, hay que leer mucho. Uno debe cultivarse en todos los campos posible. Trabajo. Sobretodo, trabajo.

Apago la grabadora. Ambos miran el reloj. La función está a punto de empezar. Me dan las gracias. Una sonrisa. Un beso. Se marchan. Dos profesionales que acaban de estrenar una obra fantástica.

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