Cenizas (La pols)
8Nota Final

“El padre ha muerto. Esto es lo que ha escuchado Jacob cuando ha descolgado el teléfono. Dos minutos más tarde ha olvidado del todo esta noticia. Se ha olvidado tan completamente que ni tan solo lo ha comunicado a su hermana Ruth, con quien convive en un piso modesto situado en el núcleo de una pequeña pero ruidosa ciudad. Este es el principio del largo día y medio que pasó desde la muerte del padre hasta su entierro. Este tiempo fue vivido de diferente manera por las almas perdidas que aparecen en nuestra historia y que responden a los nombres de Ruth, Alba y Jacob.

Cada noche que me siento entre el público de un teatro, y creo que no soy la única, espero delante del escenario a que cuando empiece el espectáculo, este me transporte a otra realidad. Que me remueva y me deje pensando durante días, que no me abandone tan pronto me levanto de mi butaca. “Cenizas” (La pols) tiene la virtud de combinar con acierto un texto sólido, unas interpretaciones naturalistas extraordinarias y una dirección impecable.

En primer lugar hay que alertar al espectador de gustos más vanguardistas que se trata de un texto y una puesta en escena realistas en el sentido tradicional de la palabra. En todo momento vemos personajes; nunca a los actores, que se adentran en profundidad detrás la cuarta pared que no se rompe en ningún momento. Aunque el tiempo esté ficcionalizado (36 horas de historia en 90 minutos de tiempo real) la dirección consigue que las elipsis sean lo bastante orgánicas como para no cortar la continuidad energética de la pieza en conjunto. Entendemos que ha transcurrido el tiempo entre las escenas, pero no llegamos a salir nunca del momento presente.

La interpretación, mérito conjunto de los actores y el director, es una clase magistral de naturalismo en escena. El hecho que el texto esté escrito con un lenguaje hábil, directo y (aparentemente) coloquial, facilita también el remarcable resultado final. Guillem Motos (Jacob) demuestra un gran control de la energía durante todo el tiempo que está en escena, prácticamente la totalidad de la obra, creciendo en intensidad sin fallar en ningún momento. Laura López (Ruth) nos regala un monólogo final de una fuerza y una carga emocional que nos hace saltar las lágrimas y tensar los músculos a la vez que nos cambia el cerebro.

Si sabemos mirar más allá de los hechos concretos del argumento y mirar hacia arriba en el sentido conceptual, recibiremos una reflexión maravillosa sobre la incapacidad humana para expresar nuestras emociones. La traición y fragilidad de las palabras que nos fallan cuando se trata de formular aquello intangible. La falta de herramientas, como dice Ruth, para decir y entender lo que sentimos. las apariencias que nos impone nuestra educación social. Cualquiera que haya vivido la muerte de un ser querido se verá reflejado de una u otra manera en estas tres formas de sentir que son Ruth, Alba y Jacob.



Teatro: Teatro Fernán Gómez
Web teatro
Autor del texto: Llàtzer García
Dirección: Llàtzer García
Intérpretes: Marta Aran, Laura López y Guillem Motos


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