Batman V Superman: El Amanecer de la Justicia
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Si colocáramos la palabra “Superman” en un test de asociación de ideas, aquel en que el psicólogo va citando conceptos aleatorios y el paciente debe replicar con la primera palabra que le viene a la cabeza, cuánta gente creéis que respondería “miedo” (o “controversia”, o “destrucción”…) para referirse al Hombre de Acero? Probablemente sólo una persona: Zack Snyder.

Se ha reflexionado tanto sobre Superman que es tan difícil sintetizarlo como aportar ideas nuevas. El personaje ha evolucionado muchísimo, como es comprensible después de 78 años de historia y tantos puntos de vista, pero hay dos ideas fundamentales que conforman el corazón del personaje y que en mayor o menor medida se han mantenido constantes en el tiempo.

Por un lado tenemos el “Quién” es Superman, un alienígena que crece en la Tierra en el seno de una familia humilde, como hombre hasta que descubre y abraza sus raíces kryptonianas. Por la otra tenemos el “Qué” representa, tema que daría para llenar páginas y páginas sobre cómo Superman absorbe significados mitológicos, independientemente de su origen cultural, justamente por su condición de salvador de la humanidad. En todo caso, lo importante es el orden de los factores: Clark Kent/ Kal-El aprende a ser humano antes de levantar el vuelo y elevarse por encima de la humanidad.

El Superman que Zack Snyder define en “Man of Steel” (2013) es una criatura marginal, perdida y maltratada que probablemente hubiera tomado unas decisiones muy diferentes si el General Zod (Michael Shannon) hubiera llegado a la Tierra con una actitud más amigable. Dicho de otro modo, por primera vez nos encontramos un Superman falto del factor humano que lo hace terrenal, que ha acontecido mito antes sin haber sido hombre (con las vulnerabilidades que esto implica) y que, consecuentemente, se convierte en un símbolo oscuro que despierta temor en lugar de esperanza. ¿A alguien le suena? ¡Exacto! Podría utilizar estas mismas palabras para describir Batman.

¿Donde está, pues, el enfrentamiento? ¿Dónde han ido a parar las contradicciones? Si el mismo concepto de una lucha entre Batman y Superman tiene unas connotaciones épicas inigualables es justamente por la dicotomía que representan los dos personajes en todos los aspectos de su construcción, a pesar de defender el mismo y tener orígenes similares (ambos son huérfanos, solitarios y poderosos, cada uno por razones diferentes).

Batman v. Superman: El amanecer de la justicia

La de Batman vs Superman: El Amanecer de la Justica es una batalla perdida porque toda la fuerza del choque reside en la contraposición de conceptos asociados a los dos personajes, y en esta película quedan desdibujados por culpa de una mala aproximación a la dualidad que representan. No es un problema de Batman (Ben Affleck), puesto que la suya es sin duda la adaptación más interesante del personaje al cine –junto con la de Michael Keaton–; el problema es que Superman (Henry Cavill), el héroe principal del universo DC, se presenta en su versión más irreconocible.

El cine de Zack Snyder es todo artificio, visualmente exuberante y emocionalmente neutro, y en Batman vs Superman lo vuelve a corroborar porque parece más preocupado por diseñar planos –discutiblemente– grandilocuentes para el trailer que por construir una historia compacta, con unos personajes que ni siquiera se tiene que molestar en presentar porque ya son conocidos por todos, como lo demuestra el hecho de que, con pocos trazos, protagonistas como Wonder Woman (Gal Gadot), Lex Luthor (Jesse Eisenberg) o el mismo Batman quedan perfectamente definidos.

El defecto de base Batman vs Superman: El Amanecer de la Justicia es que es una obra hecha con ínfulas y conciencia de fenómeno, mirando muy allá (hacia La Liga de la Justicia y hacia los stand alones de Wonder Woman, Aquaman, Cyborg o Batman) sin tener en cuenta que lo primordial era hacer realidad un imaginario ya existente con una película de entretenimiento grande, no una de grandilocuente. Tal como enseñan los valores inherentes a Superman: primero hombre, después mito. Tal como lo demuestra un film con vocación de entretenimiento comercial como Mad Max: Fury Road: primero película, después fenómeno. ¿Por qué no hemos aprendido nada a estas alturas?

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