Estoy sentado en la terraza de un bar cualquiera de Barcelona delante de un café con leche. Comprueba la batería de la grabadora por enésima vez. El bloc de notas con las preguntas, el bolígrafo, el reloj del móvil… Un mensaje por whatsapp: “estoy llegando”. Es un hombre ocupado, lo sé. Dividido entre su trabajo como director teatral de renombre y de docente en diversos centros. Aún así, cuando le pedí la entrevista, accedió sin dudarlo. La única condición… el sitio. En una terraza para empezar a disfrutar de las cálidas temperaturas de la ciudad. Llega. Una sonrisa. Un abrazo sentido. Un sincero “me alegro de verte”. Vuelvo a comprobar la grabadora mientras le prometo no robarle más tiempo del necesario. A pesar de la amistad que nos une me siento inquieto. No todos los días se entrevista a un grande de la escena.

Acabas de estrenar “En veu baixa” en el Teatre Lliure. Supongo que una de las preguntas más lógicas para empezar sería… ¿Por qué esta obra? ¿Por qué ahora?

La reflexión que hace la obra, el tema que trata, el tema del terrorismo era algo que hacía tiempo que me interesaba. Años, de hecho. Buscaba textos que me permitieran adentrarme pero me costó mucho encontrar uno. Hasta que me encontré con este. Entendí que esta obra tocaba todos los temas que me interesaban. Una vez la trabajas a fondo, ves que no habla solo de terrorismo, sino que de aquí pasa a hacer una reflexión de la violencia, de la violencia pasa a tratar la democracia y que, finalmente, se convierte en un homenaje a la palabra, el pilar fundamental de la democracia.

Siendo una obra tan realista, tan concreta i está tan inmersa en el contexto del conflicto de Irlanda del Norte… ¿No corríamos el riesgo de asistir a un montaje demasiado contextualizado, demasiado alejado de nuestra realidad cotidiana?

Precisamente, para evitar esto, lo que hicimos fue sumergirnos dentro del conflicto irlandés hasta a entenderlo, entender los procesos, ir a la esencia y, así, poder huir de una construcción realista de las circunstancias, del hecho mismo y convertirlo, más bien, en una tragedia o en una abstracción épica del hecho, para entendernos. El espacio es concreto y no lo es, pero desde el primer momento lees donde estás, entiendes la localización y te puedes olvidar, lo asumes. A partir de aquí, mediante la luz, por ejemplo, nos adentramos dentro de la realidad emocional de los personajes, creamos una abstracción unificadora que nos conduce al discurso dialéctico, que nos deriva a la épica y al hecho trágico. Conceptos universales que pueden tocar al espectador sin necesidad de contextualizaciones históricas.

Ahora te pido la opinión personal. ¿Crees en el perdón delante de unas circunstancias como las de la obra? ¿Crees que es posible redimir un acto como el que se trata en este espectáculo?

Sí. Pero me explico. Lo hecho está hecho y no se puede cambiar. Pero sí que existe la superación del trauma. Entendemos el trauma como un acto que te sorprende y te produce un impacto físico, una vez registrado a nivel de la memoria física del cuerpo y que es imposible de superar. Aquello queda, como una molestia inconsciente. Te hace sentir diferente, vivir diferente… Dicen que “Lo no recordado, lo que no se olvida, el surco profundo de la gran herida”. El trauma es un incidente externo que te modifica tanto la vida que eres incapaz de introducirlo en tu narración, en tu identidad. El hecho de encontrarse, el hecho de dialogar, el paso del tiempo… Todo esto permite, no ya cambiar lo incambiable, sino, al menos, incorporar aquel hecho en la narración de tu identidad, aceptarlo y empezar, a lo mejor, a superarlo y a trabajar para ser feliz.

Ferran 2

¿Por qué haces teatro? ¿Qué significa el teatro para ti?

Esta una pregunta, la respuesta a la cual va cambiando a medida que vas cumpliendo años. A día de hoy puedo decirte que creo que hago teatro porque es lo que me gusta, hago teatro para poder conocerme y hago teatro para poder aprender. A veces algunos periodistas o críticos se ríen cuando me dicen “tu no haces una rueda de prensa. Tu haces una tesis sobre un tema o un montaje”. Pero es que es lo que me hace estar vivo. Me atraen ciertas temáticas, y, en función de la edad, te atraen temáticas más complejas, y estas me permiten conocerme a mí, son el motor para hundirme dentro de mí y darme las herramientas para hacer una tesis sobre un tema concreto. Evidentemente, intento que la tesis sea, en realidad, el montaje en sí.

Sabiendo que, obviamente, cada obra tiene su espacio y su tiempo… ¿Cuál es, para ti, la función del teatro?

El teatro tiene una función religiosa o mística. En el sentido que se trata de un encuentro que representa el último acto religioso laico. En el cine, a las cuatro, a las seis y a las ocho, Meryl Streep llora. En el teatro, la función de la tarde nunca será igual que la de la noche, aún siendo la misma obra y los mismos actores. Dependiendo del público varía la energía y varía todo. El teatro es un arte en vivo. La energía que se genera en la sala modifica los espectadores y los actores, todos forman parte. El teatro permite reflexionar y pensar. Y reflexionar es un acto lúdico, cuando aprendemos a ser felices. Por tanto, hay que entretener con el teatro pero buscando un propósito elevado. A veces riendo, a veces llorando… Como decía Cortázar “qué cansado es ser siempre uno mismo”. Con el teatro hacemos posible que el público sea otras personas, viva otras vidas y, esto, es un lujo.

Hay también un refrán que dice que somos lo que comemos, pero yo creo que también somos lo que leemos, lo que pensamos, lo que miramos… Ir al teatro o asistir a acontecimientos artísticos, otorga, por tanto, un enriquecimiento personal, una construcción de identidad.

Todo esto nos lo da el teatro.

Una carta a los reyes. Si te dieran la sala que tu quisieras, el presupuesto que necesitaras… ¿Qué obra te gustaría dirigir?

En estos momentos, me gustaría hacer algo de creación física. De piezas, evidentemente, hay muchas que teniendo dinero darían un gran resultado, pero es lo que me apetecería. Un trabajo que, supongo, no haré inmediatamente porque acabas sintiéndote cómodo con otros proyectos o te clasifican dentro del teatro de texto. Pero un trabajo así, una búsqueda de este tipo, supondría para mí una experiencia personal que tengo ganas de vivir.

Un consejo para las nuevas generaciones.

El dio Baudelaire en un poema cuando se inventó la modernidad. Emborrachaos. De vino, de amor o de poesía, no importa, pero emborrachaos.

Le doy las gracias. Me da un nuevo y sentido abrazo y se va corriendo hacía otro compromiso. Es un hombre ocupado. Pago mi café y su agua con gas. Compruebo la grabación varias veces, asegurándome que todo ha quedado registrado y pensando ya en como transcribir este agradable rato que me ha dedicado. A pesar de la amistad que nos une me siento inquieto. No todos los días se entrevista a un grande de la escena.

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