Victor Frankenstein
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Seguramente esto de empezar hablando sobre lo innecesario de versiones y remakes, más cuando es para hacer una nueva película que no llega ni de lejos a la altura de sus predecesoras, suene ya a disco rallado. Pero como alguos productores, directores y guionistas no se dan por aludidos, parace que tendremos que volver a ello. La última víctima es la novela de Mary Shelley sobre Victor Frankenstein y su criatura.

Paul McGuigan es quien dirige esta “Victor Frankenstein” que no solo se centra en el cientñifico obsesionado con crear vida si no también en su ayudante. Igor (Daniel Radcliffe) es un jorobado que malvive en un circo donde es maltratado y despreciado. La casualidad hará que Frankenstein (James McAvoy) se cruce en su camino y le libere. Tras curar su deformidad, los dos se convertirán en compañeros de laboratorio en un proyecto que pretende dotar de vida a una criatura hecha a partir de partes de cadáveres de animales. Este será el primer paso hacia un proyecto aún mayor de crear un ser humano, alentados por un joven adinerado (Freddie Fox) con oscuras intenciones. Las implicaciones morales del proyecto harán que surjan discrepancias entre Frankenstein e Igor, especialmente cuando este se enamora de Lorelei (Jessica Brown Findlay) y ambos son acosados por un policía (Daniel Mays) que ve en el experimento la obra del diablo.

Resumiendo, la parte que ya conocemos, la hemos visto en otras películas mucho mejores sobre el personaje. Y las que no conocíamos, y que aquí se introducen con ánimo de dar un nuevo aire a la historia, acaban siendo sobrantes, discordantes o directamente ridículas partes del refrito que es el resultado final.

Victor Frankenstein Jams MacAvoy

Para empezar está el pobre Igor, a quien se quiere dar un protagonismo que no ha tenido en demasiadas producciones (y de quien siempre nos quedaremos con la divertida versión encarnada por Marty Feldman en el film de Mel Brooks). Daniel Radcliffe no acaba de salirse de los tópicos, ni de su cara de perdido, ni conseguir que empatizemos con el personaje que debería ser el contrapunto racional. Pero el principal problema es que a su lado colocan a una versión hiperhistriónica de Frankenstein, que con su exagerada performance se come cualquier sutileza que pudiera tener el film. En su intención de reflejar la locura del doctor, James McAvoy se pasa de frenada y aborda la mayoría de escenas como si fuera colocado de una cuantas sustancias psicotrópicas. Sus gestos y declamaciones son tan exagerados que cuando intenta poner cara de apenado y contarnos las razones que le han llevado hasta allí, ya no convence al respetable.

Igual de deslucidas y poco convincentes son las tramas alrededor de los otros personajes secundarios. Una historia de amor sosa y forzada, un magnate que ya está planeando ejércitos de hombres no muertos antes de que resucite el primer simio, y un policía obsesionado con Dios que suelta sus diálogos con el poco convencimiento de quien lee la guía telefónica.

Con unos personajes y líneas argumentales fallidos, quizás lo más destacable del film es su ambientación victoriana y de aires góticos, junto con un ritmo que hace que no resulte aburrida. Pero al final tot acaba resultando un símil de lo que cuenta: una mezcla de pesos muertos, recosidos sin gracia e incapaces de formar un conjunto coherente y con alma.

Así que con casi ya una treintena de revisiones de la historia de Frankenstein, ¿no iría siendo hora de dejar descansar a la criatura en paz y pensar en cosas nuevas?

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